Develada la trama

Develada la trama

El Fiscal, Néstor Humberto Martínez, en su obsesión por desprestigiar la Jurisdicción Especial de Paz, llevó la situación a un extremo tal que acabó con el artificio que les había servido a los opositores del acuerdo con las Farc para que a una gran parte de la ciudadanía le parecieran injustas las condiciones pactadas.

El caso Santrich era la prueba reina de que a esa guerrilla se le había concedido una patente de corso para delinquir y que todo estaba diseñado para garantizar su impunidad, cuando de pronto la propia Fiscalía renunció al libreto de la especie de inmunidad que impedía actuar contra los ex combatientes y asumió que tenía todos los instrumentos para perseguir penalmente a un ex combatiente que cometa delitos con posterioridad al acuerdo y llevarlo a la cárcel, como ocurriría con cualquier otra persona, si logra entregarle al juez de garantías las pruebas que sustenten una medida de aseguramiento.

Llevamos años oyendo que a los ex Farc se les concedió total impunidad y en éste caso en particular, Martínez ha afirmado durante más de un año que, a pesar de tener pruebas “contundentes” que demuestran que Santrich cometió el delito de narcotráfico, la Fiscalía solo podía capturarlo con fines de extradición y no hacer lo que le corresponde hacer cuando alguien comete un delito en una casa del barrio Modelia de Bogotá, que es investigar y procurar su sanción judicial.

Hasta ayer repitió el engaño en todos los medios de comunicación, que incluso han publicado las entrevistas después de que quedó en evidencia el truco. Anoche en el programa Pregunta Yamit, que había sido grabado previamente, repetía los argumentos que ya se había probado, un par de horas antes, que eran falsos.

Ya se presagiaba que estábamos a punto de presenciar esa desconcertante escena, no muy usual, en la que, por algún error, el mago queda en evidencia en la parte más álgida de la prueba, cuando en las primeras entrevistas le preguntaron a Martínez si el video que entregaron desde la Fiscalía, un par de horas después del pronunciamiento de la JEP, estaba en el expediente que cursaba en esa jurisdicción y contestó que ¡no! ¡NO se le había entregado a la autoridad que tenía que certificar la fecha de la ocurrencia de este la prueba clave de la comisión de un delito por parte de Santrich!

El ocultamiento de pruebas claves denotaba el propósito de llevar a la JEP a una situación extrema, que había sido anunciada por el propio Martínez desde hace meses cuando prometió que al día siguiente de que se pronunciaran los magistrados revelaría las pruebas, como en efecto lo hizo parcialmente.

Martínez también tuvo dificultades para contestar la repetida pregunta de porqué si el delito se habría cometido en Colombia y él afirmaba tener las pruebas que lo demostraban no abría un proceso contra Santrich y pedía su detención preventiva. Hizo uso del histrionismo propio de los abogados penalistas, rebuscó términos, usó expresiones en latín con lo que pretendía ponerse en situación de superioridad frente al entrevistado y evadir la respuesta.

La verdad es que la Fiscalía estaba omitiendo el cumplimiento de sus deberes como quedó probado ayer en la tarde, cuando el Fiscal encargado armó un caso, pidió las autorizaciones al juez de garantías, ejecutó la captura de Santrich y ahora tendrá que develar las pruebas ante un juez de garantía, en una audiencia que es pública, y los colombianos podremos saber si el ex Farc cometió el delito de narcotrafico como parece inferirse del video que no le entregaron a la JEP.

Los propios magistrados, que habían concedido la garantía de no extradición ante la imposibilidad de certificar lo que debían constatar, habían indicado que la investigación y el juzgamiento en Colombia era lo que correspondía hacer. Cometieron el error de enviar el expediente a la Corte Suprema porque asumieron que Santrich tenía el fuero de congresista que no ostentaba por no haberse posesionado aún.

El jefe negociador en nombre del Gobierno colombiano, Humberto De la Calle, insistía que en el acuerdo no concedía ninguna ventaja a los reincidentes y que por tanto se debía adelantar un proceso penal por las autoridades colombianas. Martínez mientras tanto se arropaba en un halo de indignación poco creíble y aparentaba exhibir la prueba de la impunidad acordada.

Como ya se dijo, la actuación de la propia Fiscalía probó suficientemente bien que si un ex combatiente de las Farc infringe nuevamente las leyes está sometido al peso de la justicia, con el mismo rigor y con las mismas garantías con que debe afrontarlo cualquier ciudadano colombiano.

Si en vez de tratar de desprestigiar a la JEP, Martínez hubiera tomado las pruebas y las hubiera llevado ante un juez hubiéramos evitado el enorme costo institucional que ha generado este caso y Santrich ya hubiera sido declarado inocente o culpable. La redacción ambigua del comunicado de la Fiscalía en el que insinúa que aparecieron de la nada nuevas evidencias, para disculpar a Martínez, no suena creíble.

El truco que propuso el Fiscal resultó tan riesgoso que lo dejó en evidencia y de paso a todos los que pregonaban la impunidad para conseguir que la ciudadanía se indignara contra el acuerdo.

El Presidente Duque, que ha sido miembro destacado de ese grupo, duró calculando cuatro horas las pocas palabras que pronunció anoche tarde y trató de aparentar que la captura de Santrich le daba razón, cuando en realidad le contradice sus afirmaciones de años: las Farc narcotraficaron en total impunidad durante décadas, mientras que cuando alguno de sus miembros lo intenta hacer ahora lo someten a la justicia rápidamente gracias al acuerdo.

Martínez, Duque, Uribe y todos los demás deben tener la cara del mago descubierto y el público debería empezar a abandonar la sala decepcionado del espectáculo. Si ese fuera el resultado de este sainete bien habría valido la pena.

 
    Periodista prueba

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