Las demoras en las pruebas de covid ponen más duro el arranque del rastreo

Las demoras en las pruebas de covid ponen más duro el arranque del rastreo

Por Camilo Andrés Garzón | Manuela Galvis 14 de Septiembre de 2020

La toma de pruebas para determinar si alguien está contagiado o no de covid se ha convertido en una prueba en sí misma para el sistema de salud en el país porque se han denunciado retrasos de 30, 40 y hasta 60 días en el procesamiento de los exámenes PCR (los más efectivos para detectar el virus).

Las pruebas son importantes ahora que el rastreo de contagios es central en la etapa de “aislamiento selectivo".

Pero justo en las últimas semanas el tiempo que tardan ha crecido, y eso pone a la nueva estrategia a arrancar medio a ciegas.

Incluso, a comienzos de agosto la Procuraduría abrió un proceso disciplinario contra 17 representantes legales de Entidades Promotoras de Salud- EPS- y funcionarios de las Secretarías de Salud de 18 departamentos, por demora en la entrega de más de 70 mil pruebas covid. 

En parte, esto se debe a que ha cambiado la estrategia con el "aislamiento preventivo" y la prioridad ahora no es hacer pruebas a todo el mundo, sino aislar inmediatamente a los casos sospechosos.    

Los cuellos de botella, según varias situaciones de personas que necesitaron hacerse una prueba, están en el entramado de instituciones que median el recorrido desde que la prueba es tomada hasta que llega al laboratorio.

Algunas funcionan bien, pero otras retrasan el proceso por acciones ineficaces, falta de control o de insumos.

Desde mayo, si un paciente siente síntomas de covid, puede tomar tres caminos para hacerse una prueba y comprobar si tiene el virus:

  • A través de las EPS o de la empresa de medicina prepagada, si tiene. 

  • Si tiene la plata, hacérsela directamente con un particular. 

  • Ir a una de las jornadas gratuitas de toma de pruebas en su ciudad, que no están disponibles en todas partes ni todo el tiempo. 

Si acude a su EPS, como miles de colombianos hacen a diario, el proceso está ocurriendo así:  

Como se ve, el proceso ha mostrado tener cuellos de botella que hacen que las pruebas regresen muy tarde, muchas veces cuando el paciente ya pasó por el peor momento de la enfermedad, como en el caso de Rina.

El camino largo de una prueba que no se sabe cuándo regresa

Nini Johanna Rina es docente en Villavicencio.

El 2 de julio tuvo fiebre y debilidad del cuerpo. Al tercer día, alertada, llamó a las líneas de atención del covid de su EPS, Gersalud.

Le contestaron apenas el 16 de julio, le hicieron una encuesta por teléfono, y concluyeron que tenía síntomas de covid y que debía esperar una llamada de un médico para acordar cuándo hacerle una prueba PCR.

Se quedó esperando mientras sus síntomas empeoraban: la fiebre subió, perdió el olfato y el gusto.

Sólo el 29 de julio la contactaron para hacerle la prueba. Fue en la puerta de su casa, porque la enfermera no quiso entrar. 

Mientras tanto, Rina se trataba con acetaminofén y nebulizaciones de eucalipto y pino para evitar ir a una clínica.

Cada tres días la llamaban por teléfono y le recomendaban ir al hospital, pero ella no quiso ni podía porque tenía que seguir dictando clases virtuales, pues en su trabajo le dijeron que solo le darían incapacidad si llegaba a una Unidad de Cuidados Intensivos.      

Un mes después de la prueba Rina sigue con fatiga y voz cansada, pero está mejor.

Su resultado llegó hace un par de días, casi dos meses después de que empezaron los síntomas. Sin sorpresas, fue positivo. 

Todo eso muestra el primer cuello de botella

Cuello de botella #1 : Los retrasos de las EPS y las IPS

 

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Un alto funcionario del Gobierno encargado de la gestión de la pandemia, quien nos pidió reserva porque no quiere comprometer su rol en la gestión del virus, nos contó que acá se ve falta de control de las EPS a sus proveedores que toman las muestras.

“Muchas veces no saben la fecha de toma de la muestra ni la de salida del resultado. Por ejemplo, una EPS a la que le preguntamos juraba que la muestra había sido entregada 5 días atrás y en realidad ni había salido del laboratorio en Bucaramanga", cuenta.

