La universidad pública reactiva su esencia en la calle

En las calles, marchando y reflexionando, los universitarios hacen valer los pocos recursos que invertimos en educación pública.

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Qué fortuna la de Colombia de tener a sus estudiantes. Los necesitamos estudiando, pensando, creando y marchando. Y eso es lo que están haciendo. Nos dan la oportunidad de sacudirnos, salir del letargo cotidiano, tomar distancia y pensar estructuralmente. Más que una simple protesta, el paro universitario y el movimiento estudiantil son una bocanada de creatividad. Sus reivindicaciones son justas y merecen toda nuestra admiración y solidaridad. Exigen lo lógico: financiamiento digno y suficiente para el sistema educativo público.

El presupuesto de las universidades públicas está congelado desde 1993, pues básicamente crece apenas al ritmo del valor del Índice de Precios al Consumidor. Es una miseria y un desconocimiento del esfuerzo enorme que realizan miles de profesores, estudiantes, investigadores y trabajadores de las universidades públicas para generar conocimiento, reflexionar sobre el país y buscar soluciones para sus problemas. También es la violación del derecho y la obligación que tiene Colombia de educarse, conocerse, analizarse y pensarse autónomamente. La educación pública es un camino hacia la construcción de un proyecto colectivo. Desfinanciarla es un absurdo desperdicio del talento, la creatividad y las ganas de una población con un potencial enorme de emerger en un territorio que tiene todas las condiciones biofísicas y culturales para construir modelos alternativos de vida.

Eso es lo que nos recuerdan los estudiantes al salir a las calles. Son un reflejo de nuestro propio potencial como sociedad. La movilización universitaria es un ejercicio político y social, pero también cultural, académico y pedagógico. Es un regalo que nos dan este fin de año para untarnos de reflexión y una invitación a construir un país plural desde abajo y no esperar a que nos construyan encima el país de unos pocos.

Esa es la esencia de la universidad pública: democratiza, pluraliza y expande el conocimiento y la reflexión crítica hacia la sociedad. Los paros y protestas logran reactivar esta esencia, rompiendo las barreras y el enclaustramiento de los salones de clase y las facultades, para abrir espacios que retan la inercia de la cotidianidad urbana. Las marchas y las actividades que se han organizado en las calles, parques, andenes y plazas, son la expresión plena de la educación pública. Es la academia dinámica, que no se limita a libros de texto y artículos en revistas indexadas, sino que entiende que tiene ante todo un rol social.

Al irrumpir en la cotidianidad mecánica y predecible, los estudiantes incomodan. Esa es la esencia de la universidad: retar, incomodar y cuestionar. Y, al hacerlo, nos obligan a pensar sobre nuestra posición como parte de lo colectivo: ¿Qué relación hay entre la crisis de la educación pública y mi día a día? ¿Qué sería de Colombia sin sus universidades públicas y sus estudiantes y profesores intelectual y políticamente inquietos? ¿Quién toma las decisiones en este país, lo moldea a su gusto y para qué? ¿Quiénes están excluidos de esa toma de decisiones? ¿Por qué están excluidos? ¿Quién se beneficia de que la sociedad reflexione menos, se eduque menos?

El enclaustramiento social y la indiferencia crean las condiciones ideales para que se mantenga la realidad corrupta, violenta y destructiva que se materializa en nuestra política y economía, en la violencia que vuelve a invadir a los territorios, en la depredación ambiental, en el abuso de poder. Si nadie cuestiona esa realidad y le hace contrapeso político y reflexivo, se seguirá reproduciendo libremente.

Al incomodarnos, los universitarios están cumpliendo su rol y están haciendo valer los pocos recursos que invertimos en la educación pública. Es toda la sociedad la que la financia, y por eso nos incumbe a todos. La educación pública es un proyecto colectivo. Por eso su debilitamiento por la vía del desfinanciamiento nos debilita a todos como sociedad. El debate es sobre el uso de nuestros recursos económicos, y cómo éstos quedan en buenas manos cuando están financiando a los que piensan el país y buscan transformarlo para lograr una sociedad más justa.

Cada vez que los estudiantes y profesores salen a las calles es una oportunidad de enriquecer nuestro pensamiento, de apoyarlos y retribuirles su esfuerzo, unirnos a su reflexión social, democratizar la política, apropiarnos de lo público y devolverle la vida a las alternativas. Así como ocurre cuando se movilizan los indígenas, afros, campesinos y los trabajadores, uniendo mundos rurales y urbanos generalmente distantes.

Ojalá crezca y se multiplique el inconformismo social en cada territorio del país. Ojalá nos incomodemos cada día más, para que nuestras mentes dormidas se llenen de inquietudes y preguntas sobre el porqué de las cosas. Ojalá esto despierte nuestras ganas de buscar respuestas y de reaccionar a un mundo que se destroza cada día frente a nuestros ojos cerrados.

Tal vez entonces agradeceremos y nos alegraremos de que todavía existan los estudiantes.

Algunas reflexiones sobre el financiamiento de la educación pública:

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Imágen de portada: RT ()

      Periodista prueba

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