La doble crisis de Barranca: entre la espada del Covid y la pared del petróleo

La doble crisis de Barranca: entre la espada del Covid y la pared del petróleo

Por Nohora Celedón 21 de Mayo de 2020

El primer muerto que se registró en Santander por Covid fue un trabajador de la refinería de Ecopetrol en Barrancabermeja. El puerto petrolero suma 13 casos de contagio, de los cuales al menos la mitad son empleados de ese sector.

Pero el coronavirus no es el único drama que padecen los 200 mil habitantes de la ciudad que venía apenas levantando cabeza. Hoy, seis años después de la crisis de los precios del barril en 2014, el puerto tiene una tasa de desempleo más alta que la de Quibdó (la capital de Chocó, el departamento más pobre de Colombia) y la nueva caída en los precios -por la pandemia y las peleas de Rusia y Arabia Saudita-  golpean con más fuerza la economía.

Su caso es la muestra del doble padecimiento que hoy viven los municipios petroleros: el del Covid-19 que pone en riesgo la salud de sus habitantes y tiene detenida su actividad productiva, y el de la caída de los precios del petróleo que -si bien se están recuperando lentamente- ya ha causado fuertes recortes en la contratación y en los planes de inversión de las grandes compañías.

Son en total 82 municipios con campos productores de crudo en Colombia y economías que en buena parte dependen de los contratos que tienen las empresas locales con las petroleras, los empleos que éstas generan, las regalías y los impuestos del sector. 

En todos se repiten voces como la de Milton López, dueño de Oil Field Industrial Services SAS, una empresa de metalmecánica en Barranca que fabrica y hace mantenimiento de máquinas para perforar pozos petroleros y que está detenida desde que arrancó la pandemia.

Como va la crisis él ya no sabe si debe preocuparse más por el Covid o por el petróleo.

“La operación petrolera en Barrancabermeja está prácticamente parada, y de ahí se deriva que todo el mundo esté parado, contratistas, empresas de servicios, de transporte, de ahí para abajo todas las empresas que dependen de las petroleras”, dijo a La Silla Vacía.

 

La doble crisis

El primer fallecido de Santander por coronavirus era un trabajador de 49 años de la refinería -la mayor planta productora de gasolina y diésel del país- que tenía diabetes y murió a principios de abril.

La ciudad había entrado en cuarentena al mismo tiempo que Bogotá inició su simulacro.

Desde el 19 de marzo, todo el comercio, los bares, los restaurantes, están quietos y la gente guardada en sus casas. Salen sólo cuando el sistema de pico y cédula les permite ir a hacer mercado. 

En las primeras dos semanas, las actividades petroleras fueron de las pocas que siguieron operando, pero en la segunda cuarentena que decretó el Gobierno Nacional, la Alcaldía empezó a restringir la operación, pues ya había un trabajador muerto.

 

“El Covid trajo un primer reto que fue el tema de salud, y cómo enfrentarlo a través del tema del sector de hidrocarburos: con una refinería que emplea 6.000 personas y una alta movilización regional de los pozos petroleros desde Cantagallo a Yondó. En toda la cadena, refinación, transporte y producción, se movilizan distintas personas en distintas áreas”, comentó a La Silla el alcalde Alfonso Eljach.

La preocupación no es sólo del Alcalde. 

Esta semana, ya con el sector reabriendo, se presentaron protestas en los sectores de El Llanito, el Centro y Casabe (en Yondó, municipio de Antioquia unido a Barrancabermeja por un puente) de personas de las comunidades que no querían dejar entrar a los trabajadores petroleros a las zonas de operación por temor a que trajeran consigo el Covid-19 y que pedían ayudas y mercados ante la falta de ingresos. 

Este temor tiene cierto fundamento, pues, a pesar de los protocolos de prevención y desinfección que se han implementado en los campos y en la refinería, la gente siente miedo por el hecho de que al menos la mitad de los contagios reportado en Barrancabermeja son trabajadores de la industria.

Pero además de este elemento nuevo, el miedo al contagio, en las protestas también resonaron viejos reclamos de los municipios petroleros.

“Las empresas traen al personal de afuera, que trabajan con varias empresas, que salen de varias ciudades del país. Se les va la mano porque a veces traen personal que pueden contratar de acá: por qué no emplean a la gente de Barranca”, se pregunta una líder comunitaria de El Centro, que prefiere no ser citada con su nombre.

