Las grietas del pacto entre disidencias de Tumaco

Las grietas del pacto entre disidencias de Tumaco

Seis meses después del inicio del pacto entre el Frente Oliver Sinisterra (FOS) y las Guerrillas Unidas del Pacífico (GUP) -que revelamos a inicios de año-, que produjo una baja histórica de homicidios en Tumaco a costa de una vía libre para exportar coca, hay señales de que esta paz armada tiene grietas en varias zonas rurales del litoral, mientras que en lo urbano se mantiene.

 

Por ejemplo, a inicios de este mes, la fuerza de Tarea Hércules reportó combates entre GUP y FOS en Mosquera, al norte de Nariño, que según la oficina de las Naciones Unidas para asuntos humanitarios (Ocha), causó el desplazamiento de 250 personas que llegaron a Tumaco.

Además, de acuerdo con una fuente humanitaria y un líder social de la zona, habría ocurrido otro enfrentamiento después en La Tola, que habría dejado tres muertos.

Si bien a corte de marzo, según la estadística de delitos de la Policía, los homicidios en todo Tumaco se mantienen bajos con 43 asesinatos (a diferencia del año pasado cuando el primer trimestre cerró con 67 muertes), 37 de ellos ocurrieron en zona rural, donde la guerra arde, como también contamos en terreno.

Por lo que, para cuatro de las 14 fuentes consultadas para esta historia (entre líderes sociales, organismos humanitarios y políticos en el puerto), eso mostraría que el pacto se ha mantenido en la zona urbana donde van apenas 6 homicidios, pero en la rural la tensa calma se resquebraja.

Ese pacto era débil en principio porque dependía en gran medida de que se mantuviera la exportación de coca y que los líderes de FOS y GUP, alias El Gringo y Borojó, respectivamente, mantuvieran sus contactos internacionales, algo que no habría ocurrido; además de que los disidentes (unos 700 en total) a su mando no se cambiaran de bando.

Y eso precisamente es lo que estaría sucediendo en varias partes del Tumaco rural y en otras zonas al norte del litoral Pacífico, según nos confirmaron una fuente humanitaria, dos líderes sociales y una fuente de inteligencia.

Allí, alias Contador, el narco con el que FOS disputa la ruta y que tanto la Fiscalía y las Fuerzas Armadas califican como el capo más grande del Pacífico, está ofreciendo plata a los disidentes para unirse a sus filas y fortalecer su guerra.

Esta reconfiguración de la guerra narco es una nueva papa caliente para el Gobierno en Tumaco, donde la ‘mano dura’ de Iván Duque muestra resultados militares como las bajas de Guacho y David, pero en general la dinámica no cambió; más ahora que hay fantasmas de descertificación por parte de Estados Unidos.  

Además de ser una prueba más de que, como hemos contado en varias historias en La Silla Pacífico, repetido por analistas en nuestra Red y lo dijo el más reciente informe de Human Rights Watch sobre el puerto del Pacífico: el Estado llegó tarde, solo con presencia militar y las disidencias que dejó Guacho no son los únicos actores ilegales a los que hay que ponerles la lupa.

Por plata cambian de mando y en Llorente sienten las consecuencias

Determinar quiénes hacen parte del FOS, las GUP o el grupo de Contador (que el Ejército bautizó como Los Contadores) en terreno es difícil para las fuentes, sobre todo porque muchos de los integrantes de estos grupos son jóvenes de las mismas zonas donde asesinan y desplazan civiles.

”Algunos que eran de las Guerrillas ahora trabajan con Contador. Hay de todo”

Líder en Llorente

No obstante, de acuerdo con dos fuentes sociales en terreno de juntas de acción comunal, el cambio de bando se daría, principalmente, entre miembros de las Guerrillas Unidas del Pacífico que alias Don Y fundó y que se volvió un negocio familiar, ya que luego de que las Farc lo mataran, asumió el liderazgo su hermano David y después de su abatimiento, las cogió alias Borojó.

“Algunos que eran de las Guerrillas ahora trabajan con Contador, gente que trabajaban con las GUP. Eso es en toda la zona de la carretera. Hay de todo”, nos dijo un líder de Llorente, enclave narco de la zona rural.

De acuerdo con la otra fuente comunal, Contador y Mario Lata (su secuaz, otro narco nato), apuntan a las GUP porque el primero tiene historial con ese grupo.

”La unión era rumor antes de la tregua”

Fuente humanitaria

“Están trabajando juntos desde hace unos meses”, nos confirmó esa fuente. Una más, de un organismo humanitario, nos contó que esta unión “era un rumor incluso desde antes de la tregua, casi que desde hace un año se habló de eso en algunas zonas”.

Como contamos, Contador financió en un momento a las GUP hace dos años en su nacimiento. Se habría separado del grupo porque “‘El Calvo’ estaba dando mucha boleta en Candelillas y a él (Contador) no le convenía”, nos dijo la fuente comunal.

