Medellín: crimen organizado con menos capacidad de letalidad

Si se quiere recuperar la gobernabilidad y seguridad legítima en los territorios, es necesario profundizar la estrategia del actual gobierno de Medellín y continuarla en los subsiguientes.

La violencia y la delincuencia en Medellín, en Antioquia y el noroccidente colombiano han sido ejecutadas, en su gran mayoría, por estructuras criminales organizadas de vieja data que actúan hoy en otras ciudades del país, como lo expuso el alcalde Federico Gutiérrez en el Foro Seguridad Ciudadana en Colombia en la Cámara de Comercio de Bogotá, hace más de un mes.

Según el Alcalde, el 43 por ciento de los Grupos Delincuenciales Organizados -GDO- reconocidos en el país, operan en esa ciudad y también lo hacen en otras ciudades del país. La Terraza, Los Triana, Pachelly, La Sierra, Picacho, Caicedo, La Unión, entre otros, también operan en Bogotá, Cali, Pereira, Cartagena, Barranquilla, Valledupar, Magdalena Medio, Oriente de Antioquia.

Ese es un crimen organizado que hoy reconoce el Gobierno Nacional en un informe que presentó al Congreso la semana pasada.

Pero, ¿por qué estas organizaciones criminales extendieron sus acciones hacia otras ciudades y regiones del país?

En parte, responde a la expansión de los negocios ilegales en esas ciudades y regiones, en especial los ligados al narcotráfico y, por otro lado, a las acciones que la administración de Medellín, la Policía y la Fiscalía vienen adelantando desde hace tres años en contra de todas las estructuras criminales que operan en la ciudad y que hacen que algunos de sus líderes y miembros huyan para no ser detenidos o dados de baja.

Estructuras criminales organizadas que, por acción de las autoridades de seguridad y justicia, particularmente en Medellín, han visto diezmado su accionar violento y letalidad, como se puede constatar en los repuntes históricos de la violencia homicida que se registran desde finales de los años 70 en esa ciudad.
 

Repuntes de la violencia homicida

Algunas de las organizaciones criminales que actúan en Medellín han permanecido por más de treinta años, a pesar de los golpes contundentes de la Policía. Se han mantenido porque algunos de sus liderazgos son familiares, lo que les permite una reposición rápida de sus dirigentes, cuando son capturados o dados de baja.

Esto hace que la violencia y la delincuencia, particularmente de Medellín, no sea comparable con lo que sucede en las otras ciudades importantes del país, salvo Cali y el Norte del Valle, donde también el narcotráfico generó dinámicas criminales similares por la presencia y accionar desde estas dos ciudades, de los carteles de la droga de Medellín y Cali en los años 80 y parte de los 90.

Carteles que, a pesar de su desarticulación en los 90, mutaron hacia pequeños grupos que, además de dedicarse al narcotráfico, mantuvieron y diversificaron sus acciones hacia otras actividades económicas ilegales como la minería ilegal, la extorsión, la trata de personas, el comercio de armas, el contrabando y negocios cuasi legales como la prostitución, las máquinas tragamonedas, pagadiarios, vigilancia Ilegal y control de la comercialización de algunos productos legales.

El comportamiento de la violencia homicida en la ciudad de Medellín en los últimos cincuenta años muestra cuál ha sido la dinámica de los grupos delincuenciales y hace evidente el accionar de las autoridades de seguridad y justicia, en particular de la Policía Metropolitana y de las administraciones de Medellín, con logros importantes como la reducción de los homicidios que pone hoy a la ciudad con el nivel de violencia que tenía antes de 1980, cuando comenzó el auge del narcotráfico, como se puede ver en la siguiente gráfica, que presenta el reporte hasta el 30 de noviembre de 2018.

Como se puede ver en la gráfica, son varios los momentos y circunstancias que hicieron que se incrementara la violencia homicida en Medellín, los cuales expondré a $continuación y que muestran, como hoy, se está ante la más baja letalidad de estas organizaciones.
 

Del contrabando al narcotráfico

Este periodo arranca desde finales de los 70 cuando algunos delincuentes que se dedicaban al contrabando, entre ellos Pablo Escobar, que trabajaba para contrabandistas reconocidos, se vincularon con el negocio de la cocaína:

“Mire, le dijo Escobar a Germán Castro Caycedo, nosotros no conocíamos la cocaína. Es que hasta comienzos de los 70, aquí el supernegocio era el contrabando de whisky y cigarrillos, que entraba por Urabá. Hasta entonces, ¡nada de coca!... Creo que el primero que se pasó a la coca fue don Alfredo. Luego dimos el salto, don Alberto, Ramoncachaco, lo di yo, lo dieron todos los que trabajábamos en la seguridad de los capos".

Así apareció una nueva generación de delincuentes que incursionó en el manejo de la pasta de coca y posteriormente en cocaína. Los más notables representantes de este nuevo estilo de vida fueron los llamados “mágicos” o mafiosos de nueva generación.