La respuesta que suele dar a Ecopetrol - a la que consultamos para esta nota, aunque no obtuvimos respuesta- es que ellos sí contratan localmente, como lo muestra un informe publicado a principios de este año que dice que la Regional Central, donde está Barranca, contrató el año pasado 15.088 personas de las cuales el 88 por ciento fue mano de obra local. Y que los cargos que cubren con gente de afuera es de perfiles que no se consiguen en la región.

El otro debate que revive con la crisis del Covid es la forma de contratar, no sólo de Ecopetrol, sino de todas las petroleras, pues la mayor parte de sus operaciones las manejan a través de otras compañías, con contratos a término fijo o por tarea realizada y eso pone a un alto porcentaje de los trabajadores petroleros en una situación muy vulnerable en este momento que están frenadas las operaciones.

A Milton, el dueño de la empresa de metalmecánica, por ejemplo, le suspendieron la mayor parte de los contratos que tenía con petroleras en Barranca y los municipios aledaños.

El primer mes la caja le dio para pagarles a todos sus trabajadores, pero ya en abril no pudo renovar los contratos de 14 de los 38 que tenía. “Hay posibilidades de que se reactive pero no han llamado siquiera a decir cuándo podría ser el tema. Dicen que tal vez a finales de junio. Pero la gente no espera, las nóminas no dan espera”, dice.

Cuando el Gobierno Nacional permitió la entrada en operación de talleres, el pequeño empresario pudo reactivar una parte de su empresa que no depende de los contratos: hacerles mantenimiento de las máquinas y fabricar herramientas para reparar equipos petroleros, con la idea de tener inventarios para cuando se reactive la industria; y también fabricar lavamanos y equipos que empezarán a venderse porque cuando los campos se reactiven los van a necesitar. 

Pero esas son actividades que no le generan ingresos, y por eso no sabe por cuánto tiempo más aguante pagando nómina mientras espera hacer el trámite del subsidio que prometió  el Gobierno para eso.

El caso de Milton es un ejemplo de la estadística que publicó la Cámara de Comercio de Barrancabermeja a finales de abril, que dice que, por el Covid, 71 por ciento de las empresas han disminuido su planta de personal, y en los negocios de hotelería y restaurantes la cifra supera el 90 por ciento. 

Al momento de ese informe, las empresas tenían entre 2 y 20 días de caja para sobrevivir sin quebrar, lo que quiere decir que hoy ya muchas deben estar en bancarrota. O a punto. 

Otro estudio, realizado por el Centro de Estudios Regionales del Magdalena Medio, muestra que 56,8 por ciento encuestados de Barrrancabermeja dejó de recibir ingresos por el Covid y solo el 8,8 por ciento tiene ahorros para enfrentar la crisis.

Y es que según datos oficiales de Ecopetrol a los que tuvimos acceso, entre el 16 de marzo y el 17 de abril la empresa había suspendido o terminado 63 contratos comerciales, solo en Barrancabermeja, a través de los que trabajaban 4.405 personas mediante contratistas.

Esas personas no sólo se quedaron sin ingresos, sino que tampoco pueden gastar en el comercio de la ciudad, que es otro brazo de la economía, y de ahí que no extrañe la sensación de incertidumbre que se respira en el puerto, según nos contaron las fuentes locales con las que hablamos para esta historia.

La situación no es exclusiva de Barranca, se replica en otros municipios petroleros.

Según los datos de una encuesta que hizo el mes pasado la Asociación Colombiana del Petróleo (ACP), el gremio de las petroleras, si la crisis de los precios y las restricciones se mantienen, las compañías podrían recortar, a diciembre, el 8 por ciento de sus empleos directos y el 72 por ciento de los indirectos, que es la modalidad por la que hay más gente trabajando. 

También se recortarían las inversiones que esperaban hacer a principios de año por 640 millones de dólares. Inversiones que son para producir y operar, pero que también se reflejan en los municipios. Por ejemplo, en Barrancabermeja para atender la pandemia Ecopetrol metió 10.000 millones de pesos, en mercados, equipos médicos y pruebas rápidas.

Por cierto, es gracias a esa plata que la ciudad está haciendo testeos preventivos en los barrios donde hay más personas vulnerables y ha habido en el pasado brotes de otro tipo de enfermedades infecciosas, con lo cual esperan poder controlar mejor el contagio.

A los recortes de la inversión petrolera se suma el recorte de ingresos que sufrirán estos municipios. En Barranca, el Alcalde calcula que las regalías se caerán a menos de la mitad y su presupuesto, por cuenta del bajón en la actividad de las empresas, también se achicará.

Una preocupación que, por cierto, comparte con el presidente Iván Duque pues según cálculos de la ACP este año podría recibir cuatro veces menos de lo presupuestado por regalías e impuestos de las petroleras, una caída de 16 a 4 billones de pesos.

