El discurso de los ‘capuchos’ evidencia más la división en la Farc

El discurso de los ‘capuchos’ evidencia más la división en la Farc

A la inquietud que generó la incursión de un grupo de encapuchados en el campus de Bogotá de la Universidad Nacional  hace dos semanas, que se identificaron como integrantes de las Farc y cuestionaron a su dirigencia por haberse desarmado, se sumó un documento que propone reconstruir el Partido Comunista Clandestino Colombiano y que firman éste y las "Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia", como si todavía fueran una guerrilla en armas.

El documento lo difundió en su cuenta de Twitter la agencia Anncol, que en época de conflicto se dio a conocer por difundir comunicados y documentos oficiales de la entonces guerrilla. También lo retomaron páginas de izquierda y cuentas de Facebook de movimientos que hacen presencia en las universidades.

Aunque no se sabe si los encapuchados y los autores del documento están relacionados entre sí o son militantes de la Farc que están abogando, desde las ciudades, por volver a la clandestinidad al considerar que los traicionaron, en el partido no descartan que así sea. Y señalan como posible causa el inconformismo con la implementación del Acuerdo.

En todo caso, su discurso refleja el lado más radical de los bandos que chocan dentro del partido.

Los capuchos y la idea de revivir el PC3

La incursión de al menos 15 encapuchados ocurrió la mañana del miércoles 15 de abril en la Plaza del Che de la Universidad Nacional, en medio de una sorpresa general porque el proceso de paz había aplacado ese tipo de manifestaciones violentas con un carácter ideológico tan marcado, y justo cuando la vigencia de los “tropeles” como forma de protesta está en plena discusión.

Aunque la mayoría de medios registró el hecho por el caos en la movilidad que generó el enfrentamiento posterior de esas personas con la Policía, un video que divulgó RCN Radio mostró parte del discurso que uno de los hombres con el rostro cubierto dio antes de ese choque. Ahí dejó en evidencia que se reivindicaban como integrantes del Movimiento Bolivariano (que fue uno de los brazos urbanos de la antigua guerrilla de las Farc).

“Somos Farc, ejército del pueblo”, dijo el hombre encargado de transmitir el mensaje ante los estudiantes que lo escuchaban. “No somos esa Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común (el partido que crearon los desmovilizados de esa guerrilla), que puso en venta a Alfonso Cano”.

Y agregó: “Acá estamos los que somos radicales. Aquí estamos. Movimiento Bolivariano presente por la nueva Colombia. No somos disidencia, somos resistencia”.

Era un grupo pequeño en comparación con los que salían en época de conflicto, cuyos integrantes se contaban por decenas.

Pero más allá de eso, el documento que circuló días después en Anncol se complementa con el discurso de los encapuchados y se titula “Romper con los traidores y reconstruir el PCCC”.

Está fechado en julio de este año y su tesis principal es que el Acuerdo de La Habana fue una capitulación de la guerrilla y que “el desarme es un error irreversible e indefendible”.

Romper Con Los Traidores y Reconstruir El PCCC by Anonymous 5dGWFZxZD on Scribd

Como plantea que hubo una traición de parte del Gobierno de Santos y de la actual dirección de la Farc (entre quienes destaca a Rodrigo Londoño, Timochenko; Carlos Antonio Lozada y ‘Pastor Alape’), propone “reforzar la organización del PCCC, crear células en todas las esferas de la actividad, aunque sean poco numerosos”, así como “desarrollar una agitación revolucionaria que (...) movilice las capas populares, construyendo así, donde nos es posible, pequeños poderes populares, formas de autogobierno en barrios o veredas, poderes desde abajo, juntas de acción comunal, o lo que podríamos llamar soberanías populares”.

Es decir, volver al modus operandi que tenían las Farc como guerrilla en las ciudades.

Ese discurso es particularmente provocador porque en su Décima Conferencia, en 2016, las Farc acordaron hacer política de manera abierta, lo que implicaba la desaparición del Movimiento Bolivariano y del PC3, estructuras clandestinas que le sirvieron a la entonces guerrilla como brazos urbanos de trabajo político.

Además, esto ocurre en un contexto en el que el fenómeno de las disidencias armadas en el suroccidente y oriente del país ha adquirido un nuevo cariz debido a las evidencias de que sus jefes tienen la intención de trabajar de manera coordinada para “refundar” la guerrilla.

Hasta ahora, sin embargo, las autoridades no tienen indicios de que haya en Bogotá organizaciones como el Movimiento Bolivariano y el PC3 volviéndose a organizar, y menos que tengan algo que ver con las disidencias armadas.

En la Brigada XIII del Ejército, que tiene jurisdicción en la ciudad, le dijeron a La Silla Cachaca que “al menos hasta el miércoles pasado, cuando se celebró el consejo de seguridad entre el presidente Iván Duque y el alcalde Enrique Peñalosa, no se tenía conocimiento de movimientos de ese tipo”.

