Petro sale de las locales sin consolidar su Colombia Humana

Petro sale de las locales sin consolidar su Colombia Humana
 

En medio de la discusión sobre ganadores y perdedores de las elecciones locales, Gustavo Petro ha reclamado como un triunfo los resultados de la Colombia Humana, que participó en las coaliciones que ganaron cinco gobernaciones y nueve alcaldías.

Eso a pesar de que en la mayoría de esas alianzas su movimiento no fue la fuerza fundamental para que esos triunfos se dieran, y de que hizo una apuesta perdedora en Bogotá, la ciudad que ya gobernó.

Y, sobre todo, de que tras reclamar cada tanto como un respaldo a su proyecto de país los ocho millones de votos que sacó en la segunda vuelta presidencial de 2018 (o al menos los 4,8 millones que sacó en primera), lo obtenido ahora está muy lejos de ser un reflejo de eso.

Sin embargo, teniendo en cuenta que en las elecciones locales hay lógicas diferentes, para sus militantes cualquier curul era ganancia en estas elecciones, partiendo de que hace cuatro años, cuando aún no existía como Colombia Humana, el petrismo apenas obtuvo un concejal en todo el país (Hollman Morris en Bogotá). Y además porque sin personería jurídica no recibieron plata del Estado para hacer campaña.

Pero más allá de los números, en Colombia Humana comienza una etapa de hacer balances, con la idea de abordar otros asuntos que esta campaña sacó a flote y que podrían dificultarle las cosas a futuro, como que no funcionaron de manera unificada como organización en todo el país, la falta de liderazgos locales, la reafirmación del caudillismo de Petro y la dificultad para organizarse en lo local tal y como lo hicieron para las presidenciales.

Todo eso con miras a las presidenciales de 2022, en las que seguramente Petro será candidato presidencial.

El golpe de realidad

Desde comienzos de la campaña, como contamos en La Silla Vacía, ya era claro que la Colombia Humana sufriría en estas elecciones el golpe de realidad de que en la competencia por alcaldías, gobernaciones y curules en concejos y asambleas no recogerían, ni de lejos, los 4,8 millones de votos que sacó Petro en la primera vuelta presidencial de 2018, y mucho menos los ocho millones de la segunda.

¿Dónde quedaron esos votos? Esta semana en La W Petro dijo que no se canalizaron sólo a través de los candidatos de su movimiento, sino con otros que también representaban cambio respecto a los tradicionales y las maquinarias, como en el caso de Daniel Quintero en Medellín (a pesar de que en esa ciudad tenían candidato propio: Jairo Herrán).

“El espectro político que permitió esos 8 millones de votos es amplio y estos corren por diversas rutas. No son de Petro, sino una expresión del anhelo del cambio en Colombia”, precisó.

Sin embargo, las realidades locales también dicen que en este tipo de elecciones tienden a primar lógicas diferentes a las presidenciales, con más maquinaria, por ejemplo. Y a eso se suman varias particularidades de Colombia Humana que hicieron más difícil consolidar el movimiento en ciudades y pueblos donde ganó Petro el año pasado.

La falta de liderazgos locales fuertes: Eso contrasta con el liderazgo nacional que demostró Petro en 2018.

“Mucha gente, incluso nuestros propios compañeros, inocentemente creía que en alcaldías y gobernaciones se podía replicar la votación de Petro”, le dijo a La Silla Máximo Noriega, líder del petrismo en el Caribe y que fue gerente de la campaña de Nicolás Petro, hijo de Gustavo, a la Gobernación del Atlántico.

Eso, y la negación de una personería jurídica que les permitiera dar avales, hizo que la apuesta fuera muchísimo más por hacer alianzas que por lanzar candidatos propios; y en buena parte de las coaliciones en las que participaron, ocuparon un lugar secundario y no fueron la fuerza que definió la votación de sus candidatos.

Es el caso de los triunfos de Jorge Iván Ospina a la Alcaldía de Cali y de Carlos Caicedo a la Gobernación del Magdalena, cada uno de los cuales tenía un impulso propio y no dependía del petrismo para ganar.

