“Nos tocó obligarnos a la fuerza a repensar en cómo nos relacionamos con la naturaleza”

“Nos tocó obligarnos a la fuerza a repensar en cómo nos relacionamos con la naturaleza”

Entre los muchos de los interrogantes que ha traído consigo el Covid, uno de los más estructurales ha sido aquel que cuestiona nuestra relación con la naturaleza. 

Siguiendo nuestro especial sobre el ‘El futuro del futuro’, La Silla Vacía entrevistó a Juan Camilo Cárdenas, economista ambiental de la Universidad de Los Andes. Este experto en economía del comportamiento, que trabajó con Elinor Ostrom, la Nobel en economía experta en gobernanza de los recursos y los dilemas de acción colectiva, acaba de terminar un paper sobre las ventanas de oportunidad para una senda sostenible de crecimiento que abre para los próximos diez años esta pandemia que frenó en seco el mundo.

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La entrevista fue editada para mayor claridad.

La Silla Vacía: Durante esta pandemia hemos visto como la gente circula fotos de zorrillos o venados en la ciudad y la emoción que esto produce. ¿Significa eso que a partir del Covid, cambiará nuestra relación con la naturaleza? ¿O es esto simplemente una señal más de la ruptura que hemos tenido con ella?

Juan Camilo Cárdenas: Yo creo que es una ruptura. Más que atreverme a hacer una predicción, puedo hacer la invitación a que nos demos cuenta que esa ruptura que venimos acumulando ahora se volvió notable; y, más allá de que los animales estén apareciendo por los entornos urbanos, o que de pronto nos parezca que los pajaritos están cantando más, es que estamos poniendo un poquito más de atención.

Es cierto que por el confinamiento ha habido, por así llamarlo, una oxigenación de muchas actividades.

La Silla Vacía: ¿A qué se refiere?

Juan Camilo Cárdenas: Estamos viendo una mejor calidad de vida en muchas ciudades de América Latina y el mundo. Pero, además, estamos encontrando que es probable que las emisiones industriales en los cuerpos de agua hayan mejorado. Por ejemplo, estoy revisando unos datos de la calidad del agua que llega a la planta de tratamiento de Tibitoc y, efectivamente, la contaminación ha bajado. 

Entonces, sí, están pasando cosas. Esas cosas van a volver a un nuevo normal, pero no va a ser el mismo normal de antes. La gente, a fuerza de lo que estamos viendo, está encontrando que de pronto puede cambiar sus formas de transporte, o más aún, que nos va a tocar cambiarlas. 

De pronto, también nos tocó obligarnos a la fuerza a repensar en cómo nos relacionamos con la naturaleza. Y ahí va a haber una gran invitación a reconocer que nuestra relación con la naturaleza estaba muy desbalanceada. 

El hecho que un virus, que logró pasar de circular entre animales hasta llegar a los humanos, haya paralizado a un planeta, nos tiene que dar una señal de humildad con lo que nos rodea. De dejar esa pretensión antropocéntrica que podemos controlarlo todo.

La Silla Vacía: ¿O sea que la crisis que estamos viviendo por el coronavirus tiene una íntima relación con un desbalance en nuestra relación con la naturaleza? 

Juan Camilo Cárdenas: Totalmente. Yo creo que el desbalance en la forma como respetamos menos las relaciones ecosistema-humanos ha invitado a que cada vez seamos más frágiles en vez de más fuertes. 

Construimos un aparato económico industrial de 200 años, sobre todo desde la revolución capitalista industrial, en el que nos metimos en la cabeza que podíamos dominar la naturaleza. 

Sin embargo, hoy somos mucho más frágiles frente a la naturaleza porque grandes eventos extremos naturales están cada vez amenazando más la tranquilidad de los seres humanos (desastres naturales, cambios de temperaturas más fuertes y eventos climáticos extremos asociados a huracanes).

La Silla Vacía: ¿Qué le hace pensar que dada la crisis económica que se avecina, la apuesta no sea por las industrias extractivas, la minería ilegal y la deforestación?

Juan Camilo Cárdenas: El optimismo es en el sentido de invitarnos a tener esta conversación como sociedad, en el contrato social y modelo económico que tenemos. 

Pero ese optimismo tiene que ser muy cauteloso porque hoy ya están pasando cosas, como por ejemplo, la deforestación en la Amazonía, que está disparada. Hay modelos políticos, como el que está sucediendo en Brasil, detrás del cual está Bolsonaro con una agenda política y económica muy clara, que están a favor de acentuar las actividades extractivas y de hacer presión sobre la frontera agrícola de la Amazonía. 

