Largo ha sido el camino

Claudia Morales públicamente rompió el silencio. Ella está en la obligación de dar a conocer el nombre del responsable de su violación, se lo debe a las familias de sus jefes y a  las mujeres cercanas a ellos.

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He reflexionado, por largas horas, sobre cómo escribir acerca de la violencia y el acoso y la violencia sexual sin lastimar, sin poner en entredicho la palabra de las víctimas o caer en “posturas esencialistas”.

Los hechos que han suscitado mis cavilaciones han sido: la carta de las 100 mujeres francesas, 10 de enero de 2018, en la cual plantean su postura sobre la Campaña #MeToo, los debates que se generaron en redes y medios de comunicación y el artículo de Claudia Morales sobre el “Derecho al silencio,” 17 enero de 2018.

Mis preocupaciones son desde el feminismo, movimiento planetario de rebelión y resistencias de las mujeres en contra del sistema patriarcal que desenmascara los mecanismos que mantienen y reproducen situaciones de opresión y subordinación de las mujeres. Las feministas no nos hemos quedado en la denuncia y la rebeldía, también hemos logrado profundas transformaciones en la cultura, en las leyes, en políticas públicas. Pero nuestro más importante logro es que cada vez más mujeres tomamos conciencia de nuestros derechos, ganamos autonomía y no estar dispuestas a continuar bajo la tutela de los varones y aceptar como natural las violencias en nuestra contra.

En el feminismo hemos aprendido a liberar la palabra, para que los murmullos en los rincones de las cocinas, en las tinieblas de las alcobas o en los diarios escondidos en los baúles salgan a la luz. Hemos aprendido a hablar entre nosotras, de nuestros dolores, rebeldías, sueños y resistencias; campañas como #MeToo son un medio para que esos murmullos, esos secretos plasmados en las páginas de diarios tengan eco planetario. Porque exigimos y tenemos derecho a una sociedad libre de violencias para todas las mujeres.

Las mujeres feministas y las mujeres víctimas de las violencias sexuales, durante décadas, nos hemos atrevido a romper el silencio y a denunciar valientemente las violencias en nuestra contra. Como olas fuertes que chocan en la memoria rememoro: las denuncias del Grupo Mujeres en la Lucha, 1979, quienes en el contexto del Estatuto de Seguridad, se atrevieron a alzar sus voces y colocar en el escenario público las violencias sexuales y las torturas de miembros de las fuerzas militares contra las militantes del M-19; la conmemoración del primer 25 de noviembre en 1981, en esa fecha sin temor alguno gritamos a múltiples voces: “rompamos el silencio, la noche es nuestra”, y los innumerables procesos de acompañamiento a mujeres víctimas, por parte de las organizaciones feministas y de mujeres en lo nacional y territorial. Procesos que contribuyen a la autonomía, al conocimiento de derechos y sacar de los rincones de la memoria ese dolor enquistado en sus cuerpos producto de las guerras públicas y privadas que el patriarcado nos ha declarado a las mujeres.

Como resultado de ese arduo, lento y creativo transitar de las feministas y de las mujeres víctimas de las violencias en su contra, se constituyó la Mesa Mujer y Conflicto Armado que durante 10 años, juiciosa y comprometidamente documentó la situación de las violencias contra las mujeres en el contexto del conflicto armado. Producto del trabajo de la Mesa de Mujer y Conflicto, de los valientes y desgarradores testimonios de las mujeres y de la acción decidida de organizaciones como la Casa de la Mujer, Sisma Mujer, Humanas, Red Nacional de Mujeres, Ruta Pacífica de las Mujeres, entre otras, la Relatora Especial sobre la violencia contra la mujer, sus causas y consecuencias, Sra. Radhika Coomaraswamy, presentó en el 2002 al Secretario de Naciones Unidas, el informe sobre la .

En 2004, Amnistía Internacional dio a conocer el informe: “o”. En 2006 la Comisión Interamericana de Derechos Humanos a través de su Relatora para la Mujer publicó el . En 2008 la Corte Constitucional, producto de los múltiples testimonios de mujeres víctimas de las violencias en el contexto del conflicto armado, convocó a la audiencia pública con la participación de organizaciones de mujeres y con mujeres víctimas y profirió el .

Las feministas no solo hemos contribuido a cambiar leyes a favor de las víctimas, a denunciar en lo nacional e internacional los horrores de las violencias y la violencia sexual, también hemos aportado al análisis y la comprensión del acoso y la violencia sexual como expresión de poder y mecanismo de disciplinamiento y terror contra las mujeres. Continuaremos afirmando que a las mujeres víctimas de la violencia sexual no se les permitió elegir, sus cuerpos son habitados en contra de su voluntad, humillados, mutilados y violados. Sus vidas y sueños son cercenadas. Romper el cascarón del silencio esta precedido de muchas lágrimas derramadas, de gritos y aullidos de auxilio que no encuentran eco y de mucho dolor sobre la tierra, de miles y miles de mujeres que han liberado el dolor y el miedo.

Por ese dolor vivido y compartido con otras mujeres, por esos silencios que amordazan, por esa palabra liberada, considero que es inadmisible que se minimice el valor que tienen las mujeres para denunciar o que se utilice con fines electoreros la violación de la cual fue víctima Claudia Morales. Es inaceptable que lo que mueve a tantos y tantas mujeres y varones, en redes y medios de comunicación, sea el investigar acerca del posible perpetrador, para defenderlo o atacarlo o el poner en entredicho la palabra de la víctima y en muchos casos minimizar su dolor y valentía.

A todas esas personas no las ha movido la compasión frente al dolor de las víctimas y tampoco han alzado sus voces para exigir al Estado colombiano acciones y recursos suficientes para parar la guerra que el patriarcado nos ha declarado a las mujeres. Expresiones de esta guerra son más de 12 mujeres, en lo que va del mes de enero, víctimas de feminicidio, y ¿en dónde está la respuesta de la Fiscalía y del gobierno en lo nacional y territorial? Cuanto me gustaría que la Fiscalía General de la Nación, respondiera con igual prontitud a investigar todos los hechos de violencia sexual que a diario son registrados y denunciados a través de redes o medios de comunicación.

Por último, Claudia Morales públicamente rompió el silencio y contó al país de su violación. Seguramente este acto de valentía animará a muchas a mujeres a liberar sus miedos. Pero so pena de ser centro de críticas y malquerencias, creo que Claudia Morales está en la obligación de dar a conocer el nombre del responsable de su violación, porque en su columna y posteriores declaraciones deja un manto de sospecha sobre todos sus jefes. Dar su nombre se lo debe a las familias de sus jefes y a las mujeres cercanas a ellos.Ya no existe un secreto o un desconocimiento del delito, se rompieron las barreras de la privacidad y del silencio.

Tengo la esperanza  de que estas reflexiones contribuyan al encuentro con otras mujeres para darnos crédito con la esperanza de que otras sientan ese crédito como una deuda, como un vínculo por el dolor vivido, por las mordazas que nos inmovilizaban, por las rebeldías compartidas, porque precisamente de eso se trata la rebeldía de las mujeres y la práctica feminista.

Adenda. Las opiniones acá expresadas no comprometen a la Casa de la Mujer, organización feminista de la cual hago parte.

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