Gustavo Morales, presidente del gremio de las EPS, Acemi, responde que los retrasos de sus agremiadas no son por ahorrar plata (al comienzo de la pandemia las Secretarías de Salud las pagaban, pero luego se definió que deberían pagarlas las EPS).

Una prueba PCR le sale a cada EPS en unos 195 mil pesos, aunque suben si no tiene laboratorio propio y le toca contratar uno externo. También dependen de la logística para transportar las pruebas de un lugar a otro, y de lo que le tenga que pagar al fisioterapeuta o médico que toma la muestra. 

Desde comienzos del año, la Adres (la entidad pública que maneja los recursos de la salud) le gira por anticipado a las EPS un valor por persona que tengan afiliada, y de esa plata sale el pago para las pruebas.

Y, según Morales, alcanza, pero hay un desafío logístico: 

“Los trancones los detecto en dos causas principales: escasez de reactivos (la sustancia que se necesita para procesar químicamente la prueba), que faltaron en todo el mundo, y falta de talento humano, que en este caso son casi siempre virólogos especializados en biología molecular, que puedan procesar las pruebas desde el laboratorio”.

Morales explicó que no le parece justo señalar a las EPS como culpables de las demoras, porque es la primera vez que les toca esa tarea:

“Nos hemos tenido que mover en aguas inciertas sobre quién hace qué… nos ha tocado inventar en apenas cuatro meses todo un sistema de atención que pueda hacer esto”, dice. 

Y eso lleva a un segundo cuello de botella posible: los laboratorios.

Cuello de botella #2 : retrasos en los laboratorios

Juan Esteban Lewin, director editorial de la Silla, tuvo contacto hace un mes y medio con un familiar que dio positivo. 

Llamó a su empresa de medicina prepagada, un médico hizo una valoración de él y su familia a domicilio y les dijo que estaban bien pero que igual tenían que hacerse la prueba. 

Fue un día a hacérsela y pasaron los días.

27 días después lo llamó la prepagada para decirle que tuvieron una dificultad con el laboratorio al que fue a parar su prueba.

El resultado llegó la semana pasada, casi dos meses después de la toma de la muestra.

Le preguntamos a tres directores de laboratorios por las versiones que le echan la culpa de los retrasos, y nos contaron que los problemas no son de ellos sino que se dan por cómo les llegan las pruebas. 

El profesor Salim Mattar, investigador de la Universidad de Córdoba hace 21 años, nos contó que a veces lo llama gente a reclamarle que hace 17 ó 20 días se hicieron pruebas y no llegan los resultados.

Él les explica que el laboratorio no es el culpable, porque los resultados ya salieron del laboratorio días atrás.

Mattar maneja el único laboratorio avalado por el INS en Córdoba para procesar las pruebas, y ya van 5.700. 

En un día normal procesan entre 120 a 130, aunque en julio dejaron de hacerlo para el departamento.

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“Hemos invertido casi 600 millones de pesos en atender la pandemia. Somos un equipo de 12 personas. Quienes somos profesores titulares de la universidad no cobramos un peso por este trabajo, pero hay otras personas a las que sí hay que pagarles, y la Gobernación no nos está ayudando. Seguimos procesando pruebas pero para las IPS privadas que sí nos pagan”, dice. 

Mattar explica que su laboratorio toma unas 8 horas en procesar una prueba, contadas desde que la muestra llega, y que en máximo en un día ya están listas para entregarlas de vuelta.

Una fuente del Instituto Nacional de Salud nos contó que ellos hacen seguimiento a todos los laboratorios registrados y dice que están demorándose en este momento 24 horas, máximo 30 horas para procesar las pruebas.   

Para Mattar, el lío está en la falta de cuidado en la toma o el transporte:

“Nosotros rechazamos a diario el 5 o 7 por ciento porque llegan con el envase abierto, y entonces el virus puede que ya esté muerto o que la manipulación de la prueba por parte de la gente del laboratorio sea muy riesgosa”, dice

En otras ocasiones, las historias clínicas y las fichas epidemiológicas de cada paciente que les entregan las EPS vienen incompletas y eso también dificulta el análisis. 

El camino corto a través de los particulares

Otras personas, viendo los retrasos de las EPS, han optado por moverse a opciones privadas. Fue lo que le pasó a Carlos Miguel Gómez, profesor universitario.  

