Fragmentación política, control y democracia. Fortalecer la ciudanía para construir gobernabilidad.

¿Contribuye la fragmentación electoral a la política, la ciudadanía y la democracia? Tesis de las ciencias sociales y las naturales dirían que sí. Las prácticas de los partidos y de los políticos en la actual contienda electoral parecen decir que no.

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Luis Fernando Barón, Juan Camilo Muñoz*

Entradilla: Entre más se aproximan las elecciones parlamentarias y presidenciales en Colombia, más se reflexiona y mucho más se especula sobre los efectos de la creciente multiplicación de partidos políticos y de otra variedad de organizaciones y personajes que los están reemplazando e incluso desplazando, y de los efectos que esa fragmentación pueda tener en la democracia y en el fortalecimiento de las instituciones. Además, la inclusión de las FARC en la contienda electoral ha subido el tono y los decibeles de estos debates. Análisis académicos y el mismo sentido común han tendido a indicar una relación directa entre fragmentación política y efectos perversos en lo sociopolítico. Sin embargo, tesis de disciplinas de las ciencias naturales podrían hacer pensar en lo contrario.

La fragmentación, a groso modo, ha sido vista como una barrera para el logro de ciertos objetivos. En el caso de la política, por ejemplo, la dispersión electoral ha sido comúnmente correlacionada con prácticas espurias de la ciudadanía y la democracia. Sin embargo, la fragmentación desde disciplinas de las ciencias naturales puede ser considerada como una forma de avance, pues esta  puede ser vista como antagónica al control, y desde esta perspectiva estos dos conceptos resultan inversamente proporcionales.

Así las cosas no sería extraño afirmar que entre más fragmentación se encuentre en un agente o en una unidad de estudio, menor es el control que se puede ejercer sobre cada una de sus partes. En otras palabras, la cantidad de opciones y de factores contrasta con la capacidad de control que un agente o incluso un investigador puede tener sobre un agente o unidad. Aquí se cumpliría que, entre menos fragmentación, menos cantidad de opciones, y mayor probabilidad para un control eficaz sobre cada una de las partes, formando un sistema más homogéneo. Extrapolando al mundo social y político la heterogeneidad contribuiría a la libertad.

La anterior tesis se puede observar en el campo de la salud con el caso de enfermedades como el VIH, el Ébola o el cáncer, que han sido tratadas con grandes dificultades a lo largo de los años. El Ébola, por ejemplo, muta para lograr infectar de manera más eficiente a los seres humanos. El número de variables de este virus, como sus mutaciones, aumenta con el tiempo, impidiendo que los investigadores logren soluciones efectivas para su tratamiento. Enfermedades como el Alzheimer o el cáncer son prueba de que la gran cantidad de variables que se presentan en su desarrollo obstaculizan el trabajo de investigadores para lograr soluciones concretas. Es decir, los cambios en estos virus y enfermedades disminuyen el control que se puede lograr sobre cada una de ellas.

Hace más de una década, F. Gutiérrez (2003) mostraba en un documento de la London School for Economics, la tendencia de analistas de la política colombiana a señalar la fragmentación como un fenómeno no deseable para el país, pues se presumía que existía una correlación histórica asociada a este suceso que atentaba contra la democracia y la gobernabilidad. De manera particular, el autor criticaba las tesis de la ingeniería institucional que afirmaban una relación directa entre la fragmentación política y el fortalecimiento del clientelismo, entendido, como intercambio de votos y otras formas de apoyo político por decisiones públicas o beneficios divisibles. Así, no solo se afirmaba que a mayor dispersión electoral mejor resultado obtenían los clientelistas, sino que los partidos tradicionales habían alentado las microempresas electorales.

