Tacamocho, el Gramalote del Caribe que se hunde (y nada que se reubica)

Tacamocho, el Gramalote del Caribe que se hunde (y nada que se reubica)

Tacamocho tiene la versatilidad de un río. Y no de cualquiera: la del Magdalena.

Como todos aquellos que viven en una ribera, los pobladores de este pueblo, apostado en lo más al sur y al este de los Montes de María, saben que su vida y su tierra están subordinadas a los cambios que traiga el cuerpo de agua que los baña.

Los tacamocheros más viejos cuentan, incluso, que, en los más de 200 años que tiene, el poblado nunca ha estado en el mismo sitio, sino que se ha movido a medida que el río cambia su cauce.

La erosión y las inundaciones son parte de su historia. Aunque no hay registro escrito del hecho, algunos relatan en concreto que, hace 80 o 90 años, el Magdalena se tragó la mitad del pueblo y que sus ancestros tuvieron que mudarse y reconstruir sus vidas.

Pero esa historia de erosión e inundación no ha parado desde la tremenda ola invernal del 2010 y el 2011, que cambió el comportamiento del río y ya lleva destruido medio Tacamocho.

La iglesia, el parque principal, dos de las cinco calles que atravesaban el pueblo y más de 150 casas están bajo el agua.

Al igual que sucedió con el municipio nortesantandereano de Gramalote -que en el 2010 fue arrasado por un alud causado por las intensas lluvias de ese año-, la solución que han planteado las diferentes entidades del Estado involucradas es la reubicación total.

Esto no es una novedad a nivel local. Lo que hay que advertir es que aún se demora porque el cálculo es que la reubicación de los más o menos tres mil habitantes (eran cuatro mil hace diez años) costará unos 100 mil millones de pesos, que deberá asumir en su mayoría el municipio, que apenas cuenta con un presupuesto anual promedio de 18 mil millones de pesos.

El problema es que está a punto de empezar una nueva temporada de lluvias en la región y la zozobra crece en los tacamocheros.

Llegar a Tacamocho

Llegar a Tacamocho, como pasa en casi toda la Colombia profunda, implica en mayor o menor medida una travesía.

Si uno está en Cartagena, debe tomar un bus durante dos horas hasta El Carmen de Bolívar y de ahí un carro que lo lleve hasta el municipio bolivarense de Córdoba, del cual Tacamocho es corregimiento.

Córdoba es un pueblo ubicado en las laderas orientales de los Montes de María que descienden a medida que se acercan al río Magdalena.

No hay una plaza de mercado ni grandes almacenes. Sólo hay casas residenciales en donde, ocasionalmente, hay una tienda que surte artículos básicos: enlatados, papel higiénico, agua en bolsa, pan, yogurt, entre otros.

La mayoría de sus habitantes (13.500 de los cerca de veinte mil que allí viven) está registrada como víctima del conflicto, pues el pueblo sufrió dos tomas guerrilleras a finales de los noventa y, comenzando el nuevo milenio, vivió bajo el imperio de los paramilitares.

La población vive de la ganadería, de la agricultura y su mayor empleador es el Estado que, acá, es representado por la Alcaldía que, desde hace más de veinte años, es controlada por el mismo grupo político.

Se trata del clan que dirige Ignacio ‘Nacho’ Becerra (tres veces alcalde de Córdoba), quien ahora tiene a su hija Karina de alcaldesa por Cambio Radical y a su hijo Ignacio, conocido como ‘el Happy’, de diputado de Bolívar por el Partido Liberal. “Ellos tienen todo eso. Nadie trabaja allá (en la Alcaldía), sino está con ellos”, asegura un cordobés que ha vivido la mayor parte de su vida en el pueblo.

Desde Córdoba, a Tacamocho sólo se puede llegar por dos vías sin pavimentar.

La más corta, y la que con más frecuencia usan los tacamocheros, es una trocha que corre paralela al río y es tan estrecha que solo puede ser recorrida en moto.