Cuenta que empezó a sentir fiebre, luego una debilidad que lo tenía tendido en su cama, y finalmente empezó a perder el olfato.

Con este último síntoma que sospechó que, a pesar de los cuidados, lo había alcanzado el covid. 

Carlos Miguel está afiliado a una EPS pero sabía que con ella el proceso se iba a demorar al menos 10 días.

Decidió acudir a una opción de la que le hablaron: le tomaban la prueba en un parqueadero en la calle 90, en Bogotá, sin tener que bajar de su carro.

Separó la cita por internet, llenando además un formulario con sus síntomas y haciendo el pago: una prueba PCR vale 290 mil pesos, y 85 mil una de sangre que sale en 10 minutos.

Él, sus hijas y su empleada doméstica se hicieron la cara, lo que le costó más de un millón de pesos, pero en dos días tenían los resultados.  

Maybelin Rojas trabaja en Coronapass, la empresa que hace las pruebas express en el parqueadero de la 90.  

Coronapass es el nombre comercial de una IPS enfocada en salud ocupacional que pidió a la Alcaldía de Bogotá el permiso para hacer pruebas extramurales, las que se toman fuera de los establecimientos de salud.

Arrancaron a trabajar hace mes y medio con esa autorización de la Secretaría de Salud.

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Al día reciben de 100 a 150 pacientes como Carlos Miguel, que aunque tienen EPS, prefieren pagar para tener las pruebas más rápido. 

“Creamos Coronapass buscando alternativas al problema de la congestión del sistema”, dijo Rojas. "La mayor parte de nuestros usuarios han intentado contactarse previamente con las líneas Covid de su EPS pero están colapsadas".

Otras alternativas han aparecido en sitios de ventas en línea como Mercado Libre o en redes sociales como Instagram en los que los kits de pruebas rápidas se venden, asegurando que tienen registro del Instituto Nacional de Vigilancia de Medicamentos y Alimentos (Invima). 

El Invima alertó, en meses pasados, que por internet estaban vendiendo pruebas rápidas sin registro sanitario o sin visto bueno de importación, y la Superintendencia de Industria y Comercio ordenó de manera preventiva a 23 comercializadores que cesaran su venta.  

En Mercado Libre ya no hay anuncios, pero en Facebook algunos usuarios venden diversas pruebas, en promedio a 90 mil pesos con la toma de la muestra, y a 45 mil pesos si se compran más de cinco.  

Diego Zambrano es uno de los que las vende en facebook con registro del Invima.

Contó que en los primeros meses del virus llegaron al país muchas pruebas sin ningún registro, hasta que el Invima decidió hacerlo obligatorio. Para los importadores, sacar el registro les tomó tres meses, por lo que estuvieron fuera del mercado ese tiempo. 

Sin embargo, Zambrano dice que muchas pruebas se siguen vendiendo sin registro sanitario.

Buscamos en Sanandresito, uno de los comercios informales más grandes de Bogotá y no se consiguen, pero supimos de muestras traídas de China que no tienen registro pero sí llegaron al país, como se ve en ésta imagen que nos envió una fuente y que muestra pruebas que dicen ser hechas en Austria. 

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Ahora que el país entra en una nueva fase de cuarentenas “selectivas”, como ha denominado el Gobierno, serán determinantes las pruebas para hacer el rastreo epidemiológico, aunque el Gobierno ha insistido en que lo clave ahora no es hacer muchas pruebas, sino aislar a sospechosos. 

Pero el riesgo es que con las demoras ese rastreo no sea tan efectivo porque no se sabe quién está infectado.

"Lo clave en este momento es hacer cada vez más pruebas PCR para garantizar el rastreo de contactos y los aislamientos. No hacer pruebas suficientes o entregar sus resultados tarde es fatal", dice Luis Jorge Hernández, doctor en salud pública de la Universidad de los Andes.  

Eso por no hablar de quienes terminan haciendo una prueba privada sin el respaldo de una IPS, y así dejan ciego al Gobierno para sus programas de rastreo. 

Por eso, el riesgo de los cuellos de botella de las pruebas está no solamente en que el Estado no se entere a tiempo dónde están y cuántos son los contagiados, sino que la gente se haga sus pruebas casi en secreto. 

    Periodista prueba

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