La única colombiana en el equipo Allison. Entrevista a la Doctora Diana Lucía Bonilla Escobar.

Entregan los Premios Nobel conmemorando el aniversario de la muerte de Alfred Nobel. El Premio de Medicina lo recibieron Dr. James P. Allison y Dr. Tasuko Honjo. Aquí la entrevista a la Dra. Diana Lucía Bonilla, la única colombiana en el equipo del Dr. Allison.

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Hija de la ciudad de Cali, la doctora Diana Lucía Bonilla Escobar hace parte de uno de los equipos de investigación del Dr. James P. Allison, inmunólogo estadounidense, quién junto al Dr. Tasuko Honjo recibió hoy 10 de diciembre el Premio Nobel de Medicina de 2018. Su trabajo se ha centrado en el tratamiento para curar el cáncer a través de la inmunoterapia. Gracias al reconocimiento internacional no solo tienen visibilidad los galardonados, sino también su equipo de trabajo. En esta entrevista se explora el camino que recorrió Diana y los obstáculos que tuvo que superar.

Diana es la única colombiana en el equipo de trabajo de Allison en Houston, Texas. Al igual que muchas mujeres colombianas científicas, llegó a la ciencia gracias al esfuerzo familiar, y, como muchas de ellas, fue su madre quién la apoyó principalmente. Estudió Bacteriología y Laboratorio Clínico en la Universidad del Valle en donde también obtuvo la beca por el mejor promedio académico durante toda la carrera. Fue joven investigadora de Colciencias en 2003. Luego se trasladó a Estados Unidos, en Texas A&M University obtuvo el doctorado en Inmunología y Ciencias Médicas, ahora está trabajando en el Posdoctorado en inmunología en Baylor College of Medicine en Eissa Lab.

¿De quién recibiste ayuda principalmente para lograr realizar tus estudios de pregrado en la Universidad del Valle?

De mi madre, quien pagó mi matrícula de primer semestre. En los semestres restantes, obtuve apoyo económico institucional por buen desempeño académico. Libros, fotocopias, materiales, vivienda y alimentación fueron patrocinados por mi madre, la señora Alba Lucía Escobar.

¿Cómo se formó la idea de una carrera como científica?

Desde niña mi interés fue entender como el cuerpo humano funcionaba a nivel microscópico. Cómo se forman las células, cómo responden a estímulos, cómo se organizan en tejidos, cómo responden a enfermedades o cómo su funcionamiento adecuado nos permite estar vivos cada día... luego descubrí que, además del microscopio, hay muchas tecnologías que permiten estudiar las células y me especialicé en estudiarlas.

¿Cuáles fueron los cambios más importantes que tuviste que hacer en tu vida para lograr convertirte en una estudiante de Texas A&M?

Primero tuve que estudiar, trabajar y ahorrar mucho para presentar los exámenes de admisión, GRE y TOEFL en ese entonces. También guardar dinero para el viaje y el primer mes de sostenimiento en Estados Unidos. Afortunadamente, la universidad en la que hice mi postgrado me otorgó una beca para continuar mis estudios. Por otro lado, no fue fácil dejar atrás a mi familia, mis amigos, mi vida cómoda en Cali, mi idioma, mi cultura para empezar una nueva aventura lejos de casa.

¿Cómo obtuviste el lugar en el equipo de trabajo del Dr. Allison?

Mi interés por el funcionamiento de las células y las técnicas para evaluarlas me llevó a enfocarme en un área llamada “Citometría de Flujo”. Esta tecnología permite estudiar características funcionales y estructurales de células en suspensión. El grupo de inmunoterapia del Dr. Allison estaba buscando a un especialista en esa área y me ofrecieron un puesto como Coordinadora de Citometría en su grupo. Luego me promovieron al cargo de Investigadora Senior para evaluar la respuesta inmune en pacientes con Cáncer que reciben tratamiento de inmunoterapia.

¿Este cargo implicó que realizaras entrenamientos adicionales?

