¿Qué hombre fabrica la escuela moderna?

La mercantilización escolar, esta generando un sujeto educado para la obediencia y la esclavitud laboral. La promesa es sencilla, sí trabajas más, disfrutas más. Así, las empresas pagan bajos salarios que obligan al sujeto a trabajar más.

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Evocar el ayer nunca fue mejor, sobre todo cuando en el presente la condición humana camina agitadamente hacia la guerra de las competencias escolares globalizadas. Toda una estrategia de confrontación entre sujetos educados convertidos en peliadores por un lugar en la competitividad mundial, donde la disputa es por el empleo, la alimentación, el vestuario, la tecnología e incluso la educación.

El mercantilismo, la competitividad y  la globalización como hecho funcional de la educación actual viene preparando a miles de jóvenes exclusivamente para satisfacer necesidades humanas  inducidas por las reglas del mercado comercial bajo la engañosa sombrilla capitalista de una necesaria eficacia por producir y obtener grandes acumulados económicos que prometen al educado participar de un mundo artificial donde la promesa es “vivir mejor”. Nace así, con esta historia, la escuela industrializada para la competitividad, cuya pretensión social es la rentabilidad monetaria, diferente a la filantropía de la pedagogía de los maestros que busca un ser humano más sensible, incluyente, reflexivo y transformador en su paso por el mundo.

La educación actual pasa por un punto crítico, dado que las instituciones educativas al privilegiar el enfoque por competencias de orden laboral-instrumental se convierten en fábricas que industrializan lo humano. Desde esta perspectiva, la mayoría de los estudiantes fracasan en su sensibilidad humana porque abandonan las relaciones sociales y cognitivas de construcción colectiva asociadas al pensar críticamente los espacios formativos. En este sentido, la operativa de la empresa se traslada a la escuela para bloquear la emancipación y disminuir las posibilidades en las que un sujeto que se educa pueda rebelarse contra el mismo sistema que lo oprime. De allí,  la importancia que la educación de tipo instruccional que forma sujetos para la competividad reconozca la potencialidad de integrar  las perspectivas teóricas críticas, que permiten anticipar el devenir de nuevas formas de trascender el propio proceso formativo y social en que se vive.

La escuela que industrializa lo humano induce a los estudiantes a “hibernar” sus inteligencias o capacidades intelectuales y terminan éstos controlados por un sistema arrollador de educación para la producción mercantil y de vida  utilitarista.

La crisis de este tipo de escuela radica en ser empresas educativas que tiene como objetivo principal producir habilidades prácticas en los estudiantes para ofertar al hipermercado económico empleados con bajas capacidades para el emprendimiento, la innovación o la ciencia. Desde esta optica formativa, la prioridad es adquirir competencias para trabajar, trabajar y trabajar más, con menos tiempos para sí mismo, corriéndose siempre el riesgo de contar con poco momentos para detenerse y preguntarse el por qué o para qué de la educación.  

En este modelo de escuela se impone la lógica del mercado, lógica diseñada e impuesta para controlar lo que se puede hacer con lo que se sabe, dicho de forma básica producir más y vivir menos o vivir para “tener y gastar” de acuerdo a las necesidades que ordena el sistema a la medida de los sujetos. En otras palabras, acumular sin tener, saber hacer sin cuestionar. Siempre bajo el riesgo de ser sujetos atrapados en el aparataje del sistema productivo donde la educación es la mayor mercancía y el saber su más preciada joya.

En este modo de producción se aprende a trabajar tanto que como lo dice el filósofo contemporáneo Chul Han, las personas se autoesclavizan o autoexplotan laboralmente y terminan por desconocerse a sí mismos en sus espacios sociales, políticos, familiares y culturales.

Precisamente para Byung-Chul Han, 2016 “El sujeto de hoy es un sujeto del rendimiento, que se pretende libre, pero que en realidad es un esclavo que se explota a sí mismo de forma voluntaria. El neoliberalismo, como forma de mutación del capitalismo, convierte al trabajador en empresario”. Así, en el país una gran producción de egresados que se dicen ser empresarios olvidan que el significado de educarse es mucho más amplio que la producción material.

Educarse es también pensar un horizonte de reflexión de la vida para fundar proyectos y trayectorias dignas en libertad, en disfrute consciente y en transformación de las condiciones humanas, donde se superan siempre precariedades sociales emergentes.

En esta misma dirección,  Massimo Recalcati, 2016 plantea que “El tiempo de la educación y de la escuela ha dejado de ser aquel que la elevaba  a agente ideológico fundamental en la cultura del régimen para pasar a ser una institución extraviada, que por un lado se ve suplantada en su función social y, por otro, cada vez más exigida por tareas que trascienden tal función”  lo que muestra Recalcati, es la perdida de importancia de la escuela como espacio formador de individuos con pensamiento autónomo y crítico, ejercicio que refleja en parte la construcción de  la sociedad de actual llena de riñas, disputas y envidias donde lo vital es mostrar groseramente que se posee algo a cualquier costo.

La escuela y su engañosa artificialidad.

Bajo el concepto de la calidad educativa la escuela encierra la trampa del control total y la exclusión, su modo de operativizar este dominio se estampa con  la famosa certificación de calidad porque ésta solo acepta a aquel o aquella que cumpla los requisitos, los demás están por fuera, están excluidos. Es decir, es excluyente con un sujeto o institución que no contenga los estándares y el prototipo de aceptación comercial. Una educación que estandariza, desconoce el principio de diversidad y multiplicidad de lo humano.

En este camino, la artificialidad de la escuela esconde la fabricación de sujetos que deben tener iguales competencias para ser aceptados, que actúan como robot, que sus movimientos y pensamientos se sincronizan como máquinas siempre con los mismos códigos y ciclos viviendo solo conscientes por instantes y creándose una ética falaz de sus comportamientos y de sus vidas. Con este aparataje técnico se abandona la filosofía de la educación que postula “educar para pensar” o hacer de la educación un proyecto sensible en el que lo fundamental es transitar por la vida en armonía con otros.  

La inversión de estas relaciones llenas de vacíos y no de contenidos muy bien las describe el profesor Fernando Cruz Kronfly, 2018 “las sociedades y las organizaciones se nutren ahora de sujetos flexibles, hedonistas, que procuran el frenesí del instante y que prácticas una ética no sacrificial. Sujetos que habitan lo social y van a las organizaciones solo por lo suyo, incapaces de entablar vínculos sólidos, efectivos y duraderos con los lugares, con las cosas, con las personas y las organizaciones en cuanto tales”. Con esta ingeniosa manera de engañar, la escuela de la artificialidad ha concretado su propósito formativo. Seguir siendo la escuela que en nombre de la educación de calidad automatiza pensamientos, forja la esclavitud moderna y constriñe la sociedad al mercado de una guerra  por la empleabilidad social.

      Periodista prueba

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