Roba pero hace: máxima aspiración de la ciudadanía

Esta frase popular parece ser la máxima aspiración de la ciudadanía del Caribe colombiano en lo que concierne a la gestión pública de sus políticos en las próximas elecciones. Una especie de resignación colectiva.

Esta frase popular parece ser la máxima aspiración de la ciudadanía del Caribe colombiano en lo que concierne a la gestión pública de sus políticos en las próximas elecciones. Una especie de resignación colectiva.

Los políticos tradicionales han terminado por convencer a gran parte de los electores de que la única forma de acercarse al poder es pertenecer al círculo clientelar tradicional.  Es un patrón cultural que se ha soportado por décadas de hegemonía de las casas políticas tradicionales, las cuales mantienen el dominio electoral, pero también acceso a otros poderes como el poder judicial o los medios de comunicación. 

Según Duncan, domesticar nuestra clase política, será una tarea compleja. Además de no haber podido diseñar controles institucionales efectivos (imposible la autorregulación), tampoco tenemos los controles morales necesarios. Los escándalos, cada vez más cinematográficos, son evadidos o con reducción en las sanciones o reciclando el poder con otros liderazgos. Nuestros políticos se reproducen en cuerpo ajeno.

La imposibilidad de una sanción moral o jurídica, hacen que  sigan campantes haciendo política a pesar de la notoriedad de sus faltas frente a la opinión pública. “Roban, pero al menos hacen algo,”. 

El gran reto de la Región Caribe el año que comienza es, entonces, superar electoral y culturalmente unas costumbres políticas enraizadas por décadas. La tarea del cambio en el liderazgo local es la principal, como lo ha mencionado recientemente Adolfo Meisel desde Casa Grande Caribe.

¿Pero qué tan factible es pensar en ese cambio para las próximas elecciones? Hay señales encontradas y retos por superar.

La señal positiva más prometedora son las copiosas votaciones nacionales que ilusionan con un cambio posible a todo el país. Ligado a lo anterior, aunque negativo para la institucionalidad del país, el ambiente de descontento generalizado por la crisis del liderazgo nacional frente a la lucha contra la corrupción.  La indignación puede desatar una rebelión electoral contra la clase tradicional.

Lo negativo es el desánimo que se nota en las clases medias y grupos locales que buscan el cambio. Los liderazgos, con capacidad y reales posibilidades de generar una transformación, se sienten acorralados por los políticos profesionales que se han atrincherado en el nepotismo y la doble militancia, para copar todos los espacios de poder.

Igualmente, la poca legitimidad de las fuerzas alternativas en lo local, sumado a su débil estructura organizativa y el riesgo de la dispersión en varias candidaturas, generan fuertes incertidumbres. Algunos esperando un guiño nacional que los unja como herederos de la opinión.

En este convulsionado escenario el principal reto es hacer que surjan nuevas figuras políticas, con un buen perfil, sin un negativo pasado político y que representen el cambio. Para lograrlo, es necesario más procesos que sólo candidaturas, invirtiendo las lógicas tradicionales.

También consolidar una apuesta programática alternativa que integre a muchos sectores de la ciudadanía más allá de la izquierda. Sin un discurso más allá de la crítica va a ser imposible consolidar una apuesta verdadera de cambio.

      Periodista prueba

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