Llevo más de 16 años entrenándome en el área de Citometría de Flujo. Desde que trabajaba en Cali la utilizaba para hacer diagnósticos en pacientes con Leucemia y Linfoma, después me entrené en la Pontificia Universidad Javeriana y el Instituto Nacional de Cancerología en Bogotá. Al llegar a Estados Unidos tuve acceso a equipos más sofisticados, literatura, cursos y expertos en Citometría que me permitieron aumentar mis conocimientos y experticia. Hace dos años fui nombrada como una de las líderes emergentes en Citometría por la Internacional Society for the Advancement of Cytometry, la organización estadounidense encargada de promover y regular estas tecnologías.

¿Qué significa para ti trabajar en un proyecto tan amplio?

Muy satisfactorio ser parte del nuevo capítulo de la lucha contra el Cáncer, utilizando el sistema inmune como arma. El grupo del Dr. Allison busca identificar nuevas terapias que permitan curar a un mayor número de pacientes con diversos tipos de Cáncer. Nuestro objetivo es entender cómo funcionan las células de la respuesta inmune de esos pacientes para tratar de predecir su respuesta al tratamiento. Es muy gratificante ver el resultado de sus investigaciones anteriores y el potencial de su trabajo actual.

¿Cuál es tu labor en el proyecto?

Yo me encargo de coordinar el estudio de la respuesta inmune en estos pacientes usando Citometría. Tenemos más de 100 ensayos clínicos en los cuáles se evalúan nuevas terapias, combinaciones de tratamiento o el uso de inmunoterapias aprobadas en otros tipos de Cáncer.

¿Cuáles son las buenas prácticas que evitan un trato desigual entre hombres y mujeres en un equipo de trabajo científico que resaltas del equipo del Dr. Allison?

La selección del personal de trabajo, la asignación de labores y el reconocimiento se hace con base en el conocimiento, experiencia y desempeño de los empleados, independiente del género o de ninguna otra condición. En caso de algún incidente, la institución tiene políticas claras de cero tolerancia a la discriminación contra la mujer y ha creado los canales necesarios para asegurar el cumplimiento de dichas directrices y para denunciar cualquier irregularidad.

¿Cuál es tu estrategia para lograr el balance entre el trabajo y la vida cotidiana?

Mi trabajo es de 8:00 am a 5:00 pm. No me llevo trabajo a la casa, no trabajo en las noches ni los fines de semana. Adoro mi trabajo, pero también adoro a mi hijo, pasar tiempo juntos, leer, nadar, comer, ver películas, visitar nuevos lugares, dormir... así que procuro sacar tiempo para mí y las actividades no académicas que disfruto.

¿Tuviste un mentor o mentora que contribuyó a tu formación y trabajo?

¡Muchísimos! Mi madre Alba Escobar, mi tío Néstor Escobar, mi profesor de Univalle Andrey Payán, mi amigo citometrista Christian Leiva, mi jefe en CIDEIM el Dr. Bruno Travi, mi mentor del doctorado en Texas A&M el Dr. David McMurray y mi pareja Gerald Zúñiga, quien fue mi compañía durante esta travesía.

¿Cuál sería el principal consejo que le darías a las mujeres que están trabajando por un lugar en el campo científico?

Convencernos de que no hay límite en lo que las mujeres podemos alcanzar en una carrera científica o en cualquier profesión. Solo falta creer que es posible y tener mucha dedicación. Nos toca dejar a un lado lo que nos impide crecer, los estigmas sociales que pesan sobre nosotras: no somos el sexo débil, no tenemos que ser sumisas, no tenemos que ocultar sentimientos ni opiniones, nuestro destino no es ser amas de casa ni aguantar abusos, no tenemos que elegir entre una carrera o una familia, no tenemos que seguir los estereotipos que nos venden: cuerpo perfecto, actitud perfecta, matrimonio perfecto, casa perfecta, hijos perfectos, vida perfecta. Liberarnos de ese ideal de mujer perfecta y de los complejos facilita que valoraremos y explotemos los talentos que tenemos y que dejemos de jugar un papel secundario. No necesitamos tratos especiales, pero sí asegurarnos que tenemos acceso igualitario a oportunidades y participación equitativa y no temer denunciarlo cuando pase lo contrario.

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