De esto te hablaba Dilan cuando lo mataron

De esto te hablaba Dilan cuando lo mataron

Por Héctor Riveros 07 de Diciembre de 2019

Apreciado Iván:

Sé que estás pendiente del partido de "la mechita" esta tarde en el Pascual Guerrero. Para cualquier hincha rojo es, sin duda, un evento muy especial. Haces bien no yendo al estadio. Tocó por televisión. El corito que armaron contra Uribe los de la barra de Barón rojo en la tribuna sur es un antecedente de que de pronto la eventual alegría de una nueva estrella americana se te amarga.

Decidí publicar esta especie de carta abierta, que no encontré cómo  enviar a la conversación nacional, solo para recordar unos datos que en el Gobierno parecen desconocer o no recordar. Yo creo que no los debes haber oído antes porque los recordarías. Te ufanas de una memoria prodigiosa que te permite repetir las alineaciones de todas las estrellas del América. La ministra Angulo, que es una gran ministra, seguro las sabe. 

También decidí escribir porque he oído angustiado que ustedes no saben por qué es que tanta gente protesta en las calles. He visto que te montan unas reuniones, como la de ayer en Cali, (¿se sentía el ambiente de la final?) para que puedas repetir lo que has dicho desde la campaña y que un auditorio, conformado especialmente por hombres mayores, empresarios, que es una categoría de ciudadanos muy valorados por los que hacen las listas, te aplauda. Viejo, eso explica, en parte, por qué el 21 de noviembre y hoy, dos semanas después, no sabes de lo que te hablan, a pesar de que desde el primer día del Gobierno vas de reunión en reunión con audiencias que te seleccionan con cuidado.

Sé que hablaste con la hermana de Dilan cuando estaba moribundo en el Hospital San Ignacio, paradójicamente donde se generó tanta molestia entre los estudiantes porque fue ahí donde el Esmad se metió a los pasillos a echar gases, sin importar la suerte de decenas de pacientes, para asegurar que los carros pudieran transitar por la Carrera séptima. Esa conversación debió haberte servido para saber de qué te hablaba Dilan a gritos, para ver si oías. Él y sus compañeros intentaron llegar cerca de la Casa de Nariño confiados en que alcanzaras a oír, pero los sacaron corriendo. 

Dilan era un joven que había terminado la educación media pocos días antes de su muerte. Estaba en las calles, junto con decenas de miles de jóvenes de su edad, porque el grado que recibiría la siguiente semana lo dejaría formalmente en el grupo de los denominados NINIS: los que ni estudian ni trabajan, que según las estadísticas oficiales son al menos el 25% de los jóvenes entre 17 y 24 años.

Son unos 600 mil jóvenes en todo el país que están en esa circunstancia. Proporcionalmente, son muchas más mujeres que hombres y el problema es más grave en casi todas partes que en Bogotá. En Quibdó y Cartagena, por ejemplo, son alrededor del 30%.

En el departamento del Cauca, a finales del 2017, terminaron grado 11, como lo iba a hacer Dilan, más de 13.600 muchachos, ¡y solo 3.000!, sí viejo, ¡solo 3.000 entraron a la universidad!

En Bogotá se están celebrando unos 80.000 grados de bachiller por estos días y menos de la mitad de esos jóvenes entran a la universidad. Unos 25.000 de los que terminan grado 11 en los colegios públicos de la ciudad, como Dilan, engrosan cada año el grupo de los NINIS.

Mano, como le dijiste ayer a un periodista que te preguntaba por el ruido de las cacerolas: ¿de verdad tienes que ir a esas reuniones de la “Conversación nacional” para que te expliquen por qué es que hay tanta gente en la calle protestando?

Dilan todavía tenía esperanza y por eso salía a protestar a ver si por ese camino encontraba una opción. Brandon Cely, ese joven de 21 años, que servía en el Ejército Nacional, en cambio, la había perdido toda y decidió acabar con su vida. Julián Orrego, también de 21 años, el estudiante de la Universidad de Antioquia que murió por la explosión de los artefactos que manipulaba, había ya tomado el camino repudiable y condenable de usar la violencia. Nada justifica su actuación, pero para evitar que vuelva a pasar con otro joven quizás valga la pena saber que antes iba a donde podía a reclamar y protestar y sentía que nadie lo oía, y dicen que su madre soporta una delicada situación de salud que no es adecuadamente atendida por el sistema.

Sé que no has querido hablar en público del bombardeo ocurrido hace unos meses en el departamento del Caquetá en el que murieron al menos ocho menores de edad; que te has limitado a decir displicentemente que van a investigar lo que ocurrió “otrora”, pero si tienes un rato pide que te cuenten la historia de Yuliana, la joven de 16 años que murió allí. Por ahí de pronto hay pistas de qué es lo que hay que hacer para evitar que esas cosas pasen.

Si en estos días has visto las noticias, que están llenas del entusiasmo que hay en Cali y Barranquilla esperando el resultado de la final, habrás visto que todos los días hay alguna cifra que te ayuda a saber por qué resuenan las cacerolas: el domingo, los medios registraban que había crecido el desempleo, como ha ocurrido todos los meses desde que estás en la Presidencia; el lunes, que, según la Cepal, Colombia y Bolivia son los dos países latinoamericanos con más alta tasa de desigualdad; el martes, que asesinaron a otro ex Farc en el Cauca y que ya van casi 170 asesinados desde que firmaron el acuerdo que te niegas a mencionar; el miércoles, que asesinaron a otro líder social, ahora en San Vicente del Caguán, donde hay una ola alarmante de violencia homicida; el jueves, que, según las pruebas Pisa, disminuyó la calidad de la educación; el viernes, que, según lo reveló el director del DANE, el 47% de los trabajadores gana menos del salario mínimo.

Viejo, de esas vainas era de las que te hablaba Dilan cuando lo mataron, no te sigas haciendo el que no es contigo.

    Periodista prueba

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