Dialogar en medio del conflicto

Si los conflictos permanecen no tendremos paz. Simple.

Este espacio es posible gracias a

Patrocinio

Resolver los conflictos es normalmente un proceso complejo. Y lo es más si el paso del tiempo profundiza el resentimiento, el odio y el deseo de venganza.

Estos tres elementos no se superan fácilmente. La construcción de paz busca generar las condiciones para que la sociedad resista el deseo de venganza y analice razonablemente la respuesta que le da a las diferencias, incluso frente a quienes puede existir resentimiento y odio.

Esa construcción de paz no es fácil pues en Colombia hemos aspirado tanto a conseguirla que aceptamos cierto abuso político e ideológico, incluso es clara la insistencia en una contradicción: alcanzarla por medio de la violencia. En este segundo aspecto caben los actores armados ilegales que atentan contra la ciudadanía y quienes desde la legalidad promueven el resentimiento, el odio y la venganza como único camino para superar los conflictos.

Son incontables los hechos violentos e inconmensurables los daños que ha dejado el conflicto armado en las víctimas (que son millones y representan cerca del 20% de la población del país), en las instituciones y en el tejido social.

El asesinato permanente de los líderes sociales y defensores de derechos humanos en Colombia, con cerca de 600 casos desde el año 2016 y titulada de dramática por el Relator especial sobre la situación de los defensores de los derechos humanos de la ONU en su última visita al país, y de 21 integrantes de la Policía Nacional esta semana en la Escuela General Santander, representan lo mismo: violencia injustificable.

Por esa razón, es tan importante que se hubiera logrado terminar el conflicto armado con las FARC-EP, que estuvo activo por más de 50 años, con la suscripción de un acuerdo luego de varios años de diálogo. Y lo es porque renunciar a la venganza y someter voluntariamente a los enemigos a la ley, es uno de los tributos más importantes que el poder puede pagar a la razón[1].

También lo es porque nos demostró que podemos terminar los conflictos a través del diálogo, incluso entre los peores enemigos, y porque al terminar la confrontación la sociedad puede darse la oportunidad de madurar sus exigencias democráticas, analizar sus deficiencias y atender las necesidades comunes.

Terminar el conflicto armado es el desafío más importante que tenemos como sociedad. Ahora que parece que la oportunidad de hacerlo con el ELN se esfuma hay que insistir en que el diálogo es el camino humanitario para alcanzar condiciones para la paz, que no solo se manifiestan en la tranquilidad.

En una sociedad acostumbrada a la guerra pedir paz parece un acto de violencia. El rechazo a la búsqueda de paz a través del diálogo de quienes promueven el resentimiento, el odio y la venganza no tiene una explicación razonable. Dialogar en medio del conflicto es un camino tortuoso pero necesario.

Mientras permanezca activo el conflicto aumentarán las víctimas y si no hay esfuerzos para su terminación estaremos en un camino sin salida. Ambas partes deben darle un tributo a la razón y evitar la incertidumbre que genera la guerra.

Nadie debería negar que es absurdo que el ELN viole el derecho internacional humanitario e insista en el secuestro. Así como tampoco se debería negar que las condiciones de progreso social se han esfumado desde hace décadas por la ambición de unos pocos que construyen y mantienen la corrupción, desde la ilegalidad o la legalidad aparente, y al mismo tiempo insisten en someternos a la incertidumbre de la guerra.

El Gobierno nacional debe esforzarse para cumplir sus obligaciones en la atención de los derechos a la verdad, la justicia y la reparación de las víctimas, y en la generación de transformaciones para que se garantice su no repetición. Esas transformaciones son necesarias no solo para rechazar el terrorismo, sino toda violencia y para luchar contra la corrupción.

Hay que seguir intentando terminar el conflicto a través del diálogo porque ello podría generar un acuerdo común: rechazar toda violencia, luchar contra la corrupción y promover la búsqueda de la paz.

 

[1] La frase original de Robert Jackson al dar apertura a los juicios de Nuremberg fue: “That four great nations, flushed with victory and stung with injury stay the hand of vengeance and voluntarily submit their captive enemies to the judgment of the law is one of the most significant tributes that Power has ever paid to Reason”.

      Periodista prueba

      Powered by