Por un lado, ante la pandemia, la deforestación ilegal está encontrando un ambiente muy apropiado para expandir la frontera agrícola y para aumentar la ganadería y los cultivos ilícitos. Eso se debe principalmente a que el aparato estatal está limitado por la pandemia porque está teniendo que enfocarse en atender las urgencias de la salud. 

Por otro lado, hay políticas estatales que pueden también estar amenazando estas posibilidades de encontrar una senda de recuperación de un nuevo estadío económico más sustentable. 

Por ejemplo, la propuesta gubernamental de reforzar el plan de termoeléctricas para atender la posible escasez de producción energética asociada a la reducción del nivel de los embalses. Este es un claro mensaje general de que vamos a reemplazar lo importante con lo urgente.

Yo sí creo que hay urgencias que hay que atender, pero esas urgencias no nos pueden desviar la atención de que, por ejemplo, este país tiene que construir una agenda de transición de la matriz energética hacia renovables. Tenemos riqueza hidroeléctrica para poder potencialmente producir una energía más limpia que la energía producto de fósiles como el gas y el petróleo.

La Silla Vacía: El Centro de Desarrollo Sostenible para América Latina sacó una encuesta que muestra que la mayoría de latinoamericanos prefiere los gobiernos que privilegian la defensa del medio ambiente sobre el empleo. ¿Cómo se explica la contradicción entre eso y todas las tendencias contra el ambiente? 

Juan Camilo Cárdenas: Yo diría que tiene que ver con la paradoja de la abundancia: tenemos una gran oferta hídrica natural, bosques de conservación, altísimos niveles de biodiversidad, áreas protegidas por el Estado y la sociedad civil, pero al mismo tiempo, hay unos procesos de degradación que son preocupantes. 

Es cierto que en América Latina hay una conciencia ambiental que puede ser por lo menos preliminarmente promisoria, no gratuitamente. 

Muchos de los procesos jurídicos constitucionales en América Latina han sido los primeros pasos de una nueva oleada que hay, por ejemplo, para darle derechos constitucionales a la naturaleza. Ecuador lo hizo, Bolivia lo hizo y Colombia ya lo tiene. 

Es una región que en varias instancias ha empezado a mostrar que hay otros modelos económicos. Toda la idea del discurso del buen vivir como modelo, que se originó en las culturas andinas indígenas como reflejo de algo que puede ser una forma distinta de relacionarse con la naturaleza, está empezando a permear. 

Se están saliendo del entorno del movimiento puro indígena y se está empezando a discutir si un río, o la naturaleza misma, es sujeto de derechos. Esto va mucho más allá de la visión utilitarista de aprovecharse de la naturaleza, y yo creo que eso es muy diciente. 

Con esto no estoy diciendo que América Latina sea el paraíso de la conservación; hay procesos de degradación graves. 

Y ahí está de nuevo la paradoja la abundancia: tenemos tanto que a veces no lo valoramos y lo degradamos rápidamente. Sin embargo, todo esto es un proceso. 

Hace años en Europa arrasaron con todos los bosques, y aunque les tomó un buen tiempo recuperar conciencia, los fueron recuperando y hoy tienen más bosques que los que tenían hace 100, 200 y 300 años.

La Silla Vacía: Dice que la crisis del coronavirus nos ha abierto varias ventanas de oportunidad para que haya una senda de crecimiento más sostenible para la región. ¿Cómo aterrizaría esa oportunidad en el transporte?

Juan Camilo Cárdenas: El transporte refleja los modelos de sociedad y de ciudad. Invertimos tanto tiempo en transporte, que lo empezamos a aceptar como que ese es el deber ser y que nos tenemos que aguantar tres o cuatro horas diarias para poder desplazarnos del hogar al trabajo. La pandemia nos bloqueó eso; nos puso en anidamiento dentro de las casas y empezamos a pensar qué estaba pasando con el transporte. 

Ahora, obviamente esto tiene una diferenciación por grupo social muy particular. Es verdad que no todos los oficios pueden hacer teletrabajo ni cambiar de lugar geográfico para reducir la huella de carbono que genera el transporte, pero no significa que ese sea el caso de todos. Hay estudios que demuestran que hay ciudades latinoamericanas donde una fracción de gente sí podría cambiar sus modos de transporte.

La situación actual explotó aún más la posibilidad de que la bicicleta sea considerada un medio de transporte válido y que el micro transporte con medios electrónicos de pequeña escala, como patinetas y bicicletas eléctricas, bien articuladas con transporte masivo, sea una alternativa real en nuestro contexto. 