Con el ingreso de estos nuevos actores delincuenciales a finales de los setenta, se comenzó a configurar los cimientos de lo que sería el futuro Cartel de Medellín que se consolidó durante los años 80, en cabeza de Pablo Escobar, quien además de delinquir corrompió importantes sectores de la sociedad antioqueña y colombiana hasta su muerte en 1993, por acción del Bloque de Búsqueda de la Policía Nacional.  

Durante esta época, el homicidio creció de manera desorbitada en Medellín, pasó de 519 casos en 1979 a 6.809 en 1991, de una tasa 44 homicidios por cada 100 mil habitantes a 381. Es decir, la tasa de homicidios creció en 337 casos por cada 100 mil habitantes en once años.   

A este crecimiento del homicidio en la ciudad, además del accionar consolidación violenta del “Cartel de Medellín” también contribuyeron con su accionar las milicias del ELN, los distintos grupos de delincuentes que operaban varios barrios y comunas, como La Terraza, La Cañada, La Banda de Frank, los Triana, entre otros y los Campamentos de Paz, que el M-19 creó durante el fallido Proceso de Paz del gobierno de Belisario Betancur, campamentos donde muchos jóvenes y niños recibieron entrenamiento militar, quienes luego se integraron a las dinámicas violentas de la ciudad.
 

Ingresan los paramilitares

A mediados de los 90, tras los diálogos de paz con el Gobierno Nacional y desmovilización de las Milicias Populares del Pueblo y para el Pueblo, las Independientes del Valle de Aburrá y las Metropolitanas, lo que quedó de las milicias guerrilleras en la ciudad, se fue desdibujando y pronto perdieron validez entre la comunidad porque algunas estructuras empezaron a incurrir en actividades propias de los combos, tales como asesinatos indiscriminados y extorsiones.

Esto trajo como consecuencia del progresivo ingreso de los paramilitares a la ciudad y la disputa violenta de los territorios que tenían las milicias y bandas delincuenciales. A comienzos de 2000 los paramilitares conformaron en Medellín el Bloque Metro. En el año 2002, se crea el grupo paramilitar Bloque Cacique Nutibara de “Don Berna”, que además combatió al Bloque Metro que ya no seguía las orientaciones de los paramilitares de Urabá.

Con la llegada violenta de los paramilitares y la paramilitarización de algunos narcotraficantes, como “Don Berna” la tasa de homicidios creció, pasó de 155 en 1998 a 184 en 2002, año en el que se ejecutó la Operación Orión en la Comuna 13. En este periodo, el homicidio creció en 29 casos por cada 100 mil habitantes en 4 años.  

Se acaba la hegemonía de “Don Berna” y se multiplican los liderazgos

Con la extradición de Diego Fernando Murillo, alias “Don Berna”, a Estados Unidos en 1998, la famosa “Oficina de Envigado”, que creó y lideró por largos años con Guillermo Ceballos, alias “El Gringo” y que logró vincular y controlar a la gran mayoría de organizaciones criminales de la ciudad, comenzó su proceso de desarticulación que todavía no termina, pero que redujo de manera sustancial los tiempos en la dirección de esta organización criminal, llegando hoy a no tener un líder reconocido, como lo veremos más adelante.

Este hecho produjo una serie de asesinatos y un fuerte incremento de la violencia por el control de las rentas criminales que manejaba la “Oficina de Envigado”.

En términos de dirección, primero fue el empresario de fútbol Gustavo Upegui, que pretendió dirigirla y fue asesinado por alias “Danielito”, quien asumió como jefe poco tiempo antes de ser asesinado. Siguieron “Rogelio” y “Yiyo” que negociaron con Estados Unidos. “Douglas” detenido en 2009 y siguieron “Valenciano” y “Sebastián”, que se enfrascaron en una guerra por el control de la oficina. Los dos fueron capturados en 2011, el primero en Venezuela y el segundo en Medellín. Les siguieron “Carlos Pesebre” capturado en 2013, “Barny” en 2015.

Producto del enfrentamiento inicial, el homicidio pasó de 771 casos en 2007 a 2.186 en 2009, la tasa creció de 34 homicidios por cada 100 mil habitantes a 94, es decir, en esos dos años la tasa de homicidios se incrementó en 60 casos por cada 100 mil habitantes.  

 

Sin liderazgo claro y con baja letalidad

Sin un liderazgo claro, hoy se habla de una dirección colegiada de “La Oficina”, sin poder determinar quienes la componen o dirigen. Nadie quiere aparecer como jefe o líder de esta organización porque hoy casi no duran por la acción de las autoridades, después de las capturas de “Tom”, ‘Mateo’, “Diego Chamizo”, “Pichi” y “Duncan”, quien fue capturado en Perú.

