¿Qué nos falta para tener la mejor educación de la región?

Ya se sintieron las demandas de la Educación Superior; pero como los niños no marchan, ¿quién asumirá la voz de los pedidos para educación primaria y secundaria? Allí, mayor financiación y el subsidio a la demanda también buscan con qué.

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Los resultados de Colombia en el Programa para la Evaluación Internacional de los Alumnos (PISA) son desalentadores. Con puntajes de 425 en lectura, 390 en matemáticas y 416 en ciencias, el país ocupa el puesto 57. En la región el país mejor situado es Chile en el puesto 44 con puntajes de 459 en lectura, 423 en matemáticas y 447 en ciencias. El país líder de las pruebas, Singapur, tiene puntajes de 535 en lectura, 564 en matemáticas y 556 en ciencias. Acá algunas ideas para mejorar los resultados.

 

El caso de Suecia

Siguiendo el modelo de Suecia —puesto 28 en las pruebas PISA— pero también de Holanda, Dinamarca, Nueva Zelanda, Australia y Chile —puestos 17, 21, 12, 14 y 44— se debe, primero, entregar los colegios a las localidades de cada ciudad en cabeza de los docentes —es decir, impulsar la descentralización—, para que den un uso adecuado a los datos dispersos e incompletos (información)[1] y asuman las pérdidas y ganancias (incentivos)[2]; y, segundo, financiar la demanda —independiente de que sea una institución pública o privada—, entregando un monto por alumno, para que se fomente la competencia[3].

Los resultados que ha tenido esta política en Suecia, transferir la responsabilidad de las escuelas a las localidades y financiar la demanda —que fue implementada desde 1992 por el gobierno de Carl Bildt—, son:

1. Incremento de escuelas privadas, que aumentó 5 veces y, por ende, 4 veces el número de alumnos (de 1,5% a 6% de los alumnos).

2. Incidencia en zonas rurales y deprimidas, como sucedió en Botkyrka, municipio con altos niveles de desempleo y problemas sociales, que es sexto en el ranking de estudiantes en escuelas privadas (el 13% de los alumnos de este municipio está en una escuela privada).

3. Mejoras de eficiencia en las escuelas públicas, ya que la competencia con las escuelas privadas permitió corregir las ineficiencias (menor calidad al mismo costo) de las antiguas escuelas.

4. Ahorro de costes de administración, pues para adaptarse al nuevo entorno era necesario aumentar la eficiencia (los gastos burocráticos se redujeron de un 70% a un 33% del presupuesto).

5. Mejora en el rendimiento escolar de los alumnos, puesto que el 66% de los padres empezó a elegir la escuela —pública o privada— por la calidad académica y por las necesidades específicas de sus hijos[4].

 

Los resultados en Colombia

Los resultados del programa Paces en Colombia, financiar la demanda —que fue implementada entre 1998 y 2004—, son aún más importantes tanto que se han estudiado internacionalmente por parte de investigadores de MIT (Joshua Angrist), Case Western (Eric Bettinger), el Banco Asiático de Desarrollo (Erik Bloom), el Banco Mundial (Elizabeth King) y Harvard (Michael Kremer). Estos demuestran que, incluso en países emergentes, un diseño basado en un uso adecuado información e incentivos para competir mejora la calidad en educación primaria y secundaria. Para los alumnos que accedieron a este programa en Bogotá hubo hasta el 2002 (punto 1, 2, 3, 4, 5) y hasta el 2006 (punto 6, 7, 8, 9).:

1. 15% más probabilidad de haber asistido a una escuela privada.

2. 0,1 años más de escolaridad.

3. 10% más probabilidad de haber terminado el 8 grado.

4. Aumento en los sueldos de $36 a $300 por año, para ingresos hasta $3.300.

5. Aumento en la inscripción al ICFES en 7%[5].

6. 25% más probabilidad de haberse graduado de secundaria.