Y en Córdoba, por otra parte, terminaron aliados con gamonales de la talla de Musa Besaile, al respaldar la candidatura a la Gobernación del liberal Orlando Benítez, que ganó.

Esa dificultad para hallar liderazgos fuertes en las regiones también corroboró que, más allá de sus principios de trabajo colectivo, hasta ahora Colombia Humana sigue siendo un movimiento en el que Petro es prácticamente el único factor de cohesión de los votantes, y que cuando se trata de hallar candidatos locales es difícil llegar a consensos.

Un ejemplo es lo ocurrido en Manizales, donde la Colombia Humana que trabajó en la campaña presidencial se partió en dos por diferencias entre sus líderes. Una parte armó una lista con el partido santista Colombia Renaciente y se fue con el candidato verde, Carlos Mario Marín, que a la postre ganó; y la otra, con el candidato del Polo, Andrés Felipe Betancourt.

O lo ocurrido en Bogotá, donde ni Hollman Morris ni Jorge Rojas, los dos candidatos petristas que se lanzaron, generaron nunca un consenso entre las bases.

En Chocó, donde Petro ganó en las dos vueltas presidenciales y era alto el potencial de recoger el sentimiento anticorrupción, Colombia Humana ni siquiera lanzó candidato, por lo que sus simpatizantes terminaron dispersos entre varias candidaturas.

La falta de orden: La idea de Colombia Humana cuando celebró su fundación en septiembre de 2018 fue seguir operando como lo hizo en presidenciales: no con la jerarquía propia de un partido tradicional, sino en red, con grupos (que llaman “nodos”) de ambientalistas, animalistas, de mujeres, LGBT, entre otros, que se unen para trabajar electoralmente al tiempo que mueven gente desde sus propios escenarios.

En Putumayo la organización, donde Petro barrió en segunda vuelta, la organización se mantuvo y de hecho Colombia Humana armó una convergencia con todos los partidos alternativos (incluida la Farc) para llevar candidato único a la Gobernación, Andrés Cancimance, que aunque no ganó, quedó de segundo superando maquinarias tradicionales. 

Sin embargo, la organización en red también terminó siendo una dificultad para organizarse y tomar decisiones en estas elecciones.

“En Córdoba, por ejemplo, eso hizo que se convocaran dos asambleas para definir candidatos, y para nosotros era muy difícil saber cuál tenía la vocería”, le dijo a La Silla Ángela Robledo, Vicepresidenta de la Colombia Humana, que agregó: “nuestro reto es mantener una estructura no jerárquica, pero con un grado orgánico de organización que permita tomar decisiones”, agregó Robledo.

Hollman Morris, excandidato a la Alcaldía de Bogotá y del que Petro ya dijo que hará parte de las listas al Congreso en 2022, nos dijo que mantendrán la organización por nodos, “pero evidentemente estas elecciones construyen unos liderazgos en las regiones con base en los votos, y eso permitirá que en todo el país, con base en los que ganaron y los que no, se pueda construir un movimiento político con más sindéresis”.

Dedazos y caudillismo

Una de las cosas que más resaltó del movimiento de Petro en estas elecciones fue la forma como en varias regiones él definió candidatos por su cuenta y sin dialogarlo mínimamente, tal y como lo hizo Álvaro Uribe en el Centro Democrático.

Como contamos, eso ocurrió para las gobernaciones de Valle, Nariño, Córdoba, Sucre y Atlántico, y para  las alcaldías de Bogotá, Cartagena y Sincelejo.

Fue algo que no sólo reflejó el carácter caudillista de Petro, sino que, al menos en los casos de Bogotá, Cartagena, Sucre y Nariño, generó fisuras o rupturas dentro del movimiento que podrían costarle respaldo local a él en 2022.

Lo que pasó en esos casos fue que los candidatos a los que Colombia Humana les dio su respaldo no se definieron mediante asambleas, por medio de decisiones colectivas, como está contemplado en los estatutos, sino con un dedazo de Petro (para el caso de Bogotá, Hollman Morris dice que lo que pasó fue que no hubo tiempo ni recursos para hacerla).

