Moralización ciudadana

Moralizar la ciudadanía en medio de la debilidad estatal es una opción que tenemos los colombianos para cambiar la tendencia violenta y corrupta que carcome a la sociedad. Pero, moralizar no es politizar, ni ideologizar lo cotidiano.

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Moralizar, significa volver a mirar, reconocer en el otro la posibilidad de encuentro, de respeto y de trabajo conjunto. Es también una interiorización personal que busca preguntarse por la verdad genuina, la que esta en el interior del sujeto-ciudadano. En este sentido, revisar la artificialidad de una ciudadanía construida sobre la base la mentira política, del ser aventajado y sobresalir por encima de los demás, permite a los ciudadanos críticos una postura ética consigo mismo que puede ser extensiva a la sociedad en su conjunto.

La sociedad actual esta acechada e invadida por mentiras de toda índole, las más perjudiciales son las de orden político y religioso porque generan una gran desconfianza ciudadana, desordenan los comportamientos sociales y debilitan la institucionalidad del Estado. Hace poco nos sorprendió el señalamiento por “presunta” corrupción del señor fiscal Néstor Humberto Martínez, quien a la fecha en su defensa solo deja un manto gigantesco de dudas que nos recuerdan los escándalos de la comunidad del anillo, el carrusel de la contratación, los falsos positivos  de los militares, el robo de la ex contralora Sandra Morelli, el cartel de los togados, la violación y muerte de la niña Yuliana Samboní a manos del monstruo Rafael Uribe Noguera o los casos de pedofilia en miembros de la iglesia católica.  En todos estos actos corruptos y dañinos para la sociedad, prima el engaño, la maldad, la sed de poder y la avaricia, comportamientos patológicos de una sociedad que en su frenesí, abandona el bien común, las relaciones de equidad social y el respeto por el otro.

Todas estas son característica de una sociedad psiquiátrica que refleja los efectos postraumáticos de la guerra, del narcotráfico y de una clara descomposición social.  Por ello, la inseguridad  generada en la ciudad es solo una muestra de todo lo que vivimos a diario, fleteo, extorción, asesinatos y riñas callejeras.

Para revertir esta tendencia, cada uno tiene que hacer las cosas bien. El maestro preparar sus clases, el sacerdote pensar un sermón reflexivo-formativo, el policía acompañar al ciudadano, el médico formular y operar con responsabilidad, el empresario generar oportunidades y el alcalde dirigir con transparencia y elocuencia para articular las políticas públicas con los agentes territoriales. De manera tal, que cobre sentido el diario vivir de los caleños y se llenen de esperanza todas las personas que habitan la ciudad.

Como profesor hago un llamado a monseñor Darío de Jesús Monsalve y a las distintas comunidades religiosas a iniciar una campaña de moralización ciudadana, que le devuelva la confianza a la gente. En este sentido, propongo cotidianizar el bien común como eje de actuación.

A nuestro alcalde Maurice Armitage, retomar la estrategia de tener en una mano la zanahoria en términos de hacer campañas pedagógicas y ciudadanas potentes y en la otra mano acciones firmes y contundentes contra la delincuencia que puede emprender con la militarización de ciertas comunas, restringir porte de armas y hacer operativos policiales sorpresivos.

Ahora que se aproxima la temporada navideña es posible focalizar un programa motivacional para devolverle la alegría a una ciudadanía caleña que en general es buena. Pero que, ha sido golpeada por la cultura de las bandas criminales, los  gestos de la insolidaridad estatal y un normalizado lenguaje de los bandidos.

Moralizar la ciudadanía, no es llenarla de temores, sino encontrarle el sentido esperanzador a la vida, tener un buen vivir. En esto, los medios de comunicación, las organizaciones sociales, las fuerzas vivas de la ciudad podemos y debemos emprender un cambio en el chip de la gente, hay que iniciar en las escuelas, en los parques, en los barrios y en las próximas localidades formas distintas de hacer de Cali una ciudad vibrante, emotiva y armoniosa.

      Periodista prueba

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