Solo en la JEP Ingrid fue tratada dignamente

En la justicia ordinaria Ingrid no habría podido hablar de las diferencias de trato que la guerrilla le daba a las mujeres secuestradas, o poner en evidencia la forma en que el conflicto las golpea particularmente.

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He escuchado con atención los relatos que han dado ante la Jurisdicción Especial para la Paz las víctimas de secuestro por parte de las Farc.

Esta práctica deplorable, que le quitó años de su vida a tantas personas en Colombia, está siendo analizada por la sala de reconocimiento de responsabilidad para determinar si lo pasan a alguna de las secciones del Tribunal, que determinará las sanciones correspondientes.

Ingrid Betancourt, en la audiencia sobre su caso, contó el trato inhumano al que fue sometida durante sus seis años de secuestro, la crueldad de las Farc, los impactos del secuestro en su cuerpo, la forma en que las mujeres secuestradas eran acosadas, entre otras barbaries.

Escucharla me llevó a entender la profunda importancia de la JEP, y cómo este país subestima este recurso para la superación del conflicto.

Ingrid ha tenido otros espacios judiciales para hablar de su caso, pero dudo que en alguno le hayan dado oportunidad para contar calmadamente su historia, y le permitieran ser el centro de la audiencia, como debe ser para todas las víctimas.

La ex congresista Betancourt encontró sensibilidad, respeto y solidaridad de parte de quienes integran la sala de reconocimiento de la JEP. No hubo preguntas indiscretas o revictimizantes, no hubo juicios de valor, no hubo miradas acusadoras.

Ingrid pudo poner en evidencia a los máximos responsables de su secuestro, y llamar por su nombre a los autores de los tratos crueles e inhumanos que recibió. La magistrada Catalina Díaz, de hecho, se mostró muy conmovida cuando agradeció a Betancourt por abrir un espacio y contar su historia.

Yo me pregunto, ¿en qué otra instancia ha recibido Ingrid Betancourt este trato digno y profundamente respetuoso?

La última vez que acudió a un juzgado, hubo profundas críticas de la sociedad que la llevaron a desistir de su petición de ser reparada por los daños que vivió como consecuencia de su secuestro. En la justicia ordinaria colombiana (quebrada, en crisis, colapsada, con altos niveles de casos represados) las preguntas que se hacen están más orientadas a verificar la veracidad del testimonio, y no a medir impactos, o a indagar sobre posibles reparaciones, cosa que sí puede hacer la JEP.

En la justicia ordinaria Ingrid no habría podido hablar de las diferencias de trato que la guerrilla le daba a las mujeres secuestradas, o poner en evidencia la forma en que el conflicto las golpea particularmente.

Las mujeres víctimas de secuestro merecen justicia, y solo una instancia especializada, compuesta por profesionales expertos/as en abordar graves violaciones a derechos humanos, puede dárselas.

Ver estas audiencias, me ha probado que el país necesita oír esos relatos del horror en primera persona para entender que esta guerra que estamos viviendo es absurda y debe parar ya.

Solo una justicia transicional con enfoque diferencial puede reivindicar por completo a las mujeres víctimas. La JEP tiene herramientas de género en su mandato y reglamento con las que la justicia tradicional no cuenta, lo que marca una diferencia profunda en la experiencia de las mujeres que acuden a ella.

Hay que tener un corazón de piedra y muy nublada la razón para oponerse a un espacio, quizá el único que existe, en donde las mujeres víctimas pueden ser reparadas con acciones concretas  y de alto impacto. Solo la insensatez puede llevar a que alguien piense que las víctimas no merecen ser escuchadas, y los responsables recibir sanciones que impliquen la reparación colectiva de los daños que causaron.

@Alejandracollag

      Periodista prueba

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