#CeroViolencia

La unión de los colombianos debe ser para desterrar la violencia de todo el territorio y construir la paz con reconciliación, no solamente para combatir el terrorismo.

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Preocupado por los asesinatos de líderes sociales que han ocurrido desde el principio de este año y por mensajes de líderes de la derecha en contra de la JEP y del acuerdo de paz con las Farc, que se han recrudecido, escribí el 7 de enero pasado tres tweets que decían: “No estamos escogiendo entre justicia y paz. Lo que va a suceder si no hay una reconciliación es que el período de la violencia que ahora se inicia va a ser más doloroso y [va a ser] más difícil de contener la sevicia, o el alcance de la violencia"; "En la etapa anterior, que concluyó con la firma del acuerdo de paz entre el gobierno y las Farc, la violencia dejó cientos de miles de muertos y millones de desplazados. Si continúa esta tendencia hasta el extremo, cada vez va a ser más difícil contenerla"; "El bicentenario debe ser motivo para reflexionar que la violencia ha estado presente desde la independencia y ha venido aumentando en términos de sevicia y población afectada, avanzando hacia una guerra total, hasta ahora concentrada en el campo”.  

Lamento que estos mensajes hayan resultado premonitorios y me aterra que el brutal atentado contra la escuela de policía General Santander en Bogotá el 18 de enero de este año que con toda razón ha suscitado indignación general, repudio y un sentido duelo nacional de tres días marque el inicio de otra era de violencia rural y urbana.

También me preocupa que, como consecuencia de este atentado, se ha afectado la percepción de inseguridad de todos los colombianos y ha aumentado el miedo. Esto puede conducir a que se abandone o debilite la búsqueda de la paz y aumenten la violencia y la presión para escalar la guerra.

Desde que se firmó el acuerdo de paz con las Farc he tratado de entender por qué, después de haber presenciado un prolongado conflicto interno, muchos colombianos optaron por preferir la guerra a la paz. No había conseguido encontrar una explicación satisfactoria hasta que leí un artículo en la New York Review of Books del pasado 20 de diciembre en el que reseñan la obra del filósofo francés Rene Girard (Robert Pogue Harrison, “The Profet of Envy”) que sostiene que la violencia es un “terrible adversario, especialmente porque siempre gana...”

A esta conclusión llega Girard después de comprender que la violencia engendra mayor violencia y nos hace perpetuos prisioneros suyos. Se intensifica inexorablemente hasta el extremo en el que es total y destruye a todos los involucrados. En el pasado, la política y el compromiso podían detener y hasta hacer retroceder la tendencia a volverse extrema, pero la polarización anula esa capacidad de contener. Dice Girard que está “más que nunca convencido de que la historia tiene un significado y que ese significado es aterrador”, Harrison explica que se refiere a la primacía de la violencia en las relaciones humanas.  

Lo que está en juego no es la impunidad o la justicia, ni siquiera la moral, sino que se está escogiendo entre la reconciliación o la debacle total. Si no se encuentra la manera de reconciliar no se evita la debacle.

A esto último es a lo que debemos negarnos los colombianos. Este atentado tiene que ser la razón para parar. No podemos continuar tolerando los asesinatos de líderes sociales, el repudio de la paz negociada, y mucho menos el terrorismo, con un escalamiento de la violencia oficial o paraestatal, que es lo que parece anhelar la extrema derecha. No debemos dejar que el miedo o el ánimo de venganza sean los que determinen el camino a seguir. La unión de los colombianos debe ser para desterrar la violencia de todo el territorio y construir la paz con reconciliación, no solamente para combatir el terrorismo.

      Periodista prueba

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