Roba Pero Hace Parte II

Los ciudadanos no estamos condenados a escoger entre el clientelismo que hace o el que no hace. Lo correcto es que la política y la forma en que se gobierna, se haga en el marco de relaciones democráticas limpias y una sólida gobernanza.

A pesar de los avances que se puedan lograr con un gobierno que utilice instrumentos de la política tradicional o se lucre parcialmente de los recursos sociales, las externalidades negativas que se producen son a veces igual o peor de nocivas que los hechos positivos que pueda generar.

El peor efecto, es que crea un ambiente en donde la permisividad a lo incorrecto hace carrera dejando poco espacio para la renovación política y los nuevos liderazgos.

En el Departamento del Atlántico por ejemplo, hemos aumentado en el número de congresistas, lo cual sería una positiva señal de fortaleza electoral. Sin embargo, la calidad de gestión deja mucho que desear. Ni un solo congresista con fuerte votación local, procede de un movimiento alternativo o es independiente a las casas políticas hegemónicas. Cero renovación. 

Más allá de la notable mejoría en algunos servicios sociales, la perversión de los delitos electorales parece haber ido en aumento en la misma proporción. Lo que sumamos con obras, lo perdemos con un mal liderazgo que impide la necesaria competitividad regional.

Esto tiene efectos notorios en nuestro relacionamiento nacional, en donde nuestro poder de negociación e intervención en temas nacionales sigue siendo marginal o reconocida por su negativa intermediación.

El poder de las casas políticas hegemónicas y emergentes cada vez es mayor, su capacidad e influencia tiene cada vez más incidencia en el poder local. Si se es permisivo con estas prácticas a pesar que mejoremos, terminarán copando todos los espacios de poder local.

El argumento cultural implantado (roba pero hace), abre la puerta a que cualquier tipo de agente utilice las mismas prácticas y no pueda ser censurado socialmente. Hay el peligro que llegue al poder un gobierno que robe, sin dejar obras o mejoras en el bienestar.  No garantiza sostenibilidad.

En la institucionalidad se sigue promoviendo un modelo clientelar que puede funcionar en el corto plazo pero tarde o temprano termina por lesionar las finanzas públicas, generando problemas de legitimidad  o  con escándalos de corrupción.

También, se promueve una ciudadanía asistida (Bustelo), la cual le delega el funcionamiento de lo público al gobierno sin ningún tipo de control ciudadano, propiciando un escenario para el mal funcionamiento de la acción gubernamental.

En las próximas elecciones va a ser determinante el rol de la política tradicional. De continuar el modelo de gobernabilidad clientelar que impera en el departamento, el poder de la política tradicional seguirá marcando el camino de la gestión pública local.

La alternativa de debe surgir de sectores que promuevan un cambio sustancial en la forma de hacer política. A falta de liderazgos fuertes, debe promoverse un proceso que genere un ambiente democrático novedoso que posibilite el éxito electoral.

Los ciudadanos atlanticenses no estamos condenados a escoger entre el clientelismo que hace o el que no hace. Lo correcto es que la política y la forma en que se gobierna, se haga en el marco de relaciones democráticas limpias y una sólida gobernanza. Solo así, daremos el verdadero salto cualitativo hacia una sociedad moderna.

      Periodista prueba

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