El modelo fallido de Iván Duque

La propuesta del candidato Iván Duque de seguir reduciéndole los impuestos a las grandes empresas representa un modelo fallido en todo el mundo que ha generado niveles alarmantes de desigualdad, ha afectado el desarrollo económico y ha deteriorado la cohesión social

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La política de reducir los impuestos a las personas con mayores ingresos para generar crecimiento económico ha fracasado en todo el mundo. La evidencia empírica así lo demuestra. Es tan solo una narrativa sin fundamento riguroso que sigue siendo promovida por unos grupos de interés privilegiados a los que ha beneficiado.

En el caso de Colombia, un sector político que apoya ahora la candidatura de Iván Duque sigue proponiendo la misma política que, al igual que en el resto de países, ha generado un alto nivel de desigualdad, que para algunos investigadores del FMI es el reto definitivo de nuestra época. Según este sector político, los impuestos de las personas jurídicas y naturales más pudientes son muy altos en Colombia, y por eso Duque propone en su programa de gobierno una “reducción de impuestos para que la tasa impositiva del sector privado quede entre 27 o 28%, a niveles de la OCDE”.

En este artículo se explicará la narrativa detrás de este tipo de políticas, demostrando por qué representa un modelo fallido que aumenta considerablemente la desigualdad, mientras reduce el crecimiento y debilita el consenso social. Se presentará, asimismo, la evidencia de que las cargas tributarias son en realidad mucho más bajas.

 

La teoría del goteo

Desde finales de los años 70 y a partir de los gobiernos de Ronald Reagan en Estados Unidos y Margaret Thatcher en Reino Unido, empezó a tener auge la política de bajar los impuestos a los más pudientes de la sociedad con el fin de reducir sus costos y así incentivarlos a invertir y producir más, generando más empleo y aumentando sus ganancias.

Efectivamente, la tasa promedio de impuesto a la renta para los más ricos en los países avanzados miembros de la OCDE cayó de 62% en 1981 a 35% en 2015 (Gaspar y García, 2017). Desde entonces la clase media de Estados Unidos ha declinado. Según Eric Beinhocker, director del Institute for New Economic Thinking de la Universidad de Oxford, después de crecer casi continuamente desde la Segunda Guerra Mundial, el ingreso medio de los estadounidenses se estancó a finales de los 80 y después a principios del nuevo siglo se redujo en 11%. Hoy sus ingresos en términos reales no son mayores a lo que fueron en 1987 (Beinhocker, 2017)

No obstante, la teoría pronostica que en el largo plazo las ganancias irán llenando la “copa” de los grandes empresarios y al derramarse “caerán” (habrá un efecto goteo) sobre todo el resto, beneficiando a toda la economía.  A esta concepción se le conoce como “economía o teoría del goteo” o “efecto derrame” (trickle-down economics).

La teoría del goteo supone que la reducción en los ingresos tributarios será compensada en el largo plazo por los futuros pagos de impuestos sobre las nuevas inversiones e ingresos de la población. En otras palabras, la teoría plantea que cuando se le da una tajada de torta más grande a los que más tienen, las tajadas de los otros pueden llegar a ser más pequeñas en el corto plazo, pero disfrutarán de tajadas más grandes en términos absolutos en el largo plazo, porque la torta será más grande (Chang, 2010).

 

Mayor desigualdad y menor crecimiento

Joseph Stiglitz, premio nobel de economía, afirma que es equivocada la idea de que bajando los impuestos a los grandes dueños del capital crece el pastel de tal forma que la tajada para cada uno será mayor, aunque represente una menor proporción (Stiglitz, 2012). Ni la torta ha aumentado, ni las porciones de la mayoría de la población han crecido. Paul Krugman, también premio nobel de economía, sostiene que la doctrina del goteo ha sido probada una y otra vez, y siempre ha fracasado (Krugman, 2017). Krugman señala que sistemáticamente la evidencia internacional sobre desigualdad, redistribución y crecimiento muestra que, por el contrario, mayores niveles de desigualdad están asociados con menor crecimiento, no menor.