Hasta 2015 la estrategia de las autoridades de seguridad y justicia nacionales y locales en contra de estas organizaciones criminales, se centró en la persecución y detención de las cabezas. Desde 2016, el alcalde Federico Gutiérrez, la Policía, la Fiscalía y la IV Brigada, fortalecieron la estrategia de persecución de todas organizaciones criminales y no solo atacaron a los jefes, sino toda la estructura, las cabezas, los mandos medios y todo aquel apareciera como posible líder de las organizaciones.

Hasta el mes de octubre de 2018 iban más de 2.700 capturas, de los cuales 120 eran cabecillas y más de 250 hacían las veces de coordinadores de los distintos grupos delincuenciales que operan en la ciudad y fuera de ella.

Esta estrategia ha logrado que los liderazgos de los distintos grupos tengan corta duración -menos de tres meses- baja incidencia criminal y letal, y que, por primera vez, públicamente ningún criminal se presente como líder o miembro de la “Oficina” que controla el crimen de la ciudad; punto de quiebre, donde la estrategia de golpear todas las organizaciones criminales y sus estructuras completas, debe sostenerse.

Durante este periodo de casi tres años, la tasa de homicidios por cada 100 mil habitantes pasó de 20 en 2015 a 24 en 2018, si se mantiene la tendencia a la baja que presenta el mes de diciembre, como lo muestra el informe diario del Sistema de Información para la Seguridad y La Convivencia de la Alcaldía de Medellín del pasado 17 de diciembre.  Es decir, en estos tres años la tasa de homicidios se incrementó en 3 casos por cada 100 mil habitantes.
 

Conclusiones y recomendaciones

Si se tienen en cuenta los periodos en los cuales se ha presentado aumento de los homicidios en Medellín, es innegable que hoy se registra el incremento más bajo.

  • Entre 1980 y 1991, especialmente por el auge y crecimiento del narcotráfico, la tasa de homicidios creció en 337 casos por cada 100 mil habitantes.

  • Con la llegada y accionar de los paramilitares, entre 1998 y 2002, el homicidio creció en 29 casos por cada 100 mil habitantes.

  • Con la extradición de “Don Berna” y la lucha por el control de la “Oficina”, la tasa de homicidios se incrementó en 60 casos por cada 100 mil habitantes, en los años 2008 y 2009.

  • Con la estrategia del actual gobierno de Medellín, de golpear a los líderes y las estructuras de todas las organizaciones criminales, la tasa de homicidios se incrementó en tres  casos por cada 100 mil habitantes, entre 2016 y 2018.

Este último resultado, por un lado, desvirtúa la creencia que todavía tienen algunos ciudadanos en Medellín y en el país, respecto a que, si se combate a las organizaciones criminales, estas reaccionarían con mayor violencia, hasta a hacer retroceder las acciones del Estado.  

Por otro lado, estos resultados reafirman la creencia de que se está llegando al punto de quiebre de la violencia histórica, ejercida por organizaciones criminales en Medellín, que desde luego se está muy lejos de llegar a cero, pero que seguramente, podría estar en 2019 por debajo del promedio más bajo de homicidios diario en los últimas cuatro décadas y que se registró en 2015 y fue de 1,4.

Esto si se continúa con la tendencia a la reducción que se registra desde el mes de julio de 2018, como se puede ver en el informe diarios de  homicidios del Sisc.

Lo más importante de la actual estrategia, es la desestructuración de todas las organizaciones criminales que desde el “Cartel Medellín”, han querido imponer sus condiciones a los ciudadanos y al Estado y la presencia, control y accionar de las autoridades legítimamente constituidas en los territorios.

Esto se está logrando y hay que fortalecerlo con las propuestas que le hizo el alcalde Federico Gutiérrez al presidente Iván Duque.

  • Formalización del trabajo técnico y operativo en contra de las organizaciones criminales entre la Policía Metropolitana y la Fiscalía, que ha tenido muy buenos resultados.

  • Aumento de los investigadores judiciales de la Policía Metropolitana.

  • Fortalecimiento de la investigación criminal en contra de las rentas criminales, con la participación de la Unidad de Información y Análisis Financiero -UIAF- del Ministerio de Hacienda.  

  • Fortalecimiento técnico y operativo de la Policía Metropolitana.

Todo esto complementado con las acciones de prevención de la violencia juvenil, reinserción social de los jóvenes vinculados a las organizaciones criminales, inversión social, justicia cercana a los ciudadanos y formación de capital social, que en la actualidad adelanta la Alcaldía y la Secretaría de Seguridad y Convivencia en los territorios.

Si se quiere recuperar la gobernabilidad y seguridad legítima en los territorios, es necesario profundizar la estrategia del actual gobierno de Medellín y continuarla en los subsiguientes. Ojalá se comprenda que este esfuerzo busca el punto de no retorno a épocas de alta violencia, donde los delincuentes imponían sus condiciones.  

      Periodista prueba

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