¿Sin árboles, es posible mejorar la calidad del aire en las ciudades?

Los árboles, siendo los grandes aliados para limpiar el aire, no son los protagonistas del crecimiento urbano en las ciudades colombianas y las enfermedades respiratorias, debido a la mala calidad atmosférica, siguen en aumento.

Los únicos filtros de aire que garantizan un buen resultado a gran escala, son los árboles, ningún invento humano lo ha logrado hasta ahora. Sin embargo, las ciudades crecen sin orden y control, atiborrándose cada vez mas de cemento, pero no de la misma manera se complementa ese endurecimiento del suelo con la siembra de árboles en una proporción equilibrada.

Los gobernantes de las ciudades colombianas se caracterizan por fomentar su crecimiento con nuevos proyectos de urbanismo de los cuales, muy pocos, generan nuevos espacios verdes o se comprometen con la siembra de especies nativas para compensar el suelo verde endurecido. Disminuyendo con ello la posibilidad de retener las partículas contaminantes que están presentes en el aire (PM10 y PM2,5) y evitar el impacto en la salud pública que se esta viviendo en ciudades como Cali, Medellín y Bogotá.

Los niveles de contaminación del aire causados por el parque automotor, la industria, las quemas a cielo abierto, los rellenos sanitarios o por el agua de los sistemas pluviales (naturales y artificiales) que reciben enormes cantidades de aguas residuales, se han convertido en un foco creciente de preocupación en nuestro país. Bien serio, por cierto, el asunto de las aguas residuales.

Y no es para menos, así lo evidencia el , del Ministerio de Ambiente, del año 2015. El cual, da un parte muy preocupante, porque los niveles de contaminación sobrepasan la mayoría de los estándares permitidos para no afectar la salud humana.

Mas grave aún resulta comprobar que sobre las partículas las más peligrosas por su afectación pulmonar, no hay datos confiables por falta de instrumentos adecuados de medición o de información confiable. Así lo dice el informe. Es decir, no se sabe con detalle qué porcentaje de esas partículas, representan en la creciente contaminación del aire (sólo Medellín tiene reportes).

En Bogotá, por ejemplo, hay menos de un árbol por habitante cuando deberían ser mínimo tres, eso demuestra la poca atención que se le ha dado a tan importante asunto no sólo en la capital, sino en todas nuestras ciudades, aspecto que de por sí debería contar con una política nacional que haga posible mantener un ambiente sano, como lo ordena la constitución del 91. 

No sólo se trata de sembrar miles o millones de árboles en espacio público y privado sino, también, de cuidarlos y permitir que se desarrollen adecuadamente para que puedan cumplir sus funciones naturales y generar los beneficios que tanto necesitamos. Por eso es triste observar como son , en muchas ocaciones, sin criterio técnico para endurecer nuevas zonas, podados al capricho del vecino o del funcionario público, desmochados mes a mes por el administrador del conjunto residencial para mejorar la visibilidad, macheteados por el jardinero en cumplimiento de la indicación de quien lo contrata, eliminados para desarrollar obras públicas, retirados por miedo a que la delincuencia común los utilice para “esconderse” y cometer delitos, erradicados porque llenan de hojas las canales, pisos y techos; y por muchas otras razones.

Como resultado, no tenemos la cantidad de árboles que necesitamos, contamos con muchos en mal estado fitosanitario, con enfermedades propias de las plantas, por mal manejo al no cumplir con las normas que los protegen y de los pocos que quedan, muchos, son individuos arbóreos ineficientes. Los que se siembran por reposición o por planes de arborización, no compensan la pérdida de los individuos talados, en especial, los de porte alto, árboles de 20, 50 ó más años, echados al olvido, cuando son tan eficientes para contener las partículas de las que se habló antes.

En contravía, cuánto más crece la población en las ciudades hay, menos árboles, más zonas endurecidas y menos filtros vivos que nos den garantía de compensar la contaminación del aire. Es por ello urgente pensar en nuevos modelos de desarrollo urbano que permitan romper este paradigma suicida. Son los niños con su sistema respiratorio en formación los que primero pagan las consecuencias.

Mauricio Castaño
Mauricio Castaño
Diseñador Gráfico y líder ambiental.
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