Utilizando un estudio de caso en la Cámara de Representantes del Partido Liberal, así como con datos cuantitativos sobre votaciones en Colombia, Gutiérrez  muestra que estas hipótesis, no corresponden con lo que revelan los datos. Además, sostiene que estas tesis no solo trabajan con unidades de análisis erróneas, sino que este tipo de explicaciones desconoce la agencia de actores y movimientos sociales, que han motivado avances institucionales y de ciudadanía como los conquistados con la Constitución de 1991. Adicionalmente, estas desconocen que la política es una actividad de alto riesgo en Colombia, “no solo por los costos de la derrota sino por las probabilidades de ser amenazado, secuestrado o asesinado.”

Sin embargo, líderes de opinión y analistas de la política y del desarrollo del Estado-nación colombiano, han mantenido este tipo de hipótesis. Varios de ellos siguen señalando las relaciones de la fragmentación con la incomunicación entre los centros y las periferias del país, y con la falta de control de los centros y el descontrol en las periferias; así como las desconexiones entre Estado central y las regiones y las relaciones que estas tendrían con la generación de redes ilegales y criminales de poder, y sus efectos en la ineficacia institucional, la corrupción y las violencias. Sin embargo, autores como González (2014) muestran no sólo la complejidad y multi-direccionalidad de esas relaciones, sino incluso permiten ver como los partidos tradicionales contribuyeron con la formación de identidades nacionales, en un fragmentado Estado-nación, además de las maneras como el clientelismo ayudó a articular los centros económicos, políticos y sociales con las periferias.

En un acto reflexivo e incluso autocritico, Gutiérrez (2003) cuestiona la tendencia por la fascinación de intelectuales y opinadores políticos por la constitución de un sistema ordenado de partidos fuertes razonablemente programáticos, sin tanto desorden y sin cierres excluyentes y antidemocráticos, que incluso anhelarían la existencia de tres o cuatro partidos en Colombia. El autor también subraya la necesidad de mayor rigor, flexibilidad y apertura frente a las ironías de la historia política del país.

Nosotros, con las herramientas que proporcionan las tesis de las ciencias naturales, que resultan compatibles con otras ofrecidas por los estudios de las redes sociales, consideramos que la multiplicidad de expresiones y alternativas políticas no sólo están evidenciando una increíble explosión de diversidad y de diferentes formas de pensamiento, de sensibilidades y de prácticas de vida en Colombia. Multiplicación que ofrece probabilidades de representación y participación a una mayor cantidad de individuos y colectividades en el país. Además, el crecimiento de la heterogeneidad muestra un gran desafío para unos ciudadanos mejor preparados para concertar y construir consensos que permitan definir horizontes y mecanismos comunes para reconstruir la política, lo público y la participación social.

Pero esta multiplicación también puede estar poniendo en evidencia, tanto la estrechez cultural e institucional en el país, así como las grandes limitaciones del sistema político y de un alto porcentaje de los partidos y colectivos políticos que lo conforman, que parecen resistirse a las diferencias, la complejidad, la incertidumbre, y la aceleración en el mundo contemporáneo. A cambio, las practicas, discursos y formas de los protagonistas del actual debate político, parecen insistir en reducir y simplificar los fenómenos sociales, y en polarizar a las minorías que participan de las contiendas político-electorales con mensajes e historias sin soportes históricos o empíricos, dejando nuevamente por fuera a las mayorías, que como lo mostraron las últimas votaciones siguen manteniendo los altos porcentajes de abstención (60% o más), y la escasa participación de los colombianos en uno de los principales rituales y conquistas de la política y la democracia en la mayoría de lugares del planeta. Así las cosas la fragmentación y la multiplicidad, en este caso tendería al control y la homogenización.

 

*Luis Fernando es investigador y profesor del Departamento de Estudios Políticos de la Universidad Icesi y Juan Camilo es estudiante de Química Farmacéutica de esta Universidad.

Ver más en Gutiérrez (2003), Fragmentación Electoral y Política Tradicional en Colombia. Piezas para un rompecabezas en muchas direcciones. Documento de Trabajo No 24, Marzo de 2003. London School of Economics, Destin.

González, Fernán E. (2014). Poder y violencia en Colombia. Bogotá: Odecofi-Cinep-Colciencias.

 

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