La 'cloaca' de Twitter, diseccionada

La 'cloaca' de Twitter, diseccionada

Por Natalia Arbeláez Jaramillo | Adelaida Ávila Cabrera 10 de Diciembre de 2020

 

Decir que hay polarización en redes es un cliché. Muchos se refieren a Twitter como una ‘cloaca’ por el nivel de polarización y agresividad que se vive en esa red social. Es ya un chiste que la conversación sobre cualquier tema rápidamente deriva en atribuirle la culpa de la catástrofe a Álvaro Uribe o a Gustavo Petro.

Un estudio del Observatorio de Comunicación sin daño de la Universidad Javeriana muestra claramente “por qué esa red social no es terreno fértil para debates más sopesados”, como dice Oscar Moreno, profesor de la Universidad Javeriana. 

Moreno, con un equipo de periodistas, comunicadores y psiquiatras de la Facultad de Comunicación y Lenguaje y de la Facultad de Medicina, seleccionaron cerca de 102 mensajes (90 trinos y 12 post de Instagram) en torno a denuncias de violación de derechos durante la cuarentena como la discriminación en contra de personal médico y vendedores ambulantes, así como, la muerte de líderes sociales y excombatientes. 

Escogieron aquellos que pusieron conversación en Twitter entre marzo y septiembre de 2020 y poco más de 2700 comentarios en respuesta, que sirvieron como puerta de entrada para ver cómo interactúan las personas en esa red y la trayectoria de las discusiones. 

A partir del análisis del Observatorio y de la conversación con Moreno, La Silla Académica presenta estas seis observaciones sobre cómo se degrada la conversación digital.

Los trinos iniciales sientan la trayectoria del debate, que en todo caso suele exacerbarse

Tanto quienes ponen una conversación como los primeros que responden determinan de alguna forma el marco de la discusión, que en todo caso sufre una especie de efecto bola de nieve porque las características del primer trino tienden a exacerbarse en las respuestas siguientes. 

Es común que entre el primer trino y el último comentario la polarización vaya en un in crescendo, eso quiere decir que los que polarizan inicialmente marcan los decibeles futuros.  

Por ejemplo, el 13 por ciento de los 90 trinos que analizaron eran parcializados. Pero de los 2761 comentarios a estos trinos, el 82 por ciento lo eran. Es decir, que los que trinan determinan en gran parte los decibeles que tendrá la discusión.

Hay excepciones como se ve en los trinos de algunos defensores de derechos humanos como el padre Francisco de Roux, que aún cuando lamenta el asesinato de un excombatiente, sin usar un lenguaje polarizante, se producen comentarios en respuesta cada vez más agresivos e incluso ataques personales.

 

 

Los calificativos, las generalizaciones y las groserías abundan

Al lenguaje sencillo y directo que predomina en las conversaciones se suma el uso de adjetivos para descalificar a las personas, grupos o instituciones de que se habla. Así como, las expresiones que totalizan: “todos son iguales”, y los insultos. 

No hay mucho espacio para los matices ni la complejidad.  

“No se trata de tener una visión elitista según la cual solo los intelectuales y los sabios deberían conversar en Twitter sino de pensarnos cómo usar las bondades de las redes para disminuir los niveles de daño y aumentar los de dignificación”, concluye Moreno.

 

 

El rechazo a la violencia es de manera violenta

La mayoría de trinos y conversaciones tienen la finalidad de denunciar o visibilizar una situación que el tuitero considera indignante. Pero al hacerlo, suele legitimar la violencia como forma de resolver los conflictos, algo que termina siendo paradójico. 

Esto está relacionado en algunos casos con lo que los investigadores llaman el traslado del lenguaje guerrerista a la discusión de temas tan distantes como la pandemia.

“Deslegitimar la violencia por medio de expresiones violentas es un rasgo fundamental de las interacciones digitales. La pregunta clave es: ¿De qué manera superar el círculo vicioso que rechaza la violencia usando expresiones violentas?”, dice el investigador Moreno.

 

 

El mundo es un callejón sin salida

Las emociones predominantes son el disgusto, la ira y la tristeza. 

El amor, la alegría, la vergüenza no hacen parte prácticamente del repertorio. 

"Cada interacción es mucho más apocalíptica que la anterior y eso genera una desazón tremenda", anota Moreno

Algo que posiblemente tiene que ver con el predominio de las generalizaciones y también con que, como explica Moreno: “Twitter funciona a través de nichos de conversación, es decir, pequeñas burbujas de personas que piensan similar y que refuerzan mutuamente sus posturas y, por lo mismo, de mensajes fragmentados en lugar de visiones más panorámicas de la realidad”.

Los interrogantes para él son: 

¿Es posible equilibrar las emociones negativas que circulan en las redes aumentando la frecuencia de unas más positivas que suelen estar menos presentes?

¿Cómo canalizar las posturas parcializadas que buscan aumentar el poder de la denuncia hacia pensar en soluciones más esperanzadoras?.

No hay tiempo para el contexto

La mayoría de los tweets no contienen información que amplíe el marco de análisis ni tampoco explican el hecho al que se refieren a partir de su relación con otros hechos precedentes o con casos similares. 

Y lo que definitivamente no se hace es poner el ejemplo opuesto. 

“Esto se relaciona con la ausencia de contextos atados al suceso victimizante, al uso recurrente de etiquetas y estigmas para referirse al agresor y a la prevalencia del sensacionalismo-amarillismo”, explica Moreno.

Cuando se meten personajes que no están en el baile, se escala la discusión

Las opiniones no solo se dan en torno a los hechos que se denuncian, por ejemplo, o al trino específico sino que se suele aludir a personajes, generalmente de la política, que no están relacionados directamente con la situación. 

Cuando eso pasa, además de que desvía la conversación, se exacerban las expresiones de odio: “a pesar de que la mayoría de los comentarios responden al hito, hemos encontrado suficientes ejemplos en los que la respuesta a un actor específico se hace desde la polarización y las generalizaciones”, anota Moreno. 

“No sabemos si están reproduciendo relatos de violencia social en lo digital o si no tienen ninguna relación. El punto es que uno diría que es preferible que nos insultemos en las redes y no que dañemos al otro en persona, pero dado que las cifras no confirman que haya habido una disminución en este sentido, puede sostenerse lo contrario y es que el fenómeno en redes es una expresión más de una conflictividad social exacerbada”, concluye el investigador.

 

 

 

 

Para citar:

Cano Busquets, M., Gómez-Restrepo, C., Forero Ariza, M., & Sarmiento Suárez, M. J. (2020). Comunicarnos sin daño: convivencia y salud mental. Editorial Pontificia Universidad Javeriana. https://doi.org/10.11144/Javeriana.9789587815610

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