Volvo va a la fija con el apuro de Peñalosa en Transmilenio

Volvo va a la fija con el apuro de Peñalosa en Transmilenio

La premura que tienen Transmilenio y el alcalde Enrique Peñalosa para renovar los buses más viejos del sistema, que llevan al menos 18 años circulando por las calles de Bogotá, terminará beneficiando a la multinacional sueca Volvo con un espacio fijo para vender de nuevo sus carros para la ciudad.

Un espacio que es el más grande de todos los que están en disputa y la llevará a poner, al menos, 3 de cada 10 buses nuevos, todos con diésel.

Eso ya está cantado a pesar de que falta un mes para que se conozcan los ganadores de la licitación, y quedó definido con las ofertas  que presentaron la semana pasada las empresas interesadas en operar los buses.

 

El Tunal: el lote del diésel

Transmilenio diseñó la licitación para que las firmas interesadas en traer los 1.441 buses nuevos presentaran propuestas por lotes de entre 112 y 440 vehículos, dependiendo del patio en el que vayan a ubicarse.

Esos patios son Américas (260 buses), Calle 80 (112), Norte (239), Suba (130), Usme (260) y Tunal Sur (440).

La ventaja para Volvo está en el lote del Tunal Sur, el que más buses tiene en juego y el que menos ofertas recibió, una de Estructura Plural Bogotá Móvil Provisión y otra de FCP / SGA Alternativo Compartimento TM.

Ambas son para usar tecnología diésel.

El primero está conformado por las compañías Fanalca (de poderosos empresarios caleños) y Transdev, unos viejos conocidos de Transmilenio porque son los principales dueños de Ciudad Móvil, actual operador de la fase 1 del sistema.

El segundo está conformado por un fondo de capital privado de la firma Sumatoria (recordada por ser la asesora de la Empresa de Energía de Bogotá en la recompra de la Transportadora de Gas Internacional -TGI- durante el gobierno Petro, que le valió a éste una formulación de cargos por parte de la Contraloría). Sumatoria, si gana, pondrá los buses que compre para que los opere Metrobús, otro actual operador de la fase 1 que pertenece al excongresista Henry Cubides Olarte, dueño de Envía y Easyfly.

Aunque está por verse cuál es la ganadora, cualquiera que sea la elegida le comprará los buses a Volvo, que para esta licitación sólo ofrece diésel y es la única que puede poner los buses en los apretados plazos que trae la licitación.

La principal razón para que esto ocurra tiene que ver, de acuerdo con Transmilenio y con una fuente que está participando en la licitación, con la necesidad de traer los buses nuevos lo más pronto posible y evitar seguirles prorrogando la vida útil a los que prestan actualmente el servicio y tienen problemas de contaminación y operación por su edad.

Eran buses inicialmente programados para rodar 800 mil kilómetros, pero con las prórrogas que hicieron Gustavo Petro y luego Peñalosa al comenzar su mandato, ahora es de 1,5 millones que se cumplen el año entrante.

Aunque con la nueva litiación no todos llegarán al mismo tiempo porque el cambio de flota será gradual, de acuerdo con el cronograma que estableció Transmilenio los primeros carros que deben llegar son los del lote Tunal Sur.

De los 440 que irán allí, debe arribar inicialmente una primera tanda de 336 vehículos en mayo de 2019. Así que si la licitación se adjudica en noviembre, como está previsto, el fabricante tendrá seis meses para comenzar a cumplir.

“La capacidad para producir ese número de carros en menos de un año sólo la tiene Volvo”, le dijo a La Silla Cachaca una fuente que trabaja para una empresa que está metida en la licitación y que nos pidió reserva para no comprometerla.

De hecho, como consta en los documentos del proceso, los dos oferentes que se disputan el lote del Tunal Sur ya cuentan con garantías de fábrica firmadas por los representantes de Volvo, confirmando que se acomodan a los tiempos de la licitación.

El de los fabricantes de buses es un mercado estrecho, pero para este caso se hizo aún más restringido porque aunque Scania también fabrica buses que sirven para Transmilenio, para la licitación sólo le apostó al gas.

Según la misma fuente, esa empresa les explicó que adaptar sus motores diesel a características Euro V (menos contaminantes que los que actualmente ruedan por Bogotá, que son Euro II y Euro III) le implicaba instalar filtros que aumentaban sus costos.

Esa decisión implicó que Volvo tuviera el camino despejado como el único fabricante de diésel, y que las empresas que le apostaron al Tunal sólo tuvieran la opción de comprarle los buses a esa firma para poder cumplir con el cronograma.

El ruido para el Alcalde

La del lote del Tunal, con sólo dos competidores y una única tecnología que terminará favoreciendo a un único fabricante, es una situación particular en esta licitación.

Al resto de lotes, cuyos buses tienen más tiempo para llegar, se presentaron entre cinco y siete propuestas de buses a gas (cuyo fabricante para esta licitación sólo será Scania), eléctricos (de la china BYD) y diésel.

De ahí que la competencia sea mayor y eso haga que en la puja por ver quién se queda con el negocio haya incertidumbre sobre quién será el ganador, y por lo tanto sobre el tipo de tecnología de los buses y su fabricante.

Es probable que, de los fabricantes, el gran ganador de toda la licitación al final sea Scania, dado que los vehículos a gas están en la mayoría de propuestas y es una tecnología más limpia que el diésel.

Sin embargo, eso sólo se sabrá el 2 de noviembre, cuando se celebre la audiencia de adjudicación, y por eso esa empresa no tiene aún nada fijo.

En cambio, que desde ya esté cantado que el lote más grande será a diésel y fabricado por Volvo tiene una connotación poco favorable para Peñalosa, así él no intervenga directamente en la licitación, por varias razones.

Primero, porque eso ocurre en medio de la tensión de su gobierno con quienes le pidieron una apuesta decidida por las tecnologías más limpias, desde la oposición e incluso desde partidos que lo apoyan, así como desde la sociedad civil.

Después de que la Organización Mundial de la Salud clasificó el diésel como cancerígeno, las voces para proscribir esa tecnología han aumentado, y se ha vuelto un argumento para la discusión política, por más que la Alcaldía haga énfasis en que al pasar de los niveles II y III al V la reducción en la contaminación sea mínimo del 80 por ciento.

Segundo, porque desde el comienzo de este mandato, la oposición a Peñalosa ha usado su anterior empleo como promotor de sistemas de buses tipo Transmilenio alrededor del mundo como una forma de relacionarlo con Volvo, ya que esa empresa lo incluyó en un comercial y el Instituto para el Desarrollo de Políticas de Transporte, que él presidió, recibía financiación, aunque mínima, de esa firma.

No se había terminado de posesionar cuando le tocó salir a desmentir que tuviera conflictos de intereses, hubo juristas que pidieron un alcalde ad hoc para tratar los temas de Transmilenio e incluso perdió una tutela que le interpuso al concejal del Polo Manuel Sarmiento por llamarlo “vendedor de buses”.

Lo que ocurre ahora en la licitación, sin embargo, lo ve la Alcaldía como algo prácticamente inevitable, le dijeron a La Silla en Transmilenio.

Independientemente del fabricante y la tecnología (aunque claramente serán más limpios), necesitan que los primeros buses lleguen lo más pronto posible, sobre todo porque para ese momento se irá terminando el plazo que tienen los buses más viejos para seguir rodando, que son más inseguros para los usuarios.

    Periodista prueba

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