Por eso en Colombia Humana se viene una discusión sobre la forma como se seguirán tomando decisiones.

Jorge Rojas, que fue coordinador político de la campaña presidencial de Petro y precandidato a la Alcaldía de Bogotá de Colombia Humana hasta que Petro escogió a Morris, lo definió como un “déficit de democracia” en una carta pública, en la que agregaba: “‪El desenlace antidemocrático de las candidaturas al Concejo y la alcaldía de Bogotá (...) puso de presente que la izquierda sigue girando alrededor de prácticas similares a las que impone la derecha en su quehacer político”.

En esa misma lógica, Ángela Robledo le dijo a La Silla: “tenemos el reto enorme de hacer realidad los estatutos y democratizar a Colombia Humana, no sólo por lo ocurrido en Bogotá, sino también, por ejemplo, en Nariño”.

Para Máximo Noriega, el dirigente petrista del Atlántico, el caudillismo de Petro no sólo opera desde él, sino también de buena parte de la militancia, que lo ve como el único que puede resolver asuntos en lo regional cuando los líderes locales no se ponen de acuerdo: “hubo líderes regionales que llamaban a Petro a decirle: ‘tenemos a un muchacho iluso pretendiendo ser gobernador. Necesitamos que des la señal de que no sea éste sino este otro’”.

Morris, por su parte, cree que una forma de dejar de depender tanto de Petro es que con la gente que se hizo contar en las regiones se pueden comenzar a constituir las direcciones municipales y departamentales del movimiento: “Eso puede hacer que no todo gire entorno a Petro”, dice.

Pero eso está por verse.

Al menos en Bogotá, la figura de Ángela Robledo se alzó como una voz capaz de disentir ante el dedazo de Petro a Morris, y aunque encontró resistencia entre quienes se mantuvieron con ellos dos, su respaldo a Claudia López sirvió para legitimar a la nueva alcaldesa ante otros seguidores de Colombia Humana que estaban dudosos (aunque es difícil medir en votos el efecto de ese apoyo).

Lo que está por verse es si el peso de Robledo termina diversificando las tendencias en el movimiento, sobre todo porque aunque en campaña presidencial ella se volvió una figura nacional como fórmula a la vicepresidencia de Petro, su incidencia este año se restringió a Bogotá.

Para ella, al menos, fue positivo lo que ocurrió: “La diferenciación entre Gustavo y yo sirvió porque a Petro le sirve que no lo pongan en el mismo lugar de Álvaro Uribe, como un caudillo, porque es un hombre que se conecta con el país de otra forma. Esto puede servir si se maneja bien”.

Sin embargo, todo está por hablarse y estudiarse. Ellos dos, por ejemplo, no se han reunido después de elecciones.

Para las presidenciales de nuevo pinta solo

Colombia Humana, además, comenzará una serie de asambleas locales que derivarán en una nacional, aunque aún no hay fecha. “Allá hay que hablar de todo esto descarnadamente; si no, haremos un acto ritual de fanatismo de izquierda para hablar de nuestro amor profundo por Gustavo Petro, y eso sí sería perder el tiempo”, agrega Noriega.

Son espacios para definir si las fisuras se convierten finalmente en divisiones o si, por el contrario, con el ánimo de montar a Petro en la Presidencia vuelven a hacer acuerdos mínimos para mantener el proyecto hacia adelante.

Sobre todo después de los buenos resultados de la Alianza Verde en las locales a nivel nacional, que muestran que los golpes de opinión contra las maquinarias tienen ese tinte que, en el juego nacional, ya se separó de Petro en 2018 cuando ese partido hizo un acuerdo con Sergio Fajardo y el Polo, una alianza que, todo indica, se mantendrá en 2022.

Petro contó esta semana que, en efecto, ante sus llamados a la unión al Polo y los verdes para esas elecciones, no ha obtenido respuesta, y que le apostará a captar al liberalismo de base, “el de Gaitán”, que ya hizo parte esencial de su estrategia en 2018.

Su base, sin embargo, seguirá siendo Colombia Humana, y para eso aún tiene que afinar muchas cosas en ese movimiento.

    Periodista prueba

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