El Plan Nacional de Desarrollo es un saludo a la bandera para nuestras comunidades

El PND pone el énfasis en elementos importantes pero no determinantes como en la inequidad social y económica que padece el país y la sociedad colombiana.

Pocos alcaldes, diputados y políticos de la costa pacífica parecen entender y jugar un rol activo en la repartición de intenciones y de recursos que supone la construcción del Plan Nacional de Desarrollo (PND).

Al mismo tiempo, actores políticos y étnicos, claves en los procesos territoriales, se debaten en una lucha desigual por incidir en la definición de los proyectos que van a definir el rumbo de la región ante la falta de una visión compartida de la misma.

A esto se le suma el desencuentro entre el gobierno y los espacios políticos de las comunidades negras organizadas, las cuales denuncian la falta de inclusión de sus intereses en el plan y la falta de consulta previa del PND.

El PND, en su conjunto, presenta algunas incoherencias insubsanables. No se trata de errores que sean técnicos o de redacción del texto, sino de la lógica que está detrás del mismo.

“El pacto por la equidad”, nombre, marco y fundamento del PND, se soporta en el supuesto de que las causas de los problemas más apremiantes del país son la ilegalidad y el bajo emprendimiento económico. Como consecuencia, pone el énfasis en elementos importantes pero no determinantes como en la urgente tarea de reducir la enorme inequidad social y económica que padece el país y la sociedad colombiana.

Con la denominada política social moderada, en la cual se centra el PND, el gobierno advierte el recorte de las pocas garantías sociales que existen hoy en el país. Y con el foco que da a esta política se ratifica lo anterior.  

La política centrada en la eficiencia, la calidad, la conexión a mercados y la inclusión productiva son las banderas de la élite empresarial detrás del poder, quienes buscan procesos eficientes para acceder a los territorios y sus recursos. En el anterior marco, el énfasis señalado en la familia e inclusión social tiene un enorme potencial de convertirse en decoraciones del texto.

Los pactos transversales presentados en el documento Bases del DNP soportan con claridad lo anteriormente dicho, son una mezcla de intereses reales y saludos a la bandera.

Inicia con el pacto por la sostenibilidad pero luego, y al mismo nivel, incluye el conflictivo pacto por los recursos minero-energético y el de transporte y logística que para su desarrollo armónico requiere de una previa y seria revisión del ordenamiento territorial tanto político como físico del territorio. Como por arte de magia, se ubican al mismo nivel temas que se relacionan, contradicen y sobreponen.

Es así como igualdad para la mujer, equidad para grupos étnicos e inclusión para personas desaparecidas son presentados como pactos de suma importancia. Pero se puede ver el engaño cuando se identifica el peso que se le asigna al sector privado para financiar la agenda social.

En otras palabras, por esta vía el gobierno quiere hacer determinante la continuidad del modelo de desarrollo extractivista minero y agroindustrial, y de esta manera se lograría el sueño uribista de convertir los agro-negocios y sobre todo el desarrollo minero-energético en intereses superiores de Estado.

Es sorprendente como el extenso documento del PND entierra los compromisos alcanzados en el proceso de paz entre el Estado colombiano y la insurgencia de las Farc. Los acuerdos de paz y la implementación de los mismos, en los territorios afectados por la confrontación armada y específicamente la región del Pacífico, son ignorados por la racionalidad estatal. Cada frase y cada idea del documento oficial ha sido también escritos por los tecnócratas del estado que logran desconocer y hacer trizas lo acordado.

Se esperaría que el Plan Nacional de Desarrollo fuera el escenario para posicionar y permitir la implementación de los Acuerdos que fueron pensados y acordados con un enfoque territorial y étnico. Ahora es evidente que dicha esperanza de los pueblos negros e indígenas que habitan el Pacífico tendrán que postergar sus pretensiones y apelar a la movilización social y lucha política para seguir defendiendo los intereses étnico-territoriales.   

 
      Periodista prueba

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