En efecto, según Ha-Joon Chang, economista de la Universidad de Cambridge, desde que comenzó a imponerse la teoría del goteo en los 80 ha habido una redistribución de ingresos hacia los más ricos, mientras que el crecimiento se ha reducido. Las políticas pro-ricos han fracasado en acelerar el crecimiento en las últimas tres décadas. La economía global solía crecer en términos per cápita en más del 3% durante los 60 y los 70, mientras que desde los 80 ha estado creciendo a la tasa de 1,4% por año (1980-2009). Lo anterior se debe a que, contrario a lo que esperaban sus promotores, la inversión como porcentaje del ingreso nacional ha caído en la mayor parte de países (Chang, 2010).

Grigori (2017) recolpila estudios del FMI que muestran que a un nivel de desigualdad alto – mayor a un Gini de 27% –  la desigualdad empieza a perjudicar el desarrollo económico. Si el ingreso se encuentra altamente concentrado, un incremento de la desigualdad puede conducir a una menor demanda por parte de la población en general y a menor inversión en educación y salud, afectando el crecimiento en el largo plazo. También puede conllevar comportamientos de captura de rentas, es decir, que los más ricos se apropien cada vez más de una mayor tajada del pastel para ellos mismos.

En ese mismo sentido, Ostry et. al. (2016) señala que un elevado nivel desigualdad reduce el crecimiento al impedirle a los hogares de bajos ingresos permanecer saludables y acumular capital físico y humano, y por tanto la productividad laboral puede ser más baja, al igual que el nivel de movilidad intergeneracional.

Algunos investigadores del FMI han mostrado que si se incrementa la participación del 20% más alto de la distribución de ingresos (los ricos), entonces el crecimiento del PIB realmente se reduce en el mediano plazo, sugiriendo que los beneficios no se derraman; en cambio un incremento en la participación de ingresos del 20% más bajo (los pobres) está asociado con un mayor crecimiento del PIB (Dabla-Norris et. al., 2015). Para ellos, el aumento en la concentración del ingreso en lo alto de la distribución en muchas economías avanzadas ha coincidido con una disminución en las tasas marginales de tributación (de 59% en 1980 a 30% en 2009).

 

Otros efectos negativos de la desigualdad

Pero la desigualdad no ha afectado solamente el crecimiento. Los investigadores del FMI presentan algunos estudios que han demostrado que un periodo prolongado de alta desigualdad en las economías avanzadas estuvo asociado con la crisis financiera global al aumentar el sobreendeudamiento y relajar los estándares de emisión de hipotecas, y permitir a los cabilderos presionar por una mayor desregulación financiera (Dabla-Norris et. al., 2015). En la misma línea, Chang (2010) señala que la desregulación en otras áreas también ha permitido a las grandes empresas obtener mayores ganancias, sobre todo porque son más capaces de explotar sus poderes de monopolio, contaminar más libremente el medio ambiente y despedir más fácilmente a los trabajadores.

Dabla-Norris et al (2015) también coincide en que la desigualdad puede conducir a una indebida concentración de poder político en las manos de unos pocos y a un uso subóptimo de los recursos humanos, producir inestabilidad económica y política que reduce la inversión, y elevar el riesgo de una crisis. Niveles altos y sostenidos de desigualdad, especialmente de desigualdad de oportunidades,  pueden implicar grandes costos sociales. La desigualdad arraigada de resultados también puede socavar las elecciones ocupacionales y educativas de los individuos y el consenso social requerido para realizar ajustes ante choques económicos (Dabla-Norris et. al., 2015; Ostry et al., 2014).

Todo esto impacta negativamente la clase media que es en realidad el motor de desarrollo de un país. Por eso Madland (2015) enfatiza en que el declive de la clase media ha deteriorado la economía al restringir el capital humano, disminuir la demanda de los consumidores, exacerbar los problemas de gobierno y deteriorar la confianza. Del mismo modo, Stiglitz (2012) arguye que la desigualdad de resultados no genera los incentivos adecuados si se debe a rentas, lo cual conduce a corrupción, nepotismo y a que los ciudadadanos puedan perder la confianza en la instituciones, erosionando la cohesión social y la confianza en el futuro.