Y no estoy hablando solamente de Londres, que está invirtiendo cerca de 5 billones de libras para los próximos dos o tres años en el cambio radical del sistema de transporte en el Reino Unido; nosotros, atendiendo a nuestro contexto, también podemos hacerlo.

Es el momento para pensar en reconfigurar el cómo nos transportamos porque, desafortunadamente, el transporte es uno de los factores de contaminación más grandes de las ciudades.

La Silla Vacía: Habla que desde el mismo consumidor hay la posibilidad de cambiar el modelo para tener un consumo más sostenible. ¿A qué se refiere?  

Juan Camilo Cárdenas: En esto puede haber algo de optimismo, pero sustentado en datos. Hace poco estuve revisando las palabras más buscadas en Google y encontré que la palabra compostaje se disparó cuando comenzó la pandemia a mediados de marzo, y que palabras como shopping y hacer compras bajaron. Eso me llamó mucho la atención. 

Ahora que hemos vivido esta situación, creo que cada ciudadano podría hacerse la pregunta de si sería capaz de mantener su vida normal con la ropa que tiene en su ropero en este momento por los próximos dos años, sin tener que comprar ropa nueva.

La industria textil es uno de los grandes contribuyentes de emisiones y de efluentes por contaminación industrial en aguas. 

Yo creo que esta pregunta también es válida para otras actividades de consumo. 

Pensemos, por ejemplo, el hecho de cocinar en la casa. Los datos de los supermercados muestran que la venta de productos para hornear en la casa está disparada.  

En ese sentido, la gente de pronto se está replanteando la idea de que puede haber una forma de retomar actividades al interior del hogar que implican menos consumo, pero que al mismo tiempo, cumplen con el objetivo de satisfacer las necesidades básicas. Es ahí donde está algo de mi optimismo de que esto nos está obligando a pensar cómo es que gastamos el dinero y qué es lo que compramos. 

Otra cosa que está bien activada hoy son las acciones de solidaridad. 

La gente se está dando cuenta de que hay personas que están necesitando ayuda y que el dinero que ahorran al consumir menos, pueden utilizarlo para ser solidarios con una familia que está pasando trabajos. 

De eso no he visto datos, pero es probable que se esté despertando un sentido de que el gasto cotidiano de consumo se puede reemplazar por otras actividades que son más significativas para la vida humana. 

La Silla Vacía: Ese cambio de consumo podría tener un efecto negativo sobre el empleo. Siendo así, ¿cuáles son las oportunidades de empleo que se abren en una senda más sostenible con la naturaleza?  

Juan Camilo Cárdenas: Creo que hay que ser muy creativos. Cuando llegó la máquina de vapor al norte de Europa y a Inglaterra, muchos se preguntaban qué iba a pasar con esa mano de obra gigantesca que estaba dedicada al cuidado de los animales, a los herreros y a los que manejaban las curtiembres. Les tocó ser creativos y poco a poco empezar a repensar cuáles eran los puestos de trabajo.

Yo creo que Colombia tiene oportunidades para replantear puestos de trabajo de industrias que después de esta pandemia van a, o deberían, tener una oportunidad impresionante de generación de empleo. Este es el caso del ecoturismo. 

Este país tiene la infraestructura física de capital natural más promisoria que uno se pueda imaginar para expandir el sector de turismo. Se podría absorber muchísima mano de obra, que podría capacitarse en muy poco tiempo para atender la cantidad de demanda que se va a venir cuando podamos recuperar la industria turística.

Por otro lado, una cosa maravillosa que ha sucedido es que ahora hay un mayor respeto por el sector salud. La salud es ahora una actividad económica importante, donde estamos viendo que no sólo hay unas brechas muy grandes, sino que además, que en regiones separadas del centro de este país, hay una demanda de profesionales de salud impresionante. Ahí debe haber oportunidades de absorber mano de obra. 

Necesitamos seguir mejorando los servicios de salud, pues esta no va a ser ni la primera ni la última emergencia económica importante que tengamos. 

Y así hay muchos sectores de la economía que podemos repensar. 

El cuidado en general, el cuidado del otro y el cuidado de la naturaleza son oportunidades económicas gigantescas para generar empleo. Lo que tenemos que hacer es ser creativos y buscar dónde están las oportunidades para los inversionistas y asegurarnos que estas estén basadas en un mayor respeto por nuestra relación con la naturaleza. 

La Silla Vacía: Usted que lleva años en contacto permanente con los jóvenes, ¿son ellos más conscientes de los riesgos que corre la humanidad por no respetar el medio ambiente? 

