A preservar el vestido de la tierra

Todos los días se ven lágrimas en los ojos de los habitantes de la comunidad de los Inga en Aponte en el Departamento de Nariño. Toda la ciudadanía está invitada a ser Wuasikama, no los dejemos solos.

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Una mañana de marzo de 2015, el señor Segundo Miguel Chindoy, un indígena Inga de la comunidad de Aponte en Nariño, observó cómo su casa tenía varias “rayitas” en la pared como si alguien las hubiese pintando con lapicero.

No le prestó atención. Pensó que quizá su nieto había hecho eso y con esa seguridad salió rumbo a su chagra (finca), a dos horas de camino.

Nadie quedaba en su casa durante su ausencia. Cinco días después, cuando regresó, ¡oh sorpresa! Su casa, sin una explicación posible, se estaba derrumbando. Las “rayitas” eran ahora unas profundas grietas que cruzaban todas las paredes y el piso.

Así comenzó todo

Los vecinos amigos de don Segundo, lamentaban la pérdida y pensaban que era un derrumbe resultado del paso de un riachuelo que se encontraba más abajo de la finca y que la humedad estaba generando ese desastre.

Tres meses después todos los vecinos corrían la misma suerte.

Esta historia se repite hasta el día de hoy a causa de una falla geológica que afecta a unas 485 familias quienes han visto caer sus casas en cámara lenta, la escuela, los polideportivos, la iglesia, la casa de gobierno, el acueducto y alcantarillado, todo se fue al piso, como si la tierra los quisiera tragar.

Todos los días se ven lágrimas en los ojos de los habitantes de esta comunidad de los Inga en Aponte, municipio de El Tablón de Gómez en el Departamento de Nariño. Unas 120 familias están ahora reubicadas en albergues construidos por la Unidad de Gestión del Riesgo, mientras que las otras más de 300 se han desplazado hacia zonas rurales del mismo territorio.

Carpas y techos de plástico cubren a varias familias como cuando se ven cordones de miseria o mendicidad en varias ciudades de Colombia, incluso se ve el riesgo que se puede generar una epidemia como resultado de las aguas servidas que corren por la tierra a campo abierto, dado que todo el alcantarillado ha colapsado o por el fuerte invierno que en estos meses azotando a la región.

En 2017, la Unidad de Gestión Nacional del Riesgo contrató la realización de estudios para la reubicación de las distintas familias afectadas. Dichos estudios debían ser entregados a las autoridades indígenas a finales del mismo año y a más tardar en los primeros 3 meses de 2018.

Esta es la hora en que nada ha ocurrido y por más de que está de por medio el resultado de una tutela en favor de la comunidad y el cruce de cartas entre las instituciones, el gobierno en general ha mostrado su rostro de indolencia con una población vulnerable.

 

¿Quiénes son estos indígenas Inga?

Son una comunidad mundialmente reconocida como “Wuasikamas”, que significa Guardianes de la Tierra.

En 2003 emprendieron un proceso de liberación del narcotráfico y de la guerra que les había secuestrado en su propia casa, devastado sus tierras, haciéndolos cómplices del sufrimiento humano y todos los otros seres con quienes convivían.

Entonces acudieron a sus saberes ancestrales y dieron paso a un proceso de fortalecimiento social, económico, cultural, ambiental y espiritual sin precedentes en su historia reciente, lo cual les llevó a ser merecedores de varios reconocimientos como modelo exitoso de paz.

En diciembre de 2015 fueron galardonados con el Premio Ecuatorial, una distinción que otorga el PNUD/ONU a pueblos indígenas y comunidades locales que colectivamente luchan por la defensa y protección de la naturaleza.

Wuasikamas Inga Aponte perviven produciendo uno de los mejores cafés de Colombia y el mundo, cultivan granadilla, aguacate, piscicultura, artesanías y dan pasos para incursionar en el turismo comunitario; con este emprendimiento abandonaron totalmente la siembra de unas 2 mil 500 hectáreas de cultivos de uso ilícito de amapola y coca y protegen estrictamente un área 22 mil 283 hectáreas, de las cuales 17 mil 500 hectáreas son un santuario de flora y fauna sagrados con 3 páramos y 28 lagunas que influyen en los nacimientos de los ríos Putumayo, Caquetá y Patía.

Para esta comunidad, los árboles son el vestido de la Tierra y merecen ser protegidos como un derecho que ella tiene y son indispensables para la vida humana y los seres no humanos visibles e invisibles.

Dado el olvido institucional al que han sido sometidos, han decidido explorar otras rutas para levantarse de nuevo desde su dignidad e identidad, lo harán a través del arte, la cultura, la música y la comercialización directa de sus productos.

Para ello idearon el proceso de solidaridad denominado “TODOS SOMOS WUASIKAMAS-GUARDIANES DE LA TIERRA”, iniciativa con la que están invitando a todos los artistas nacionales y extranjeros a que les acompañen en esta noble causa con la cual buscan recaudar fondos para reconstruir su pueblo y llamar al Estado para que garantice los derechos que les corresponde como pueblo ancestral.

El primer artista que se ha vinculado es el cantautor colomboargentino Piero, con quien se hará 2 conciertos, uno en la ciudad de Pasto en el Teatro Bethlemitas el día 5 de diciembre y otro en Bogotá Teatro Fabio Lozano de la Universidad Jorge Tadeo el 8 de diciembre de 2018.

Toda la ciudadanía está invitada a ser Wuasikama de Inga Aponte, no les dejemos solos, no demostremos la solidaridad cuando estén muertos, apoyémosle ahora que están vivos, en vida hermanos, ¡en vida!

Adquiera los bonos de apoyo en Café Wuasikamas carrera 4 No. 12B-27, Centro Histórico La Candelaria, Bogotá D.C. En la librería Shirakaba Pasto-Nariño y online en www.wuasikamas.org . Por la adquisición de cada bono, ingresando al concierto recibirá un cuarto de libra del exquisito café Wuasikamas.

      Periodista prueba

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