 

Por qué en Colombia los impustos pagados no son altos

En el caso de Colombia,  la Comisión de Expertos para la Equidad y la Competitividad Tributaria constató que efectivamente el sistema tributario no es progresivo “en la medida en que aquellos que tienen mayor capacidad de pagar impuestos no aportan relativamente más al fisco que aquellos con menores posibilidades. En parte, ello obedece a que históricamente  los impuestos que podrían dotar al régimen tributario de mayor progresividad, como es el caso del impuesto de renta y a la propiedad de las personas, han recaudado poco en Colombia” (Bonilla et. al., 2015). También Alvaredo y Londoño (2013) confirman que las tasas con que se gravan los ingresos y las ganancias de capital son significativamente bajas en Colombia, lo cual limita la capacidad de recaudo y reduce su impacto redistributivo.

En el caso de las empresas, estas tienen varios impuestos y algunos de ellos con tasas nominales o estatutarias elevadas. No obstante, las tasas efectivas (lo que realmente pagan) son mucho más bajas debido a múltiples beneficios tributarios, la evasión y la elusión. En efecto, la Comisión también encontró que la carga tributaria es “elevada para las empresas que no tienen privilegios específicos como aquellos de los cuales gozan las empresas beneficiarias de zonas francas, exenciones o rentas líquidas especiales importantes, o contratos de estabilidad jurídica” (Bonilla et. al., 2015). De acuerdo a Alvaredo y Londoño (2013), un gran número de alivios tributarios ha erosionado la base tributaria y beneficiado a los de mayores ingresos desproporcionadamente a través de i) los ingresos no constitutivos de renta, ii) costos y deducciones y iii) la renta exenta.

En ese mismo sentido, investigadores del Banco de la República en un estudio reciente calcularon que las tasas efectivas son relativamente bajas, en comparación a aquellas reportadas para los países de la OECD. Para el periodo comprendido entre 1994 y  2015 las tasas efectivas netas para el consumo, el trabajo y el capital son 10,7%, 18,6% y 15,4% respectivamente, mientras que para el 2016 las mismas tasas se ubican en 11,2%,20,8% y 21,4%. La tasa efectiva del resto de tributos es del 2,8% (Rincón y Delgado, 2018).

Villabona y Quimbay (2017), por su parte, analizan los agregados de declaraciones de renta durante el periodo 2000-2015 y encuentran que el impuesto neto de renta real pagado por las personas jurídicas no es tan alto como se cree y las tasas efectivas presentan diferencias significativas para los diferentes sectores de la economía dada la diferencia en beneficios tributarios (Esta inequidad horizontal también fue señalada por la Comisión de Expertos).

La tasa efectiva de tributación promedio que obtuvieron fue de apenas 17,3% durante este periodo. Los autores señalan que sectores que no son tan relevantes para la generación de empleo, como el financiero y el minero, fueron los que presentaron los mayores montos de beneficios tributarios. En general, las tasas efectivas de tributación obtenidas muestran que el impuesto neto de renta real pagado por las empresas no es tan alto como ha sido afirmado por representantes de algunos grupos económicos.

Con respecto a los descuentos tributarios, el sector minería tuvo $1,7 billones y el sector energía tuvo $1,2 billones. En cuanto a los ingresos no constitutivos de renta, los más favorecidos son el sector financiero con $79.2 billones y el sector minería con $15,4 billones. Con relación a las rentas exentas, los más favorecidos fueron el sector financiero con $20,6 billones y el sector bancario con $10,9  billones. Los autores también encuentran que con respecto a la deducción del IVA por inversión en activos fijos, los más favorecidos fueron el sector minería con $18 billones y el sector comercio con $11,2 billones; asimismo, resaltan que el sector agricultura fue el que tuvo los beneficios tributarios más bajos. Al sumar todos los beneficios tributarios se obtiene un valor nominal de $349,6 billones para el periodo de estudio que, al ser visto como un impuesto de renta que efectivamente dejó de percibir la Nación, representaría $122,8 billones (Villabona y Quimbay, 2017)

 

Conclusión

Como dice Erick Beinhocker, la teoría del goteo proporciona una historia de portada para una economía rentista. Viste el comportamiento antimercado con la retórica del libre mercado. (Beinhocker, 2015). Afecta el funcionamiento de los mercados y del capitalismo al favorecer comportamientos rentistas y al limitar la libre competencia favoreciendo a grandes empresas particulares. En donde se ha aplicado, contrario a lo que predecía la teoría, el ahorro y la inversión han caido, el crecimiento se ha desacelerado, y los déficit fiscales y la desigualdad se han disparado. Es una narrativa del fundamentalismo de mercado que está debilitando la clase media en Colombia y otros países.

