¿Quién le teme a Petro?

Tal y como están las cosas, en lugar del debate entre Duque y Petro, no resultaría extraño atestiguar una segunda vuelta entre Duque y Vargas Lleras, o entre Fajardo y Duque.

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Las últimas encuestas sobre intención de voto a la Presidencia muestran una foto inquietante. Según Guarumo, existe un empate técnico entre Duque y Petro. El primero con el 23,6 por ciento de la intención de voto y el segundo con el 23,1 por ciento. Polimétrica predice lo mismo, ambos con 22 por ciento de favorabilidad.

Como si esto fuera poco, el carro de Petro es apedreado en un evento político en Cúcuta, mientras a Uribe, que acompañaba a Duque en Popayán, le llueven insultos y empujones. Los ánimos se crispan y el debate se acrecienta. La campaña transcurre en un ambiente de ansiedad y vendetta.

Y en medio del remolino, un grupo importante de seguidores de ambos bandos atizan el fuego y anuncian un fraude, se gradúan de perseguidos y predicen que las elecciones presidenciales serán el segundo round de la feroz batalla que comenzó en el plebiscito.

Pese a ello, resulta razonable augurar un resultado político mucho menos polarizado de lo que hoy se anticipa, en el que pronto harán presencia algunas de las dinámicas de la vieja política.  

Tal y como están las cosas, en lugar del debate entre Duque y Petro, no resultaría extraño atestiguar una segunda vuelta entre Duque y Vargas Lleras, o entre Fajardo y Duque. Para leer con más tino las encuestas, y no hacerlas presa de la disposición ansiosa, a continuación, algunas consideraciones.

- Las encuestas de muestra principalmente urbana subestiman el voto de las maquinarias y sobreestiman a los votantes de opinión. Además, tienden a representar de modo exagerado el interés de los jóvenes, quienes, tradicionalmente, contestan con emoción a los encuestadores, pero no asisten a las urnas.

- En los datos disponibles se expresa, cuando menos, un 23 por ciento de voto en blanco y de indecisos. La tendencia histórica es que este grupo languidece al final y los votantes se inclinan hacia los candidatos considerados más viables. En 2010, por ejemplo, cuando Colombia eligió entre Santos y Mockus, en la encuesta de IPSOS del 26 de abril, Santos tenía el 37 por ciento, Mockus el 50 por ciento y 13 por ciento estaba indeciso. Al final, como se sabe, la votación de primera vuelta fue 46,6 por ciento para Santos, 21,5 por ciento para Mockus y en blanco sólo votó el 1,5 por ciento.

- Con las parlamentarias en la mitad, el panorama político se re-baraja y las alianzas se re-negocian. Para anticipar las presidenciales, es preciso comprender cómo quedó conformado el Congreso y cuáles pueden ser los incentivos en juego.

- Vargas Lleras es un político eficaz y su tendencia a la baja en las encuestas se explica, en parte, porque sus socios locales se encuentran enfocados en sus propias campañas políticas. Pero, desestimar su capacidad de votación cuando ha sido apoyado por varios medios, empresarios y grandes electores, no es otra cosa que una crasa equivocación.        

- Aunque Claudia López no le suma a Fajardo votos por fuera de su espectro ideológico, sí  le compite a Petro por los votos “indignados”, aunque en esa empresa, el exalcalde pareciera más eficiente. En todo caso, tenemos dos candidatos de origen “anticorrupción” trabajando en orillas distintas.

- La campaña de los verdes al senado no ha resultado emocionante ni creativa. Muchos miembros de la ola verde se cuestionan sobre la verdadera capacidad de Mockus de dar debates en el Congreso y, por el tipo de votantes que la han apoyado, pareciera que los votos de Claudia no son directamente heredables para Angélica Lozano.  

- Ante la ausencia de un candidato de la U y frente al lento despegue de De la Calle, quien ya tiene fotos con poncho y carriel, los liberales están a la espera de los guiños de apoyo.

- Iván Duque y Martha Lucía son ideológicamente moderados. En su carrera política y en sus discursos no se nota un interés expreso por enardecer tesis extremistas. Eso hará que parte de los votantes conservadores del Sí se decanten en su ayuda y con eso, resquebrajen la unidad de la paz en torno a un eventual apoyo a Petro.

- Pero, sobre todas las cosas, hay que reconocer que Petro no es la paz. Bajo su ruana (o chinchorro) no se van a meter todos los que le apostaron Sí al plebiscito. El mismo Humberto de la Calle lo dejó con los crespos hechos. Petro, a diferencia de la paz, no es una idea de consenso, ni tiene la capacidad de mover las máquinas que se movieron en el plebiscito.

A pesar de que hay sectores a quienes interesa mostrar las elecciones como la cima de la polarización (Petro Vs Duque / La izquierda Vs. la derecha / El Sí contra el No) en un juego de suma cero, lo que posiblemente tendremos es una primera vuelta interesante, en la que el candidato uribista - por la cohesión interna del grupo - tomará la delantera. Y, tras él, irán Vargas, Fajardo y Petro, en orden incierto. Anticipo hoy un duro cabeza a cabeza entre ellos con una ligera ventaja del Vargasllerismo.

Luego vendrán las alianzas y los compromisos y, como siempre, la política. Ahí están, para la memoria de todos, los textos de Iván Duque sobre la economía naranja y la propuesta de Martha Lucía sobre las colonias penales agrícolas, el voto de Petro a favor de Ordóñez y el debate de Uribe senador, a favor del indulto para el M-19.

Lo que podemos estar seguros de que no sucederá, contrario a lo que quisieran ver muchos, es una disyuntiva entre la salvación y el abismo. Después de todo, sólo son políticos.

 
      Periodista prueba

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