La consulta se votó poco en el Caribe por la cultura del trasteo de votos y la apatía

El director de la ONG Foro Costa Atlántica, Diógenes Rosero, analiza por qué la participación de la región en la consulta anticorrupción fue la más baja de todo el país.

En promedio, ocho de cada diez personas en el Caribe que podían hacerlo no votaron la Consulta Anticorrupción del pasado domingo. De los 10 departamentos con mayor abstención del país, seis (La Guajira, Córdoba, San Andrés, Magdalena, Bolívar y Sucre) están ubicados en el Caribe.

Las razones que explican estos resultados deben buscarse en la cultura democrática que se ha cultivado en la región.

Pese a que las últimas elecciones presidenciales mostraron un cambio en el comportamiento de los votantes, en el Caribe predomina una cultura clientelar antidemocrática que consiste, básicamente, en que la gente está acostumbrada a votar a cambio de dádivas (contratos, puestos o plata).

Uno de los principales elementos que componen esta cultura clientelar, y que tal vez ayuda a explicar mejor los pobres resultados de la consulta, es la transhumancia: el transporte masivo de personas hasta su puesto de votación.

¿Cómo funciona este proceso?

Todo empieza en el proceso de inscripción de cédulas, desde aquí se constriñe al elector.

En épocas de inscripción electoral, el político, líder de una estructura electoral, inscribe a su clientela de votantes en zonas específicas que le permitirán llevar a cabo de mejor forma el conteo y la supervisión de los votos.

Estas zonas quedan, adrede, lejos del lugar de residencia del votante para que, de esta forma, el político tenga una mayor capacidad de control sobre él. Así puede garantizar que éste, en efecto, irá al puesto en que lo zonificó y no se irá a otra parte.

Para las pasadas elecciones legislativas, la Misión de Observación Electoral MOE encontró que el Atlántico fue el departamento con mayor promedio de personas inscritas (685) por puesto de votación del país, luego del proceso de inscripción de cédulas que cerró el pasado 11 de enero.

Esto quiere decir que a cada puesto de votación que existe en el departamento llegaron 685 personas nuevas, 149 personas más que en Bogotá que tiene más de tres veces la población del Atlántico.

Aunque la rezonificación en sí no es un delito, pues está diseñada para que las personas escojan el puesto de votación que les quede más cerca de su residencia o lugar de trabajo, este número tan alto (el promedio nacional fue de 166) es, como dice la MOE, “extremadamente atípico”.

Ahora bien, en escenarios como en el de la pasada Consulta Anticorrupción, en donde no hay transporte que lleve a los votantes al lugar en donde fueron zonificados para las pasadas elecciones, hay una baja en el número de votantes.

Esto se debe, en gran parte, a que estas personas, ahora sin el transporte que aporta el político, no pueden desplazarse a su puesto de votación que queda lejos de su casa.

Sin embargo, no toda la culpa de la abstención puede achacársele a la cultura clientelar, sino que ésta, a la vez, se nutre de una generalizada apatía.

Las personas sienten, ante esta estructura clientelar anclada desde hace décadas en la región, que su voto no cambia nada, que es imposible cambiar las cosas y que no hay por qué participar en las elecciones. Esta baja autoestima ciudadana es, también, una de las causas de la pobre votación del domingo en el Caribe.

No obstante, estas dos causas (la cultura clientelar y la apatía) no vienen separadas, sino que se complementan entre sí y forman un círculo vicioso. La estructura clientelar causa la apatía que desmotiva a la gente a votar y esta abstención permite que las estructuras políticas tradicionales perduren en el tiempo.

Por eso, para cerrar este círculo vicioso, es necesario una reforma política que frene uno de estos procesos.

Una reforma podría ser acabar con la inscripción de cédulas o reglamentarla lo suficiente para que ésta puede ser vigilada por la Registraduría y que sólo pueda darse en casos excepcionales y con una debida justificación.

Esto eliminaría de tajo la transhumancia y le daría un golpe al corazón de las estructuras políticas tradicionales. Con el tiempo, esta reforma podría hacer que, también, disminuya la apatía electoral que causan estas poderosas maquinarias políticas en el Caribe.

      Periodista prueba

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