(‘El Calvo’ es otro ripio de las Farc que comenzó a trabajar con Mario Lata en Candelillas, hasta que Guacho lo sacó del terreno).

Las razones de los cambios de mando corresponderían a varias razones, todas asociadas a la supervivencia del negocio de la guerra.

Una es que de acuerdo con información militar, un reciente operativo en Llorente contra Contador mostró que el narco estaría pagando sueldos de entre 1 millón y 2 millones de pesos a los rasos y comandantes de zonas que se le unan.

”Gente del Oliver también se ha cambiado”

Fuente militar

“Hay gente del Oliver que se ha pasado a donde Los Contadores”, nos dijo la fuente militar, sin precisar un número exacto.

La otra es que, como nos dijo esa fuente y otra humanitaria, tras la caída de Guacho y David, los liderazgos de alias El Gringo y Borojó no serían tan fuertes, en parte porque llevan menos tiempo y la gente que reclutan “no son guerrilleros puros” como sus anteriores jefes.

Y producto de ésto último “la gente se separa y empieza a trabajar individualmente”, como nos dijo una fuente humanitaria.

Sea cual sea la razón, ya hay lugares donde los controles son claros: en Alto Mira, por ejemplo, solo hay FOS, como hemos contado y nos corroboró para la historia una fuente humanitaria. “En otras como por el río Rosario y Bajo Mira hay gente de Contador y GUP trabajando”.

Más allá de cuál es el balance de fuerzas ahora, las consecuencias son más que visibles: ejemplo de eso está en los siete desplazamientos que ha habido hasta abril en Nariño y la cifra de homicidios en Llorente.

En este corregimiento a solo 20 minutos de Tumaco por carretera, Contador tendría su centro de operaciones luego de quitárselo al FOS en tiempos de Guacho. Ese grupo está buscando recuperar la zona a sangre y fuego.

Prueba de ello fue la orden del FOS a líderes y comunales en Llorente y La Guayacana, a 20 minutos de allí, hace una semana para que se fueran de sus pueblos.

Todos, según una de las personas amenazadas que nos pidió reserva de su nombre, eran amigos de Argemiro López, quien fue asesinado en su casa a mediados de marzo por ser líder de la sustitución de cultivos ilícitos en Tumaco.

“Nos dieron 24 horas para salir. Algunos ya fueron reubicados y otros estamos esperando que nos ayude la Defensoría”, nos dijo la fuente.

De las 37 muertes violentas reportadas por la Policía en la zona rural de Tumaco, 16 de ellas (el 43 por ciento) ocurrieron en Llorente, y en las fuerzas armadas atribuyen a que en parte hay venganzas y negaciones de cambiar de brazalete de por medio.

“Se están amenazando mutuamente: hay gente de Los Contadores que amenaza a los del Oliver o trabajan con ellos o los matan y viceversa”, nos dijo la fuente militar.

“No podría decir que todas las muertes son de un grupo en específico, pero sí son homicidios por rencillas entre esos grupos”, nos dijo una fuente de la Iglesia que va a la zona.

Pero mientras en lo rural la guerra sigue al rojo vivo, en lo urbano la presencia del FOS aumentó y hasta ya imponen sus reglas en plena precampaña electoral.

En lo urbano hay paz a medias

En la zona urbana del puerto las cifras de homicidios no superan, a corte del primer trimestre, los seis casos y el primero ocurrió a inicios de febrero, lo que probaría que el pacto entre FOS y GUP se mantiene “para sacar la droga de los esteros”, nos dijo una fuente en terreno.

En la lógica de poder del FOS, eso los ayudó a fortalecerse en lo urbano donde tenían poca presencia y ahora están mano a mano con las GUP.

”Ya nos dijeron que toca pedir permiso para entrar”

Precandidato alcaldía

Y eso se nota en plena precampaña a la Alcaldía donde hay al menos 10 precandidatos. Con seis aspirantes con los que hablamos, cuatro nos contaron que han tenido problemas para entrar a ciertas zonas rurales y urbanas y tienen que pedir permiso.

“A una líder mía la amenazaron y declararon objetivo militar”, nos dijo un aspirante; “por una avenida unos tipos que podrían ser ‘campaneros’ me dijeron que no les fuera a hablar de política. En La Guayacana había gente rara y mi escolta se sintió desprotegido”, nos dijo otro; “en El Roble no me dijeron que no podía entrar, pero que sí tenía que pedir un permiso”, nos contó uno más; una cuarta fuente del Partido Farc nos dijo que en el Etcr tenían que salir acompañados ante amenazas.

Los otros dos precandidatos nos dijeron que no han tenido inconvenientes, en parte porque son vistos como líderes sociales.

Este panorama es un capítulo más de la guerra narco que hay en Tumaco y que, por ahora como viene ocurriendo desde hace décadas, no tiene una salida definida.

    Periodista prueba

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