7. Aumento del 10% en el acceso a educación universitaria.

8. Salarios 10% más altos.

9. Relación costo-beneficio 7:1[6].

A pesar de los resultados, al ser un monto igual por alumno —independientemente de su situación socioeconómica— esta medida puede ser regresiva, es decir, puede beneficiar principalmente a las clases medias y altas, que pueden invertir más, y no a las clases bajas, que no pueden. Por lo que, con el propósito de garantizar la igualdad de oportunidades, es necesario que el presupuesto se use de forma progresiva, es decir, que se use en mayor medida en quienes menos ingreso tienen para eliminar la regresividad.

Es necesario, entonces, que se den procesos de mercado —uso adecuado de información e incentivos para competir—, que el mismo gobierno puede y debe estimular financiando la demanda de forma progresiva —es decir, a los padres de acuerdo a su ingreso— para mejorar el bienestar de los jóvenes.

 

Cómo funcionaría este modelo en Colombia

El gobierno invierte anualmente $3’696.911 de pesos por estudiante. Si eliminamos este subsidio a las familias de estrato 4, 5 y 6, el monto por estudiante ascendería a $4’034.689. Así, dado el monto sin subsidiar la oferta sino la demanda, un estudiante podría acceder según la clasificación del ICFES a un colegio A+ (como los colegios de clase media) o D1 (como el colegio Refous que obtiene buenos resultados a bajo costo).

Una segunda alternativa, para que nuestros jóvenes puedan acceder a colegios que ocupan la categoría D1, es duplicar el presupuesto para educación primaria y secundaria (de $30 billones a $60 billones de pesos). El Observatorio Fiscal nos ofrece un rompecabezas presupuestal con el que podemos armar el nuevo presupuesto. De este modo el monto por alumno ascendería a más de $8’000.000 de pesos, suma para elegir entre los mejores colegios del país.

Entre las opciones asequibles hasta la fecha con $8’000.000 de pesos  —pues al ponerse en práctica este modelo el número de colegios (como en Suecia) aumentaría — estaría el Colegio San Carlos, el Instituto Alberto Merani o el Liceo Navarra. Colegios que según PISA[7] obtienen 60 puntos más en lectura, 58 puntos más en matemáticas y 60 puntos más en ciencias que los colegios públicos. Puntajes (502 en lectura, 455 en matemáticas y 488 en ciencias), comparados con el rendimiento medio del país (425 en lectura, 390 en matemáticas y 416 en ciencias), con los que superaríamos a Chile y, por tanto, seríamos el país con la mejor educación de la región.

¿Cuándo empezamos las marchas por $30 billones más para la educación primaria y secundaria y por la financiación a la demanda?

 


[1] Los datos que se usan en la producción son dispersos e incompletos. Por consiguiente, para dar el mejor uso posible de éstos, hay que permitir la descentralización y la competencia. La descentralización por las circunstancias situacionales y temporales de la producción. La competencia para que entre todos los datos dispersos e incompletos, se usen los que mejor satisfagan los fines de la sociedad.

[2]Si los productores están condicionados por los consumidores, las pérdidas y ganancias dependen de que los consumidores compren o se abstengan de comprar. Quien no produce lo que los consumidores reclaman, sufre pérdidas y es eliminado del proceso productivo.

[3]Al dar poderes al consumidor para elegir entre los productores, éstos deben competir para hacerse con la demanda.

[4]Bote, V. (2007). El cheque escolar para elegir en libertad la educación de nuestros hijos: La experiencia sueca. Cuadernos de Pensamiento Político, 173-183.

[5]Angrist, J., Bettinger, E., Bloom, E., King, E., Kremer, M., and Saavedra, J. (2002). Vouchers for Private Schooling in Colombia: Evidence from a Randomized Natural Experiment. American Economic Review 92(5): 1535–58.

[6]Angrist, J., Bettinger, E., Bloom, E., King, E., Kremer, M., and Saavedra, J. (2011). Efectos de largo plazo de las Becas PACES para la Educación Secundaria privada en Colombia. Notas de Política Universidad de los Andes, 1.

[7] Icfes. (2017). Colombia en PISA 2015. Informe de resultados. Bogotá.

      Periodista prueba

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