Enredar y dilatar

Enredar y dilatar

Al presidente Iván Duque le fue bien esta semana en su táctica de deslegitimar al comité del paro, dilatar la negociación y convertir la protesta contra su gobierno en insatisfacción social. La jugada le da aire, pero no resuelve el problema, sino que lo traslada para el próximo semestre. ¿De qué lado estará la opinión en ese momento?

Resolver el problema significaba aceptar una derrota política y adoptar parcialmente una agenda que le es ajena al Gobierno a cambio de mejorar la gobernabilidad y asegurar la estabilidad. Duque prefirió mantener el pulso convencido que lo va a ganar.

La histórica movilización de estos días no parece haber sido suficiente para conseguir del Gobierno un compromiso para implementar sin ambages el Acuerdo con el que se desmovilizaron las Farc, ni para matizar la política económica basada en incentivos a los empresarios, ni para innovar en políticas sociales o educativas, ni para ampliar su compromiso ambiental, ni para revisar los métodos de la fuerza pública en el combate a los grupos armados ilegales o frente a la protesta social, ni para que sea más audaz en materia de lucha contra la corrupción.

Normalmente en términos institucionales, los cambios de las políticas gubernamentales se definen en las elecciones por lo que habría que esperar el 2022 para que se resuelva el pulso, salvo que la correlación de fuerzas se exprese en otros poderes públicos distintos del ejecutivo o en las calles.

Las fuerzas de oposición tratan de forzar la modificación de las políticas oficiales a través de distintos métodos, así lo hizo el uribismo con el proceso de paz a pesar de que Santos había recibido un mandato electoral de suscribirlo. Estuvieron a punto de lograrlo, pero la movilización ciudadana en favor del acuerdo después del resultado del plebiscito y la mayoría del congreso lo impidieron. La correlación se resolvió en favor del acuerdo con las Farc.

Duque quedó contra las cuerdas después del sorprendente y masivo rechazo a su gobierno que se expresó en el paro, sin embargo, ha tomado aire para intentar no cambiar sus políticas. Ha conseguido que, por ahora, la “conversación” sea con “la sociedad” y no con los promotores del paro. Ha impuesto el relato de que la protesta es contra “la situación” y no contra el gobierno y ha comprado tiempo que es útil por la época del año que facilita que todo se suspensa durante más de tres semanas.

Desconocer al comité del paro resulta posible porque parte de un argumento sofista fácil de vender ante el hecho indudable de que el paro desbordó a sus organizadores. Sectores que apoyan al Gobierno reclaman su derecho a participar en “la conversación” y los argumentos para excluirlos son difíciles de sostener ante la opinión pública. 

La falta de peticiones concretas permitió que el gobierno hábilmente construyera el relato de que la gente estaba reclamando más bienestar y no que estaba protestando por la gestión de Gobierno. Eso abrió la puerta para decir que los problemas eran estructurales y que no habían sido creados por el Gobierno. Es más, el Gobierno ha dicho que, al menos parcialmente, comparte las preocupaciones de los marchantes.

El Gobierno dilató la negociación y la convirtió en conversación. Duque confía en que el paso del tiempo debilita la movilización y que los cambios que tendrá que introducir serán menores.

Incluso el Presidente presentó como “concesiones sociales” un conjunto de iniciativas que serían introducidas en la reforma tributaria, las cuales en realidad eran originalmente propuestas de su campaña, varias de las cuales no habían tenido ambiente para ser aprobadas. Curiosamente ocurriría lo contrario de aquello para lo que es un paro, que es que el Gobierno cambie sus políticas por falta de apoyo, aquí resultaría que el gobierno completa el apoyo que no tenía para sus propuestas.

Un indicador en el corto plazo sobre cómo está la correlación de fuerzas es si Duque consigue que se apruebe o no el proyecto de reforma tributaria. Será un round que se juegue en las siguientes dos semanas. El proyecto es el corazón de la política económica contra la que supuestamente se realizaron las movilizaciones de estos días. Es un proyecto regresivo que, como escribió el ex ministro Juan Camilo Restrepo, a diferencia de lo que están haciendo en Chile donde le suben los impuestos a los ricos, aquí se los bajan.

Si la protesta ciudadana y el ruido de las cacerolas no consigue detener su aprobación o que se le introduzcan modificaciones importantes, el Gobierno podrá cantar victoria en el corto plazo: habrá dilatado la atención de los reclamos y demuestra que la correlación de fuerzas entre los factores de poder sigue de su lado.

Ganar este round no significa, sin embargo, asegurar el triunfo final. Al contrario, podría significar un aumento de la tensión social que haga variar el equilibrio de fuerzas en el futuro próximo y que quizás no se logre atender con paliativos como tres días sin IVA o un proyecto para mejorar el programa Colombia Mayor.

En el primer round de la pelea pactada a quince, el Gobierno quedó contra las cuerdas y perdió ampliamente, en el segundo -el de la semana que está terminando- logró recuperar aire y asestar dos golpes importantes, el martes arranca el tercero…..no olviden, son quince.

    Periodista prueba

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