El tiempo que se demora un mototaxista en recorrerla depende de la temporada del año en la que se encuentre.

Ahora es verano y la moto deja a su paso una bruma de arena que se pierde entre el fulgor del mediodía.

A los pocos minutos de salir de Córdoba, hay un arroyo cuyas aguas sobresaturadas de sedimentos no permiten deducir su profundidad.

Alguna vez hubo un puente, pero se cayó. Ahora, el que hizo la propia comunidad está hecho de varas de madera, amarradas con cabuyas, que tienen la suficiente fuerza como para aguantar el peso de una moto. Sólo una moto a la vez.

Es vigilado por una pareja, por un hombre y una mujer que todos los días madrugan a ver quién pasa. Cobran cinco mil pesos por el trayecto de ida y vuelta.

-Esa gente trabaja duro, están ahí desde las cuatro de la mañana- dice el conductor de la moto.

-Y, ¿qué pasa si uno no paga?

-Pues, no te dejan pasar- responde entre risas.

Poco más de diez kilómetros río arriba, un árbol que flota en el río y bloques de tierra en proceso de desprenderse de la orilla avisan la llegada a Tacamocho.

El pueblo que se hunde

En donde antes quedaba la iglesia, hoy hay un remolino de agua perceptible únicamente por las hojas que giran y giran sin hundirse.

La iglesia se la tragó el río Magdalena y su caída, en junio del año pasado, quedó registrada en videos que hoy circulan en las redes sociales.

Al frente, había un parque con árboles en donde muchos tacamocheros se reunían cuando el sol caía y los pájaros cantaban con más fuerza. También había un barrio llamado San Martín y dos calles que atravesaban el corregimiento de sur a norte.

Todo eso está, hoy, bajo más de cinco metros de agua.

Héctor Jiménez, quien es uno de los líderes del comité #TacamochoSomosTodos creado para llamar la atención sobre la tragedia de Tacamocho, perdió la casa que construyó con sus propias manos en 1984 y en la que vivía con su madre y su nieto. Pero no la perdió por completo.

Como todos los tacamocheros que ven que el río va desgarrando el piso alrededor de sus casas, Héctor cogió un martillo y un cincel y, ladrillo por ladrillo, la desbarató para volverla a armar en otro lado. 

Según los datos de la Alcaldía de Córdoba, desde que la erosión se incrementó hace cuatro años de Tacamocho se han desplazado poco más de mil personas.

Hay, hasta el momento, 270 damnificados inscritos que ahora viven en algún otro pueblo y en 2017 y 2018 recibieron subsidios de la Gobernación para pagar el arriendo de su nueva casa.

La Alcaldía, según el secretario del Interior Jorge Villamil, espera este año inscribir a otros 30 o 50 más y está gestionando para que la Gobernación siga pagando este subsidio.

Pero, ¿cómo se llegó a este punto?

El río busca su cauce

Jaime Ortega, tacamochero, exalcalde de Córdoba y quien ha liderado una acción popular para reubicar Tacamocho, cuenta que los primeros avisos de la erosión que vendría ocurrieron en 2007 cuando pedazos de la vía que conecta a Tacamocho con el corregimiento de Tacamochito empezaron a caerse.

Luego vino el Fenómeno de la Niña del 2010 y el 2011 que, según un estudio del Banco de la República, ha sido “la peor emergencia invernal en la historia de Colombia”.

Un estudio hecho por la Universidad Nacional muestra que, efectivamente, las causas de la tragedia que vive Tacamocho se remontan a esta ola invernal.

Las fuertes lluvias que, en esos años, cayeron sobre el país hicieron que el río anegara las tierras alrededor del meandro que tiene el Magdalena entre Tacamocho y Tacamochito.

Como esta inundación se prolongó por varios meses, terminó alterando las condiciones del suelo y, una vez se acabaron las lluvias, el río siguió corriendo por esas tierras en donde antes no lo hacía.