La posición oficial de la Farc ha sido la de expresar su firmeza para continuar en el proceso. Pero al tiempo, le dijeron a La Silla, no tienen cómo negar que eso pueda estar ocurriendo.

Las posibilidades en medio de las dudas

La incursión y el discurso de los encapuchados llevó a que el partido Farc, en un comunicado firmado “desde las aulas de la Universidad Nacional”, rechazara ese acto por considerar que los estigmatizaba y tergiversaba su historia y “lo que fue orgullosamente las Farc como una insurgencia (...) que hizo tránsito a la vida política legal afirmando como consigna que ‘nuestra única arma será la palabra’”.

Ya el 10 de agosto, el partido había publicado otro comunicado declarando que sus integrantes son “los legítimos herederos políticos de las Farc-EP”, y condenando el uso de sus “siglas o memoria” por parte de quienes se aparten de los acuerdos de La Habana.

 

La Silla intentó obtener un pronunciamiento de Farc en Bogotá para ahondar en el tema, pero al cierre de esta historia no había sido posible.

Sin embargo, hablamos con un exguerrillero que sigue en el partido y está en proceso de reincorporación; un exintegrante del partido que estuvo en el proceso para conformarlo; y una persona de la Nacional que conoce de cerca la dinámica de los movimientos estudiantiles.

Los tres concuerdan en que lo que dicen tanto los encapuchados como el documento coincide con una postura que existe dentro de Farc, y que en medio del proceso ha reivindicado la necesidad de regresar a la clandestinidad porque consideran que los engañaron.

La fuente del movimiento estudiantil nos aseguró que, por fuentes que conocieron la situación de primera mano, sabe que los encapuchados “hicieron parte del Movimiento Bolivariano”, que se suponía había desaparecido como parte del proceso de paz, y que por lo tanto tenían un vínculo con las Farc que viene de atrás.

“Era gente mucho más beligerante que el promedio, y hoy dicen que son las Farc originales”, agregó.

El exmilitante del partido añadió que a partir de las dificultades en la implementación del acuerdo, que en general en la Farc consideran que es un fracaso, se generaron fracturas que dieron paso a que sectores más radicales no sólo se sintieran traicionados, sino que “reclaman el derecho a usar los símbolos históricos de la guerrilla”, como una forma de hacerlos respetar ante los incumplimientos del gobierno.

Dentro del partido prefieren ser más prudentes y esperar a que haya una evidencia clara de que quienes salieron a manifestarse no son saboteadores y sí hayan tenido algún vínculo con las Farc.

Sin embargo, no descartan esa posibilidad.

“Yo siento que nos traicionaron y la desesperanza es algo que está pasando en Farc”, agrega el exguerrillero que consultamos y hace parte del partido. “Hay quienes le apostamos a darle un compás de espera a esto, pero es obvio que ante ese panorama gente muy politizada, muy ideologizada, puede reaccionar de diferentes maneras”.

Además de las fallas en la implementación, que en medio de esto fuera capturado Jesús Santrich por sus presuntos vínculos con el narcotráfico después de la firma del Acuerdo, ha sido el caldo de cultivo para que la diversidad de posiciones que existía desde antes se haya convertido en una división interna.

Esa divisón ha generado, como lo ha contado La Silla, al menos dos vertientes ya conocidas: la que lidera Timochenko, que le apuesta a mantenerse en el proceso por más dificultades que surjan, y otra que estaba en cabeza del detenido Jesús Santrich y de Iván Márquez, de quien hoy se desconoce su paradero y decidió no posesionarse como Senador, precisamente, porque no vio garantías.

El documento que plantea la necesidad de revivir el PC3 pone esa fractura en términos ideológicos.

“Hay una división entre una línea leninista y revolucionaria (que sería la de Márquez y Santrich) y otra revisionista y reformista (que sería la de Timochenko). Los que propugnan ‘la reconciliación’ son perniciosos, tanto para los obreros como para los campesinos pobres, y no cumplen su deber de liberar estas capas de la hegemonía liberal”.

“Esos son los mismos términos en que hemos hablado en las asambleas”, agrega el exguerrillero, que a su vez plantea que así como las disidencias armadas pueden tener unos intereses económicos, “otras pueden ser una respuesta política”.

Él, aunque admite que dentro del partido hay quienes “están pidiendo plomo”, aclara que los que más lo hacen son los que menos vivieron la guerra, haciendo referencia a que muchos militantes del Movimiento Bolivariano que trabajaron en las ciudades como cuadros de las Farc no supieron lo que fue vivir el conflicto en el monte. “Una cosa era ser del MB o del PC3, y otra era ser guerrillero propiamente”, resume.

En medio de esa división, y haciendo pública los 'capuchos' la postura más extrema y menos conciliadora del debate interno, llegará la Farc a su consejo nacional este fin de semana.

    Periodista prueba

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