Maduro, el ‘Eje’, y otro fin de la historia

"Distopía es lo opuesto a utopía, pues describe un mundo imaginario considerado indeseable". Un enquistamiento del régimen de Maduro sería una verdadera distopía, que no contemplaba el Fin de la historia, la reconocida "novela" de Fukuyama.  

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La mayoría de los colombianos estamos hoy en día más pendientes de las noticias de Venezuela, que de nuestros propios acontecimientos cotidianos. Y no es para menos, pues  del curso de los hechos políticos y militares del vecino país dependen muchas cosas en Colombia. En efecto, los temas económicos, empezando por el empleo y terminando con sensibles variaciones de expectativas del crecimiento nacional del PIB, dependen de ello.

Pero también están involucrados, en dicha definición de resultados, escenarios variables de políticas relacionadas con Derechos Humanos: seguridad, educación y salud pública en Colombia. Y, dicho sea de paso ante semejante incertidumbre social,  la apuesta ganadora parece ir por la caída de la tiranía. Pero nadie puede descartar del todo un contumaz afianzamiento de la “democracia” venezolana, según es definida por países como: China, Rusia, Turquía e Irán.

Si en este fatal escenario Maduro se enquistara aún más en el poder, sería gracias a la eficaz injerencia de las potencias mencionadas y de Cuba. Ellos han sido los verdaderos ‘injerencistas’ en contra de la evidente voluntad de la mayoría del pueblo venezolano. Cuando digo evidente, me refiero en todo caso a sus vecinos suramericanos. Pero dicho escenario tendría efectos hemisféricos. De llegar a ocurrir el artificial enquistamiento del chavismo, nadie podría volver a creer en la efectividad democrática de la OEA. Tampoco nadie confiaría en el disuasorio potencial militar de los EE.UU. Esto explica la actual polarización continental, entre países alineados a uno u otro eje mundial; cabe reconocer que la opción verdadera de “no alineados”, es ya un episodio cuasi olvidado de la historia.   

En realidad, de asistir a la estabilización de Maduro,  habría que concluir, como muchos académicos, que ‘El fin de la historia’ debería reescribirse.   El libro de Francis Fukuyama, recordemos, plantea que la Historia, como lucha de ideologías, habría terminado al concluir la Guerra Fría. Y el triunfo de la  democracia liberal, que planteó dicho autor, sería una falacia más, tras la resurrección de la distopía chavista. Y es que dicha distopía bolivariana ya tiene dividido al Mundo en dos posiciones aparentemente irreconciliables: chavismo ‘recargado’ o democracia liberal. Esta disputa a muerte entre dos sistemas políticos marcaría una reedición de la llamada Guerra Fría, esta vez con los países suramericanos como protagonistas.  

Sin embargo, para nadie es un secreto que el eje de esos cinco países que apoyan a Maduro representa regímenes dictatoriales que interactúan con democracias liberales. Lo cierto es que dichas seudo-democracias, que albergan más de mil setecientos millones de personas, necesitan los mercados de las democracias liberales. ¿La calidad de vida de estos ciudadanos del ‘Eje’ se arriesgaría por defender un régimen ideológicamente compatible con los suyos, pero corrompido por intereses mafiosos?

Uno diría que no, pues sería suicida que dicho ‘Eje’ se exponga a debilitar hasta la muerte la “gallinita de los huevos de oro”.  Pero si lo hacen, sería muy esclarecedor que alguno de los intelectuales del Mundo reescriban el final de La Segunda y Definitiva Guerra Fría del Siglo XXI. Tal vez en el Siglo XXII sobreviva alguna sociedad que se nutra con los hechos y datos históricos de este postrer episodio de extinción de la Humanidad. Humanidad, ésta, demasiado agobiada ya por otros problemas para sobrevivir a la aniquilación de las democracias liberales.  

 

Declaración Universal de Derechos Humanos Adoptada y proclamada por la Asamblea General en su resolución 217 A (III), de 10 de diciembre de 1948. En el Artículo 28 de esta declaración se afirma: “Toda persona tiene derecho a que se establezca un orden social e internacional en el que los derechos y libertades proclamados en esta Declaración se hagan plenamente efectivos”.

Recordemos al Mariscal Tito, que lideró la Primera Cumbre de países no alineados, en Belgrado en 1961.

      Periodista prueba

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