¡Gloria al bravo pueblo!

Si el pueblo venezolano sigue aguantando su estoica lucha, si sienten nuestro apoyo, podemos soñar en una Venezuela libre. Columna de Carlos Suárez en nuestra red de expertos Caribe.

Venezuela no es solo un país hermano; nacimos juntos, crecimos paralelos y nos unen para bien y para mal realidades sociales calcadas: la desigualdad social, el narcotráfico, la pobreza, las brechas sociales. El destino de uno, tarde o temprano será el del otro.

Lo que ocurre en Venezuela es de suprema importancia para todo nuestro continente y así como desde allí se exportó la revolución bolivariana que pretendía imponer en Latinoamérica el mismo modelo populista de izquierda basado en el comunismo cubano, hoy vemos cómo el modelo fracasa estrepitosamente y su otrora bastión hace agua.

El país que lo experimentó entró en una debacle económica y política que lo tiene ad portas de la inviabilidad. Venezuela se derrumba en manos de Nicolás Maduro y las consecuencias irradian a toda la región.

Por eso es importante que Venezuela pueda reconstruirse para equilibrar una situación que hoy nos afecta a todos en el continente, mucho más a nosotros, sus más cercanos vecinos, que recibimos día a día cientos de miles de desplazados y vilipendiados ciudadanos vomitados por el monstruo en sus estertores, que huyen despavoridos sin posesión alguna, dejando atrás todas sus raíces para no morir de hambre en un remedo de Estado en donde ya no encuentran qué comer.

Pero no es solo ese desplazamiento inhumano lo que nos desestabiliza: Venezuela aloja y protege a la guerrilla del ELN que allá actúa como fuerza paramilitar y en Colombia finge una lucha política que es realmente el ejercicio del terror para controlar el narcotráfico regional: Colombia siembra y cocina, Venezuela es un país de almacenamiento, protección y exportación.

El narcotráfico es el combustible de nuestra guerra; Venezuela, desde épocas de Hugo Chávez, se convirtió en santuario del traqueteo ejercido directamente por los altos mandos militares en alianza con las guerrillas colombianas, punta de lanza de esa revolución que entendió a la perfección el concepto de todas las formas de lucha.

Diosdado Cabello, el segundo al mando del régimen es acusado de ser operario de ese negocio. Ya la justicia norteamericana lo tiene en sus expedientes, según reportó el Wall Street Journal, es otro de los grandes responsables de la asqueante situación que vive Venezuela.

Más allá de ese desolador panorama, Venezuela se ha convertido en coto de caza de potencias extranjeras que han encontrado en el tirano y su afán desmesurado por aferrarse al poder, el caos perfecto para; a partir de préstamos, de la costosísima venta de los exiguos alimentos que aún se pueden encontrar, de protección diplomática y hasta de alcahuetería militar, apoderarse de las reservas petrolíferas más grandes del mundo.

Es por eso que Rusia, China y Turquía apoyan a Maduro y no reconocen al nuevo Gobierno, están cuidando el petróleo que el mentecato empeñó por muchas de las venideras generaciones.

Gracias a la incapacidad de esa revolución, hoy tenemos en nuestro patio a las potencias más depredadoras de la historia, amenazando con poner a la región en peligro de confrontación internacional porque ya se sienten dueñas del petróleo que yace bajo el suelo venezolano y los Estados Unidos no piensan permitirlo.

En medio de esa infernal sin salida, el 23 de Enero se levantó el sufrido pueblo venezolano que aún habita en los escombros del que fuera alguna vez un país.

Nunca en estos 20 años de dictadura en Venezuela se habían dado las circunstancias que hoy estamos viendo y que podrían por fin forzar la salida del dictador Nicolás Maduro: no solamente los venezolanos se han plantado enhiestos a decir ¡no más! sino que, del pueblo ha surgido un líder que sin pensar en su vida, asumió el reto que la historia le puso en el camino y echando mano de la Constitución venezolana, Juan Guaidó, asumió la presidencia.

La sublevación del pueblo y la ilegitimidad de las falsas elecciones creó un vacío de poder que le corresponde, por mandato constitucional, llenar transitoriamente al Presidente de la Asamblea Nacional con el fin de convocar elecciones libres.

Otro factor determinante es que el Foro de São Paulo, que agrupaba a los países afines a la revolución chavista, desapareció por sustracción de materia; en buena hora, Brasil, Argentina, Chile, Paraguay, Colombia, Ecuador y Perú, derrotaron en las urnas los cantos de sirenas del populismo del llamado socialismo del siglo XXI y ahora se han alineado en el llamado Grupo de Lima.

Desde allí se trabaja en la diplomacia internacional para arropar al pueblo venezolano, reconocer al Gobierno de transición y darle vida política y diplomática al nuevo presidente Juan Guaidó.

Donald Trump también está cumpliendo su papel como potencia protagónica en la región y reconoció, en contra de Maduro y sus aliados, a la nueva Administración Guaidó.

No es fácil consumar el alzamiento, requerirá de muchos más sacrificios, de más sangre inocente; Maduro se ha atrincherado en Miraflores, los militares corruptos que se han enriquecido y son el verdadero poder de este régimen que colapsa, están de su lado porque temen por su seguridad jurídica y económica (no quieren perder el poder ni el botín amasado durante la dictadura); sin embargo, no hay traiciones que una amnistía no pueda lograr y el primer paso hacia ello es convencer a la cúpula militar de que si abandonan al tirano, la historia los tratará en consecuencia, Estados Unidos debería refrendar ese camino para conseguir entrar a Miraflores.

No es fácil, es cierto, nunca lo ha sido derrocar a un sátrapa que asesina a su pueblo pero, si la diplomacia del Grupo de Lima se mantiene firme y consigue más apoyos de la comunidad internacional y, sobre todo, si el pueblo venezolano sigue aguantando su estoica lucha, encontrando y creando símbolos e imaginarios colectivos de liberación, si sienten nuestro apoyo, podemos soñar en una Venezuela libre, una en la que podamos  gritarles a todo pulmón a los venezolanos ponderando el valor de su gesta libertaria: ¡Gloria al bravo pueblo!

      Periodista prueba

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