¿Solo nos une la Selección?

Vivimos en un país dividido, polarizado, desunido y fracturado. Las posturas ideológicas de los sectores políticos parecieran estar más en función imponerse que de servir al ciudadano.

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Vivimos en un país dividido, polarizado, desunido y fracturado. Las posturas ideológicas de los sectores políticos parecieran estar más en función imponerse que de servir al ciudadano.

Las noticias negativas acaparan la mirada todos los días. Las amenazas, los asesinatos de los líderes; la guerra no para.

Vivimos en un país desigual (el cuarto a nivel mundial, según informe de la revista Dinero), donde las adversidades de la vida, por diferentes circunstancias, parecieran inherentes a la gran mayoría de colombianos.

En medio de tantas cosas indeseables, hay algo que nos ha unido, nos ha hecho soñar, vibrar de emoción y nos ha renovado la esperanza. Nos ha propiciado tener un mismo sentir, un mismo amor, una misma lucha.

Es la Selección Colombia. Por ella se nos aceleró el corazón con su participación en el mundial de Rusia, haciéndonos experimentar sentimientos contrapuestos: tristeza, pero una profunda alegría, en un país donde esta última pareciera esquiva para muchos.

Por sexta ocasión el equipo nacional participó en un certamen mundialista, generando expectativa e ilusión de llegar a la final. No fue así; en octavos de final fue eliminada por su similar de Inglaterra en un partido dramático y épico.

Cada vez que la Selección tuvo un partido, millones de colombianos, en los diferentes rincones del país y del mundo, portaban las camisetas y suspendían sus actividades para apoyar al equipo. Eran días diferentes, donde niños, viejos, jóvenes, mujeres, hombres, empleados, desempleados, negros, indígenas, mestizos, buscaban estar al frente del televisor para apreciar el intenso juego. Ríos de amarillo, azul y rojo por las calles, banderas enarbolando desde las casas, música, los amigos compartiendo, las familias entorno a este encuentro que se imponía en el rating y nos hacía olvidar de tantas penurias. Era una fiesta que amalgamaba a un país que pregona la diferencia por encima de la unidad.

Ese país de la furia mundialista es el que deberíamos construir; el que no debemos dejar ir. Que estos momentos de patriotismo perduren, para que así mismo aunemos fuerzas para edificar una mejor sociedad.

¡Qué bonito sería que todos nos uniéramos para combatir la corrupción; que nos uniéramos por los más necesitados; que sintiéramos todos el dolor de tantas familias que carecen de pan, vivienda, vestido! ¡Qué maravilloso sería que, en vez de ponernos a ver y defender posturas ideológicas, religiosas, sexuales, étnicas, políticas, nos esforzáramos por formar con rectitud nuestra conciencia y lucháramos por el bienestar de todos! ¡Qué magnífico que los partidos políticos, o mejor, nuestros líderes políticos dejaran la tiranía, el orgullo y trabajaran juntos por un mejor país!

Colombia necesita hombres y mujeres que les duela la injusticia, la pobreza de millones de colombianos, la violencia, la intolerancia. Se necesitan personas capaces de reconocer las bondades del otro, antes que pisotearlo por sus errores. Personas dispuestas a ponerse la camiseta por un país mejor.

Colombia no quiere un país del uribismo, ni del petrismo, ni del santismo. Colombia clama un país de todos y para todos. No queremos un país de los que votaron por el SÍ o por el NO, ni de los que apoyan la consulta anticorrupción o los que discrepan de ella. Necesitamos un país con igualdad.

¿Qué tal un país donde, así como cantamos los goles, cantemos las bondades de tanta gente que trabaja por una mejor sociedad, cantemos el esfuerzo de tantas mujeres y hombres que luchan por darle lo mejor a sus hijos?

¿Qué tal si con la misma emoción e ímpetu nos preocupáramos por el bien común, por cuidar el entorno y por hacer una política justa?

La participación de Colombia en el mundial hizo que, al menos por esos días, todos tuviéramos un mismo sentir, nos uniéramos tanto por una misma realidad, cosa bastante difícil en este país donde se ponderan más las divisiones que el bien común y donde el individualismo impide el desarrollo integral

Es positivo que la familia colombiana se una en realidades que nos conciernen y que las alegrías por los goles de Yerry Mina nos hayan puesto a gritar a una voz, a celebrar en medio de tantas vicisitudes, así mismo, que la tristeza tras la eliminación la hayamos sentido todos.

Se espera que el presidente Iván Duque pueda unir al país y lo pueda orientar por el camino de la paz y la esperanza.

Que, así como experimentamos ese afecto por la Selección, vivamos apasionados por la construcción de un mejor país.

      Periodista prueba

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