Tres horas marchando al lado de capuchos bogotanos

Tres horas marchando al lado de capuchos bogotanos

Por Daniela Amaya Rueda | Carlos Hernández Osorio | Marcela Becerra | Fabián Eraso 23 de Enero de 2020

La Silla Vacía estuvo el 21E en el centro de Bogotá, a donde se esperaba que llegara una de las principales movilizaciones de la primera jornada del paro nacional en el año. Sin embargo, en medio del enfrentamiento entre capuchos y Esmad se terminó fragmentando. Le hicimos seguimiento a cómo actuaron los capuchos. Acá está el minuto a minuto.

4:00 de la tarde - “Muchachos, acá no es. Vamos”, dice un capucho a los otros para que desarmen la trinchera que hicieron para bloquear el paso de la 26 a la carrera séptima, al lado del edificio Colpatria. Son unos 30 jóvenes. 

La Policía que esperan no llega.

Anarcos, que son grupos de personas antisistema (algunos estudiantes), encapuchados con distintivos que dicen ‘UD’ (Universidad Distrital) y otros grupos más de jóvenes, la mayoría con capucha, cogen la Séptima hacia el sur, para la Plaza de Bolívar. 

Caminan al lado, pero van por parches. No todos se conocen.

4:28 de la tarde - Paran cuando llegan a la Jiménez, se encuentran con 12 agentes de la Fuerza Especial de la Policía que rodean con escudos el edificio del Banco de la República.

Verlos basta para que varios arranquen a romper ladrillos y piedras grandes sobre el piso para guardar los pedazos. “¡Cerdos, cerdos!”, gritan.

Una mujer sin capucha grita: “A parar para avanzar”, que es la arenga que representa este paro, pero nadie responde: “viva el paro nacional”.

No hay carteles. 

Del tumulto de encapuchados vuela la primera piedra a la línea de policías que rodea el Banco de la República.

Otras más caen descoordinadas y descachadas a esa esquina de la Jiménez. Una punkera de pelo rosado tira una bola de pintura azul sobre uno de los escudos. Un habitante de calle lanza otra piedra.

“¡Noooo, chicos, no!”, grita un grupo de marchantes que también iba para la Plaza, algunos con cacerola en mano. Ahí comienza la aplicación del nuevo protocolo que presentó la alcaldesa Claudia López y cuyo primer punto es la sanción social a los violentos. 

“¡Sin violencia!”, siguen otros que con sus manos cubren a los policías.

La pedrea para unos segundos. Algunos capuchos quedan desorientados. Se miran entre sí. Uno de ellos se pone del lado de los que piden parar la violencia. 

4:42 de la tarde - Cuando la Policía llega por la Octava (una cuadra más abajo de la Séptima) y con el Esmad detrás, todo se recalienta. Y es que aunque el Esmad no ataca en ese momento, según el protocolo sólo debe aparecer como último recurso.

“Ahora sí empezó la fiesta”, celebran unos marchantes sin capucha. Uno de ellos se enrolla la bufanda en la cara.

Llegan los gestores de convivencia, que es el segundo punto del protocolo si la sanción social a los violentos no es efectiva, para proteger a unos vendedores ambulantes. Se paran entre el tumulto que apedrea y el Esmad. Los gestores gritan para protegerlos, pero a los capuchos no les importa. La pedrea sigue.

Cuando el Esmad retrocede, los gestores les piden a los capuchos que sigan su camino a la Plaza, pero se quedan. No parecen dispuestos a irse hasta que el Esmad no se vaya.

El Esmad no se va. Los capuchos arman barricada. “¡Cerdooos, cerdoos!”, arengan unos.

Cuando el humo crece, la calentura que había mermado con el Esmad unos pasos atrás, vuelve a subir a punta de piedra.

5:04 de la tarde - El Esmad entra con toda en medio del humo.

Sigue con gases, bombas aturdidoras y bolillo en mano en sentido sur de la Séptima, persiguiendo a los capuchos que corren hacia la Plaza.

La Fuerza Especial de la Policía que estaba en el Banco de la República arma una línea que divide la marcha y se pone frente a los capuchos que corrieron por la Séptima hacia el norte.

Allí ya no hay Esmad, así que el protocolo vuelve al punto anterior: uso de la fuerza policial disponible (que no es Esmad). En frente de ésta hay manifestantes con cacerola, muchas personas que se recogieron hacia el andén del Parque Santander (al lado del Banco de la República) y jóvenes con y sin capucha gritándoles “cerdos” a los Policías.

Unos arengan por un rato: “¿Por qué, por qué, por qué nos asesinan? Si somos la esperanza de América Latina”. “Soooooy, soy estudiante soooooy, yo quiero estudiaaaaar para cambiar la sociedad”.

Otros están dispuestos a medir cuánto duran los policías aguantando piedra.

Cuando parece que no hay más piedras, se la rebuscan.

E incluso sacan de la reserva.

Para ellos eso es clave para poderse mantener en la línea y no retroceder, pues cuando la Policía ve que la piedra se acaba, avanza. El nivel de preparación se nota en que algunos llevan martillo para romper adoquines y otros, su láser para encandelillar a los policías y evitar que vean y apunten.

Entre piedra, avanzada, piedra, avanzada, pasa el tiempo:

5:40 de la tarde - 35 minutos después de que el Esmad dispersó la marcha hacia el sur de la Séptima y la Fuerza Especial de la Policía recibió con escudo la pedreada desde la parte norte, la Policía avanza para darle entrada al Esmad en esa zona. Es decir: volvió a ser aplicado el último punto del protocolo.

Y ahí comienza el enfrentamiento de siempre, que ya sabe a rutina.

Suenan más bombas aturdidoras y corren los que antes apedreaban. Ahí se nota que en medio del agite aplican unas tácticas básicas para enfrentar y, al tiempo, protegerse de la Policía.  

“¡No corran, muchachos, no corran. Resistamos!”, dicen unos. “¡No den la espalda, nunca den la espalda!”, piden otros. 

Pero cuando sueltan los primeros gases lacrimógenos, nadie para y los que no tienen capucha se ponen tapabocas.

El vinagre, que usan para neutralizar el efecto de los gases lacrimógenos, siempre está presente y quien lo tiene está dispuesto a darle un poco a quien se lo pida, incluso a periodistas.

Hasta la calle 19 con Séptima llegan corriendo los gaseados. Pasan esa avenida y los carros los separan del Esmad. Siguen lanzando piedra.

Después de la 19, los que quedan se dispersan.

6:34 de la tarde - En la entrada de la Plaza de Bolívar sigue el tropel con Esmad y tanqueta. Allí están los manifestantes que habían quedado del lado sur después de que la marcha quedó dividida.

Una vez los dispersan, los capuchos se reúnen a tomar decisiones. Por ejemplo, unos siete que acaban de ser gaseados y que parecen más niños que jóvenes, van por la Octava y paran en la Jiménez para decidir si seguir o no hasta la Plaza. 

“Oiga, ñero, no; no vayamos a la Plaza, allá están los 'no violencia' y no aguanta llevarles el Esmad”, dice uno que se quitó la máscara. “Pero si ya están allá, allá es donde nos necesitan”.

Mientras tanto otros dos, de unos 17 años, en medio de risas, se retan sobre quién es capaz de subirse a la tanqueta del Esmad. Se van hacia la Plaza y el tropel sigue a un costado del Palacio de Justicia. Eran las 7:17 de la noche. 

En La Silla queremos entender a fondo el mundo de los capuchos. Si conoce [email protected] o usted es [email protected] y quiere hablarnos, escríbanos a [email protected] o [email protected] 

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