Así se veía el río Magdalena a la altura de Tacamocho en 2009 antes de la ola invernal.

Y así se ve después del 2012.

En últimas, el río cambió su curso y su fuerza, que antes golpeaba tangencialmente a Tacamocho, ahora le da de frente.

Eso explica el hecho de que las casi cinco hectáreas que habían entre Tacamocho y el Magdalena -que, cuando querían buscar agua, los tacamocheros debían recorrer en burro para no derretirse del calor- hayan desaparecido y la orilla del río sea ahora un cementerio de casas destartaladas.

La reubicación

El exalcalde Ortega puso su acción popular en 2015 contra el municipio de Córdoba, el departamento de Bolívar, Cormagdalena, la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (Ungrd) y Cardique, argumentando que el corregimiento y sus habitantes estaban ante un inminente riesgo.

El 25 de febrero de ese año el Tribunal Administrativo de Bolívar decretó como medidas cautelares que la Alcaldía de Córdoba, con el apoyo de la Gobernación, la Ungrd y Cormagdalena, debía hacer las obras que se necesitaran para prevenir futuras inundaciones. Pero cinco meses después revocó estas medidas para esperar el estudio de la Universidad Nacional.

La Universidad entregó los estudios el 12 de enero del 2016 y, siguiendo sus recomendaciones, el Tribunal decretó unas nuevas medidas cautelares que obligan a la Alcaldía, a la Gobernación y a la Ungrd a implementar un plan de emergencia que podía incluir, de ser necesario, la evacuación y reubicación temporal del municipio.

La Ungrd apeló esas medidas cautelares y el 2 de agosto del 2017 el Consejo de Estado las confirmó, aclarando que esta gestión le corresponde principalmente al municipio, pero que debe recibir el acompañamiento de la Gobernación y la Ungrd.

En mayo del año pasado, tres años después de que Ortega instauró la acción popular y cuando ya el río se había tragado gran parte del pueblo, el Tribunal falló ordenando a la Alcaldía, a la Gobernación y al Fondo de Adaptación a trasladar a Tacamocho a un sitio en donde no haya ni erosiones ni inundaciones.

La Gobernación , Cormagdalena y la Ungrd apelarón, y está en el Consejo de Estado para segunda instancia.

No obstante, aun sin la emisión del fallo definitivo, el traslado de Tacamocho ya está en marcha.

Desde enero de este año, la Alcaldía está haciendo, con sus propios recursos, los estudios de factibilidad para encontrar el lote de cuarenta hectáreas que necesitan para volver a construir Tacamocho.

Ya tienen uno en mente que, dado que pertenece a un privado, está en proceso de negociación.

Luego de esto, la Alcaldía debe hacer los estudios de detalle, incorporar el terreno al ordenamiento territorial y buscar con qué pagar esta reubicación que, calculan, costaría unos 100 mil millones de pesos.

La Gobernación, por su lado, ha dicho que apoyará este proceso con la construcción de las nuevas viviendas, que se creen que estarán listas para el 2020.

Por su lado, la Ungrd, en su función de acompañar la reubicación, visitó por primera vez el corregimiento en septiembre del año pasado, luego de que el presidente Iván Duque le ordenara a su director Eduardo José González, en uno de sus talleres Construyendo País, “analizar rápidamente la situación de Tacamocho”.

Ahora se acerca la temporada de lluvias y los tacamocheros ven venir una nueva oleada de erosiones e inundaciones -dicen que la tierra de la orilla del río se derrumba con mayor frecuencia en los meses de mayo, junio, noviembre y diciembre-, mientras aguardan, con impaciencia, la prometida reconstrucción de su pueblo.

La única certeza en este caso es que con o sin reubicación Tacamocho seguirá estando en las orillas del río, porque así lo dice el fallo de la acción popular y lo quieren sus habitantes. 

Por eso mismo, este pueblo y su río continuarán juntos y nunca estarán en el mismo sitio.

    Periodista prueba

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