Los estudios del FMI, entidad que ha madurado y replanteado su enfoque ante la claridad de la evidencia, sugiere una tributación más progresiva en la que se deben reducir las exenciones y los beneficios tributarios indiscriminados (tales como la menor tributación sobre las ganancias de capital), reforzar los impuestos a la riqueza y la propiedad, remover las oportunidades de evadir y eludir impuestos, y direccionar mejor los beneficios sociales. Lo anterior mejorará la equidad y permitirá una reducción de los impuestos sobre el ingreso laboral que mejora el crecimiento (Dabla-Norris et al., 2015).

La Comisión de Expertos también indicó que “la exencion de los dividendos del impuesto de renta es uno de los factores que incide en la baja participación de los impuestos a personas naturales vis-a-vis las personas jurídicas y se constituye en una de las razones para la poca progresividad del impuesto de renta en Colombia” (Bonilla et. al., 2015).

Krugman argumenta que los incentivos no son lo único que importa para el crecimiento económico, sino que también las oportunidades y la desigualdad extrema impide que muchas personas tengan la oportunidad de alcanzar su potencial, lo cual no es solamente injusto sino también costoso. Para Krugman, la desigualdad extrema significa un desperdicio de recursos humanos y, en ese sentido, programas gubernamentales que reduzcan la desigualdad pueden hacer a todo un país mas rico al reducir ese desperdicio (Krugman, 2014). Todo lo anterior, adquiere un imperativo mayor en el contexto colombiano de injusticias y desigualdades históricas alimentadas y profundizadas en medio de la violencia.

Como dice Madland (2015), la economía es un sistema interrelacionado de personas, leyes, y cultura que ha sido desestabilizado por niveles extremos de desigualdad y una clase media debilitada. Para que la economía trabaje apropiadamente, es necesario reconstruir la clase media y hacer que cada uno tenga la oportunidad de expandir sus capacidades. Una clase media fuerte es fundamental para mantener un nivel adecuado de demanda. Aunque algunas políticas pueden tener efectos contradictorios sobre el crecimiento y la distribución, la evidencia empírica muestra que es posible lograr crecimiento sostenible e incluyente con la mezcla apropiada de políticas, es decir, que equidad y eficiencia pueden ir de la mano (Gaspar y García, 2017).

En fin, la propuesta de Iván Duque de seguir reduciendo los impuestos a las personas con mayores ingresos (el famoso 1% de la población) para impulsar supuestamente el desarrollo económico, implica seguir profundizando un modelo que ha fracasado en Colombia y en el mundo.

 

Referencias

Alvaredo, F. y J. Londoño, 2013, High income and personal taxation in a developing economy: Colombia 1993-2010, working paper N. 12, Tulane University.

Beinhocker, E., 2015, Trickle down economics is not true capitalism. Disponible en:

Chang, H. , 2010, 23 Things They Don't Tell You About Capitalism, Penguin Books Ltd.

Bonilla, R., R. Córdoba, A. Lewin, O. Morales, S. Montoya, G. Perry, J. Piza, M. Urrutia, y L. Villar, 2015, Comisión de Expertos para la Equidad y la Competitividad Tributaria, Informe Final Presentado al Ministerio de Hacienda y Crédito Público.

Dabla-Norris, E., K. Kochhar, N. Suphaphiphat, F. Ricka y E. Tsounta, 2015, Causes and consequences of income inequality: A global perspective, IMF Staff Discussion Paper, June.

Gaspar, V. y M. García, 2017, Inequality: Fiscal policy can make the difference. Disponible en

Grigoli, F., 2017, A new twist in the link between inequality and economic development. Disponible en:

Madland, D., 2015, Hollowed Out: Why the Economy Doesn’t Work without a Strong Middle Class.

Krugman, P., 2014, Inequality is a drag, The New York Times. Disponible en:

                         , 2017, Zombies of voodoo economics, The New York Times. Disponible en:

Rincón, H. y M. Delgado, 2018, ¿Cuánto tributan efectivamente el consumo, el trabajo y el capital en Colombia?, Borradores de Economía, Banco de la República.

Stiglitz, J., 2012, The Price of Inequality: How Today´s Divided Society Endangers Our Future. Ney York: W. W. Norton.

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