¿Qué le espera a Colombia en el 2019?

Los cuatro primeros meses del gobierno Duque se han caracterizado por una profunda ambigüedad; en 2019, la sociedad colombiana puede darle la vuelta a este problema heredado de tiempo atrás.

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El 2018 cierra con una seria paradoja: un gobierno que a regañadientes afirma que cumplirá con el acuerdo de paz, pero que en su accionar político se ensaña en hacerlo trizas.

Esta contradicción es el pecado original con el que fue elegido este gobierno y expresa la disociación que ha aquejado a la sociedad colombiana desde siempre. El magnífico libro de Antonio Caballero La Historia de Colombia y sus oligarquías debería ser lectura obligada para entender la profundidad de este problema.

Durante este año, la profunda división que nos define se expresó en un cómodo inconformismo con los dos candidatos presidenciales de la segunda vuelta. Casi la mitad del electorado colombiano —el 46,96 %— no salió a votar. Para muchos la “abstención activa” era la mejor opción porque no sabían cual era peor. “Que entre el diablo y escoja” —dirían, como es tradición en Colombia.

Eso somos: una sociedad que no conoce la unión por un ideal superior. La crítica destructiva que se eleva desde una postura moral maniquea se ha encargado de nutrir generación tras generación a los políticos de turno. Aquellos que se separan de esta tradición han sido juzgados como traidores; de lado y lado. Al fin de cuentas, estos políticos son la expresión de una sociedad anclada en los Odios Fríos heredados de la Regeneración, que nos cuenta la novela de Gonzalo España.

Duque: un gobierno ambiguo 

Iván Duque fue elegido gracias al odio que floreció producto del marco de referencia emocional que instalaron los promotores del No en el plebiscito. Por eso, a su gobierno le cuesta hablar de reconciliación. Su retórica basada en la “legalidad” se centra en un pulso entre la fuerza de la ley y la aceptación de consensos. La ambigüedad define los primeros cuatro meses de su gobierno:

  • Dice estar comprometido con implementar el acuerdo de paz, pero apoya proyectos de ley que van en contravía del Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y No Repetición.
  • Dice respaldar la reincorporación de los miembros de la FARC, pero brilla por su ausencia el día de la conmemoración de los dos años del acuerdo de paz.
  • Dice esperar que la Comisión de la Verdad haga bien su trabajo, pero manda al Alto Consejero para la Estabilización, Emilio Archila, a dar el recado el día que inicia sus 3 años de mandato.
  • Dice que se sentará con el ELN a negociar cuando paren el secuestro y las actividades criminales que afectan a la sociedad civil, pero obstaculiza las iniciativas de la Comisión de Paz del Senado, y su Alto Comisionado para la Paz, Miguel Ceballos, no responde a la solicitud de cientos de organizaciones sociales que claman por el reinicio de la negociación.
  • Atiende la primera reunión como presidente del Consejo Nacional de Paz, Convivencia y Reconciliación, pero el día anterior nombra una cúpula militar con miembros que han sido investigados por participar en los falsos positivos.
  • Firma un acuerdo con los estudiantes, pero el día anterior su Ministro de Defensa manda el ESMAD para enfrentar violentamente la protesta civil, que desde el principio ha dicho debe reducirse a su minima expresión.

El año 2018 cierra con un gobierno que cuando está acorralado acepta a regañadientes lo que mejor le conviene para ganar oxigeno y así darle aire al partido de gobierno, que utiliza el Congreso y la cuota burocrática dentro del Estado para implementar una política pública excluyente, antidemocrática y negacionista que busca consolidar en el poder local su paradigma político con tintes neofacistas. Proyecto que comparte con otros líderes políticos del continente como Jair Bolsonaro, como quedó claro con la participación de los senadores Álvaro Uribe y María Fernanda Cabal en la el pasado 8 de diciembre de 2018. 

¿Qué cosechará Duque en 2019? Álvaro Forero Tascón lo resume en un tweet: . Su gobierno seguirá alimentando la ambigüedad porque no está dispuesto a deslindarse del partido que lo eligió. Los esfuerzos de muchas personas bien intencionadas que han aceptado trabajar en este gobierno quedarán atrapados ahí. 

¿Qué puede hacer la sociedad civil en el 2019?

Es improbable que esta nueva administración resuelva la paradoja de la disociación sobre la que capitalizó su victoria. Esta paradoja emocional debe resolverse en la sociedad, y aunque el proceso es lento, el triunfo de los estudiantes es un buen augurio para evitar que el 2019 se convierta en otra oportunidad perdida para salir del circulo vicioso de la violencia. Mi invitación es a enfocarnos en cuatro procesos:

  1. Es importante consolidar poderes locales progresistas que defiendan los procesos democráticos, que valoren la diversidad y que sean un ejemplo de una amplia articulación de sectores que defienden la paz.
  2. Es fundamental apoyar a la Comisión de la Verdad, la Jurisdicción para la Paz, y la Unidad de Búsqueda de Personas Desaparecidas. Su labor es clave para cambiar nuestro relato de identidad nacional, alimentando la autocrítica y la honestidad. En este sentido es indeclinable la lucha por asegurar una dirección del Centro Nacional de Memoria Histórica que continue con el legado de esclarecimiento iniciado en 2007.
  3. Es necesario defender la reincorporación de la FARC en lo económico, lo social y lo político. Su contribución a superar la pobreza en zonas marginadas del territorio nacional debe valorarse por las poblaciones urbanas. De igual manera, su participación en procesos sociales debe ayudar a superar la dicotomía entre beneficios para los excombatientes y beneficios para la sociedad. Por último, debemos abrir espacios para escuchar sus propuestas políticas sin estigmatizarlos; el peor escenario sería que sus candidatos locales en 2019 cayeran asesinados, como ocurrió en 1988 con la UP.
  4. Es importante adelantar diálogos entre sectores cercanos al ELN, al gobierno y a la sociedad civil que ha apoyado la salida negociada con el acompañamiento de la comunidad internacional. Evitar que se intensifique la violencia en zonas de presencia del ELN puede ayudar a fortalecer prácticas comunitarias de resolución de conflictos y evitar que escale la guerra. Esto puede ayudar a encontrar una salida negociada al conflicto armado en territorios como Nariño, donde la crisis humanitaria no da espera.

Hay razones para ser optimistas y continuar la construcción de paz en el 2019. Ojalá el próximo año podamos confirmar que lo que han logrado los estudiantes es un ejemplo de lo que decía Gaitán antes de que lo asesinaran nuestras oligarquías, que: “¡el pueblo es superior a sus dirigentes!”

      Periodista prueba

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