Tierra de psicópatas - Del "monstruo de la soga" a "Lobo feroz"

Estos individuos hacen parecer a Hannibal Lecter, Charles Manson o Jack el Destripador como un montón de principiantes respecto al nivel de violencia, sevicia y crueldad ejercida en contra de poblaciones históricamente excluidas y marginalizadas.

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Debo reconocer que escribir esta columna me generó bastante repulsión y tristeza. La captura reciente de dos psicópatas y las revelaciones de la atrocidad de sus crímenes, nos deja en una situación de incertidumbre y de vulnerabilidad a sus victimas, pero también a la sociedad colombiana.

El 28 de octubre de 2017, la Revista Semana sobre Luis Gregorio Ramírez, conocido como el "monstruo de la soga". Este individuo asesinó a cerca de 60 personas, en municipios colindantes del Magdalena Medio. Escogía sus victimas de acuerdo a un perfil: jóvenes mototaxistas de quienes se ganaba la confianza para pedirles transporte a zonas lejanas donde realizaba el ritual sádico. Las personas eran amarradas con nudos especiales, que morían tratando de salvarse. Él se quedaba al frente para presenciar los hechos. Este criminal aprovechó las condiciones de marginalidad y necesidad de cientos de jóvenes NI-NI(Ni estudian, Ni trabajan), que encuentran en el mototaxismo una fuente de ingreso y subsistencia para sus familias.

Tres meses después, el 20 de enero de 2018, se otro caso: el de Juan Carlos Sanchez Latorre, conocido como "Lobo Feroz". Material de pornografía infantil procedente de Colombia fue encontrado en un allanamiento por Interpol México, quien puso en conocimiento a su oficina en el pais sobre la información y su origen rastreado en correos electrónicos. Esta información se canalizó a través de la DIJIN, institución que organizó un grupo especial para su investigación y captura. Antes, en el 2008, el criminal Sánchez habia sido capturado por cerca de 50 denuncias pero un juez ordenó la libertad por vencimiento de términos sin medir la peligrosidad y el nivel de riesgo para las comunidades y sus victimas. Después de esto, se dio a la fuga para evitar su captura pero continuo delinquiendo con mayor atrocidad. Fue capturado cuando el numero de victimas puede ascender a más de 500 personas, en su mayoría, menores de edad. Entre sus victimas se encuentran niños y niñas tanto de Colombia como de Venezuela. Este caso deja en evidencia las debilidades del aparato de justicia colombiano y el abuso del vencimiento de términos como mecanismo de impunidad.

Estos individuos hacen parecer a Hannibal Lecter, Charles Manson o Jack el Destripador como un montón de principiantes respecto al nivel de violencia, sevicia y crueldad ejercida en contra de poblaciones históricamente excluidas y marginalizadas. Ya tenemos la experiencia de Luis Garavito que sometió con su barbarie a cientos de niños y niñas del continente, pero hay que analizar la fijación de estos medios y la tribuna que encuentran en los medios de comunicación para ventilar sus psicopatías.

Esto debería ser un llamado a una reflexión en el camino y hacernos pensar más como sociedad, frente la grave crisis de la República que estamos presenciando. ¿Qué pasa con las instituciones, las alcaldías y las comunidades en esas regiones?, ¿Cuál es el plan que tienen las autoridades para evitar que estos crímenes sigan sucediendo?. Esto no puede estar pasando, pero es la realidad. Hay que estar alertas porque estos crímenes evidencian una fragilidad institucional a la hora de actuar frente a asesinos y violadores seriales, que encuentran en la precaria institucionalidad en los territorios las condiciones para garantizar la impunidad y repetición de crímenes atroces e imperdonables. No podemos esperar que sucedan otros 60 asesinatos y otras 276 violaciones para actuar. Es probable que otros monstruos y lobos feroces se encuentren al acecho.

 

 

      Periodista prueba

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