Juan Camilo Cárdenas: Sí, yo sí lo observo con los estudiantes, en general. Yo siento que esto es algo que además viene de la formación de la educación primaria y secundaria. Los muchachos de colegio de hoy en día tienen una conciencia ambiental impresionante, y llegan al nivel universitario, yo creo que con con esos genes, esas transformaciones, esos cableados emocionales y de mayor conciencia sobre temas ambientales, y eso se traduce en comportamientos de consumo con consecuencias ambientales mucho más sostenibles.

Entre los jóvenes el uso de la bicicleta ha ido aumentando; eso lo vemos en las universidades. 

También hay una mayor conciencia sobre temas de alimentación. La idea del vegetarianismo y el veganismo entre los jóvenes está creciendo, y en muchas ocasiones, esto se debe a razones ambientales, en las que incluyo las espirituales, las creencias y las de compasión hacia los animales, que yo no veía desde hace 10 o 20 años.

También vemos mayor protección por los animales. Hay jóvenes que hoy darían su vida por salvar la vida de animales callejeros que sufren de maltrato animal. Incluso, a veces se indignan más ante el maltrato animal que ante la violación de los derechos humanos. Y no lo digo despectivamente, lo digo en la idea de que los jóvenes están creciendo con una conciencia de entorno hacia la naturaleza más profunda, que se evidencia en varias de sus acciones. 

Sin embargo, creo que aún hay camino por recorrer. No creo que esto esté reduciendo las tasas de consumo de energía, de deforestación o las emisiones de carbono, pero sí creo que hay materia prima con qué hacerlo. En las motivaciones de los jóvenes hay con qué.

La Silla Vacía: Estos cambios individuales en el agregado terminan teniendo un impacto gigantesco, pero la tendencia negativa del cambio climático obedece a factores económicos fuera del control de la mayoría. ¿En los próximos 10 años esos factores económicos pueden cambiar?

Juan Camilo Cárdenas: Aquí cuando hablamos de lo económico es de la economía política; de quién ostenta niveles de poder para tomar decisiones determinantes. Y aquí hay varias cosas a tener en consideración, donde nosotros, por ejemplo, como colombianos o como país, jugamos un papel muy chiquitico en el juego geopolítico grande.

La guerra comercial China - Estados Unidos va a determinar mucho los mercados internacionales que van a tener efecto sobre el tema de cambio climático. También será determinante para fijar los precios del combustible y las posibilidades de consumo de petróleo y de combustibles fósiles. 

China es un país muy paradójico en materia ambiental: a veces son los buenos de la película y otras veces los malos. 

Los chinos han sido capaces de reducir con mucha efectividad los niveles de contaminación del aire de varias de sus ciudades con su sistema estatal autocrático, algo que no han logrado otros países industrializados del mundo. 

Sin embargo, al mismo tiempo, están construyendo plantas termoeléctricas a un ritmo más acelerado que cualquier otro país del mundo. China es capaz de tomar grandes decisiones de regulación y ponerlas en marcha, a diferencia de países con democracias y sistemas capitalistas, donde hay mucha más dificultad para poner en marcha eso. 

El tema de India también va a ser importante, y el problema es que entre China e India tenemos, más o menos, un tercio de la población mundial, con aspiraciones de crecimiento e ingresos per cápita que van a estar asociados a tasas de consumo de combustibles fósiles y consumo material. 

En el caso de Europa la situación es más promisoria, o al menos eso hemos visto en los últimos días con los paquetes de recuperación económica que la Unión Europea está moviendo, que yo creo que son mucho más amables y cercanos a los debates ambientales. 

Estoy hablando de Angela Merkel, pero también del Fondo Monetario Internacional, que acaba de sacar varias directivas que, según su directora, incluyen paquetes de recuperación económica. Ojalá la recuperación sea lo más verde posible e incluya el tema ambiental.

Por su parte, América Latina debe seguir comprometiéndose a ser el cuidador del gran pulmón del mundo que es la Amazonía. 

Esto como un ejemplo de que puede ser una promesa para cuidar cosas importantes a nivel planetario y, sobre todo, en materia de captura de carbono para reducir el cambio climático. 

Entonces, no hay un gran patrón mundial, lo que hay es muchos jugadores poderosos tomando decisiones de un lado y del otro. 

De pronto un cambio de gobierno en Estados Unidos puede ayudar. Si Biden logra ganar en noviembre, probablemente a cambiar mucho de esta guerra comercial y el tema de transición tecnológica para un modelo económico sostenible. 

Todavía toca ver qué va a pasar con esos juegos políticos en los próximos meses. 

    Periodista prueba

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