“En dos meses hemos tenido una baja de recaudo de impuestos de industria y comercio por autorretención, antes del Covid nos giraban 13.000 millones de pesos, el primer mes de la pandemia se bajó a 8.000 y el segundo mes a 3.000”, nos contó el Alcalde Eljach, que por eso ya está haciendo cuentas de que este año su presupuesto de 600.000 millones de pesos se recortará de 30.000 a 90.000 millones de pesos de acuerdo con el tamaño de la crisis y qué tan rápido se recupere.

Por ahora, parece que va a ser lento. La refinería, que arrancó el año con un récord de 264.000 barriles por día, a finales de marzo ya estaba a media marcha: 165.000 barriles por día. 

Y aunque se ha venido aumentando la carga, ésta depende de qué tan rápido se reactive la economía, y con ella la demanda de gasolina del país que este año podría seguir baja. 

Mientras tanto, para afrontar el golpe la planta recorta gastos. En el informe del primer trimestre, Ecopetrol dijo que sólo se priorizarán los proyectos críticos para la refinería y que aplazó el 40 por ciento del plan de inversiones de este año.

“Las empresas quieren que bajemos costos, y la gente en las comunidades no está dispuesta a que le bajen los salarios, ese es un dilema que tiene el contratista”, comenta al respecto el empresario Milton López.

Así que, aunque ya algunas actividades se empiezan a reactivar (la Alcaldía ya tiene 1.300 solicitudes de empresas para reiniciar labores y la mayoría tienen que ver con el sector petrolero), hay una gran incertidumbre sobre qué tanto de lo perdido se puede recuperar.

Una recuperación frustrada

Apenas este año Barranca se estaba empezando a recuperar de la crisis entre 2014 y 2015, cuando los precios del petróleo cayeron de por encima de 100 dólares por barril a menos de 30 dólares por barril. 

Por ese bajón, el proyecto de modernización de refinería de Barrancabermeja se paró en seco, y con esto mucha gente que había invertido para sacarle a una tajada a los 4.000 millones de dólares de inversión que proyectaba hacer Ecopetrol en ese proyecto se quedó enredada, como lo contamos en esta historia.

Según nos cuenta Alex Barrios, director de la asociación de contratistas de la ciudad que tiene a 60 empresas afiliadas, a la caída de los precios se sumó que Ecopetrol cambió sus políticas de contratación y eso causó que menos empresas locales pudieran contratar directamente con la compañía.

La suma de factores hizo que la recuperación fuera lenta, al punto que para 2018 la tasa de desempleo de Barranca era de 23 por ciento, una cifra más alta incluso que la de Quibdó, que de las ciudades y áreas metropolitanas es una de las de mayor desocupación. 

En 2019, la tendencia estaba cambiando, la tasa de desempleo fue de 20,9 por ciento, pero este año, como van las cosas, no sólo se va a devolver sino que será el mayor desempleo de la historia.

Así lo estima el director del Centro de Estudios de la Cámara de Comercio de Barrancabermeja, Amauri Ramos, quien calcula para este año una tasa de desempleo de 24 a 25 por ciento. “Estaríamos hablando de un poco más  23 mil personas desempleadas”, precisa.

El Alcalde de la ciudad también contaba con esa recuperación y, ahora, nos cuenta que su equipo está terminando de revisar las metas del Plan Nacional de Desarrollo, ajustando el presupuesto y recortando buena parte de los proyectos de inversión que tenía pensados.

“Las metas se deben recortar porque estamos calculando un primer año muy malo financieramente y un segundo año regular. Todo lo que es libre destinación que son más de 190.000 millones de pesos al año, de cultura, de obras de turismo, hoy nos tocó cortarlas mucho. Estos son los programas propios de la Administración”, dice Eljach.

Esto también implica que apuestas de diversificación económica que tenía el mandatario de la ciudad seguramente se van a frenar por esta doble crisis. 

Entre ellas, el proyecto de convertir a la ciudad en un centro de acopio agrícola para el Magdalena Medio necesita plata del gobierno municipal y departamental, que difícilmente podrán recaudar con la desaceleración.

Y la idea de convertir en Barranca en un puerto turístico, que puede demorarse más en materializarse porque la pandemia frenó en seco este sector, y según las estimaciones de la Organización Mundial del Turismo habrá dos años muy malos.

La gran paradoja es que para hacer realidad la ilusión de impulsar el turismo como el nuevo petróleo, se necesita la plata del petróleo que no se sabe cuándo llegará.

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