Gilinski recupera la lonchera

Gilinski recupera la lonchera

El regreso del periodista Daniel Coronell como columnista a Semana, quince días después de que Felipe López le quitó la columna por haber pedido públicamente explicaciones a la revista por no publicar el artículo que salió en The New York Times sobre falsos positivos, muestra que con el cambio de modelo de negocio de los medios la audiencia pesa más que el ego y el poder de los dueños.

El factor Gilinski y la victoria de la audiencia

Según tres fuentes conocedoras de la negociación (que no incluyen a Coronell, quien nos dijo que prefería no hablar del tema y quien tampoco dio mayores detalles en su entrevista con Juan Carlos Iragorri en RCN Radio, minutos después de publicar la nota), el actor clave para el regreso fue Gabriel Gilinski, el nuevo dueño de la mitad de Publicaciones Semana.

Desde el momento de la crisis, cuando en una llamada Felipe López le quitó la columna a Coronell, Gilinski empujó la búsqueda de un acuerdo para no perder al columnista. Finalmente lo consiguieron el director de Semana, Alejandro Santos, y la presidente de Publicaciones Semana e hija de Felipe, María López.

Gilinski, con su familia, acababa de meterle millones de dólares a la revista. Pero se topó con que su fundador había pateado la lonchera de esa empresa, pues su plan de negocios es cobrarle a la audiencia por sus contenidos y estaba sacando al que quizás es su principal activo.

 

Aunque, según dijo el mismo Coronell, Gilinski no tuvo nada que ver en la decisión de López de sacarlo, su imagen salió golpeada: opinadores como el novelista Héctor Abad habían señalado que los Gilinski podrían haber participado tras bambalinas, con argumentos como que el empresario quería acercarse al Gobierno Duque y la cabeza de Coronell era un gesto para ello.

El regreso de Coronell, en el peor de los casos, demostraría que si llegó a estar detrás de la salida, de lo que nadie ha mostrado pruebas, frente al rechazo de las audiencias las prefirió a ellas que a congraciarse con el gobierno de Iván Duque (suponiendo que a Duque le interesara la salida de Coronell, de lo que tampoco hay pruebas).

Sin embargo, nuestras fuentes coinciden en que Gilinski no estaba detrás de la salida de Coronell y, en cambio, propició la reculada, por lo que por ahora se quita ese fantasma de encima.

Eso es una buena noticia para él y su familia pero, sobre todo, lo es para la audiencia, que demostró su poder.

La decisión de López produjo una bomba de críticas a la revista desde parte de su audiencia e  incluso del segundo columnista más leído como es Daniel Samper Ospina y de periodistas como José Guarnizo, editor de Semana.com.

Semana en dos días perdió más del uno por ciento de sus seguidores totales en Twitter (y un porcentaje varias veces mayor de los seguidores activos, pues muchos de quienes siguen a medios son cuentas bots o inactivas); y quedó en duda su independencia periodística cuando expertos como Pedro Vaca, director de la Fundación para la Libertad de Prensa, o el constitucionalista Rodrigo Uprimny hablaron de una censura indirecta.

Pero, sobre todo, puso en riesgo el modelo de las suscripciones pues entre la audiencia se inició toda una campaña para cancelarlas, justo cuando la revista confía en que el muro de pago reemplace la caída abrupta en la pauta que se ha ido a Facebook y Google.

Esas críticas, sumadas a una reflexión interna, pesaron más que la postura firme de su fundador, de quien la revista no habla en la nota que informa del regreso de Coronell. Las audiencias le ganaron el pulso.

Y también ganaron porque Semana se vio a obligada a un mínimo de transparencia (sacó el editorial, hizo la lectura en simultánea de todas las columnas con discusión con lectores, publicó la nota de hoy) para contar decisiones y procesos internos, como demandaba la audiencia. Además, el director quedó notificado que si engaveta futuras investigaciones corre el riesgo de que la audiencia nuevamente le pase la factura.

Y no solo al director de Semana sino a cualquier director de medio que intente hacerlo. La audiencia demostró que es le contrapoder al poder de una prensa que mantiene el pacto tácito de no cubrir a los medios desde los medios, con la lógica de que los bomberos no se pisan las mangueras y que hacerlo es no solo desleal sino “arrogante”.

La audiencia gana, sobre todo, porque Coronell, uno de los mejores periodistas investigativos del país, vuelve a escribir en una revista que le da toda la visibilidad, y lo hace con su independencia recargada pues quedó claro que Semana lo necesita. También porque su regreso fortalece a Semana, una revista que ha destapado muchos de los grandes escándalos de este país.

Pero fuera de Gilinski y de la audiencia, todos los demás protagonistas de este episodio pierden, en mayor o menor grado.

La reculada de Felipe López

La Silla no pudo averiguar cuál fue la participación del fundador de la revista en la negociación para que regresara Coronell, pero él es quizás el mayor derrotado de toda la novela.

López, quien fundó Semana hace casi 40 años, nunca ha sido formalmente su director pero ha sido determinante en su elaboración, definiendo portadas o escribiendo artículos, incluyendo sus confidenciales.

Como principal accionista hasta la reciente negociación con los Gilinski, en la que las dos familias quedan con el mismo peso accionario, ha sido el principal responsable del éxito comercial y periodístico de una revista que fue fundamental en revelar escándalos como el de la ‘monita retrechera’ en el Gobierno Samper o el de las chuzadas del DAS o la parapolítica en el gobierno Uribe.

Su poder lo usó para decidir el fin de la columna más leída de la revista (y posiblemente del país), anulando, por lo menos públicamente, al director Alejandro Santos, que había trinado que Semana respetaba la libertad de opinión incluso cuando sus columnistas criticaban a la revista. Santos solo volvió a dar la cara públicamente hoy, cuando anunció el regreso de Coronell.

Según le explicó López pocos días después a María Isabel Rueda, lo hizo porque Coronell había sido desleal al decir que no le satisfacían las explicaciones que Santos le dió a La Silla, luego a él y después en Twitter, del por qué no publicaron el artículo que salió en The New York Times sobre falsos positivos.

Daniel no aceptó esa explicación. Eso equivalía a poner en tela de juicio la credibilidad de ‘Semana’ y en el periodismo, eso es todo”, dijo López el mismo día en que la revista publicó un editorial sin firma encarando el escándalo después de una semana de silencio. Según le dijo Coronell a RCN Radio, volvería a publicar una columna como la que llevó al enredo, si hay circunstancias similares, lo que muestra que López al final perdió la partida.

Además, como López encabezó esa decisión y la justificó públicamente, el anuncio de hoy muestra que reculó o perdió poder dentro de Semana frente a sus nuevos socios. Cualquiera de la hipótesis es una clara derrota, y más cuando se había impuesto encima de su hija y de Santos, que ahora fueron protagonistas.

Semana, golpeada pero reanimada

Todo el escándalo ha sido un duro golpe dentro de la redacción de Semana, según le ha contado a La Silla una decena de fuentes en estos días. Por eso su editora política, Lariza Pizano, hizo pública la felicidad por el regreso de Coronell.

También lo hizo Alejandro Santos, quien quizás fue el más golpeado por todo el episodio.

Como director, fueron sus explicaciones las que no satisficieron a Coronell; fue él quien tomó la decisión de postergar la publicación de lo que finalmente salió en el Times; el editorial que reconoció los errores no tiene firma pero dice “reconocer públicamente los errores, en cabeza del director de la revista, Alejandro Santos, es necesario para aprender las lecciones del caso”; aunque él defendió públicamente la continuidad del columnista, a los dos días López lo sacó, con lo que quedó desautorizado.

”Los accionistas reiteraron su respeto por la autonomía editorial del director”

Revista Semana

Como él fue uno de quienes lograron el acuerdo con Coronell, el anuncio de hoy es para él una reivindicación. No en vano opinadores diversos lo han felicitado por llegar a un acuerdo, desde Transparencia por Colombia, que fue muy crítica con la decisión de López, hasta Daniel Samper que escribió una muy dura columna sobre la salida de Coronell.

Además, la breve nota de Semana en la que reveló la decisión, cierra con una frase muy elocuente que atornilla a Santos en su cargo: “Los accionistas reiteraron su respeto por la autonomía editorial del director”.

Pero esa reivindicación es, por ahora, parcial, porque igual se lo saltó López en una decisión de gran envergadura y él no renunció.

Algo similar ocurre con María López, presidente de Publicaciones Semana desde hace pocos meses y a quien también se saltó su papá. Semana dice que ella, con Santos, fue protagonista del acuerdo con Coronell, y eso le ha merecido felicitaciones.

Quedaron más golpeados los columnistas María Jimena Duzán y Antonio Caballero, que en sus columnas del fin de semana siguiente a la decisión de López se solidarizaron, así fuera parcialmente, con él; y también los periodistas de Semana, pues si bien Coronell regresó, el anuncio de que Felipe López está dispuesto a salir incluso de él los deja sobre aviso (pues ninguno tiene el peso en la audiencia que tiene el columnista).

Al final, Semana queda golpeada porque quedó claro que sí demoró la publicación de la historia y sobre todo que su modelo de negocio, centrado en la audiencia, depende hoy en buena medida de las columnas de Coronell, que no es parte de su redacción y quien ganó el pulso al volver a la revista.

Coronell ganó el argumento de que un columnista debe poder cuestionar asuntos de interés público de su medio, y además porque según reveló en RCN Radio, escribirá para el New York Times o el Washington Post; pero pierde un poco porque regresa a pesar de que el fundador no lo quería en ella por lo menos hasta hace unos días y le dijo, con otras palabras, chantajista; y a pesar de que Semana no ha cambiado las explicaciones que dio inicialmente sobre por qué no publicó la investigación contra el Ejército y en las que el columnista no cree.

Esos efectos sobre la revista, su director y el columnista pueden cambiar dependiendo de lo que publique Coronell el domingo; si vuelve a cuestionar a Semana o si saca una bomba investigativa (le dijo a Iragorri que no ha pensado escribir sobre esta novela) probablemente el saldo negativo para ellos se reduzca. Pero no cambiará la victoria de la audiencia como nuevo centro de gravedad de los medios.

Nota del editor: minutos después de publicada esta nota, la actualizamos con lo que explicó Coronell en RCN Radio.

    Periodista prueba

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