Solidaridad con las FARC

Después de 60 años de propaganda estatal contra las FARC se evidencia el resultado, muy pocos colombianos están dispuestos a tolerar la participación en política de los exguerrilleros que han decidido dejar las armas, y ahora quieren cambiar el país con palabras.

Después de 60 años de propaganda estatal contra las FARC se evidencia el resultado, muy pocos colombianos están dispuestos a tolerar la participación en política de los exguerrilleros que han decidido dejar las armas, y ahora quieren cambiar el país con palabras, con ideas y con argumentos.

Lo único que muestra este odio público es que décadas de propagada del estado en contra de las FARC rindió frutos, porque llenó de odio las cabezas de los colombianos, esta excusa de la guerra les sirvió para desenfocar las prioridades de la sociedad, que solo hasta ahora se dio cuenta que el problema más grande que enfrenta no es la violencia, es la corrupción.

Muy pocos colombianos recuerdan que a Hugo Heliodoro Aguilar, exgobernador de Santander, lo condenaron por paramilitar, es más, esos mismos colombianos que agreden a las FARC no hablan con la misma vehemencia del hijo senador, Mauricio Aguilar, y del hijo exgobernador, y hoy día candidato al senado Richard Aguilar.

Lo cierto es que escribo esta columna en solidaridad con esos colombianos que le apostaron a la paz, que pueden ver con orgullo cómo la propaganda política del movimiento político FARC está en las redes sociales, que se suben a una tarima a hablar de su proyecto de país.

Tengo muy claro por quién es mi voto en las elecciones presidenciales, no será por las FARC, pero admiro la valentía que han tenido para asumir el reto de apostarle a la política y dejar las armas, de cumplir lo acordado en la Habana, aún cuando el gobierno nacional les ha quedado mal, de aguantar tanto odio irracional que la sociedad tiene contra ellos y seguir adelante.

La reflexión en todo esto es que no tenemos el derrotero moral calibrado, y mientras las personas aplauden a Didier Tavera, gobernador hijo de un narcotraficante, que siendo gobernador le capturaron a su secretaria de educación por presuntamente defraudar el Plan de Alimentación Escolar, que alimenta a los niños más pobres de Santander, a los de las FARC les gritan asesinos, ¿no son igual de asesinos los ladrones de los recursos para salud, educación e infraestructura? 

No defiendo los delitos de las FARC, la guerra es una barbarie innecesaria, pero la pregunta es, ¿por qué no se indignan igual con la senadora Doris Vega, esposa de Luis Alberto Gil – el tuerto Gil- amo y señor de la EPS Sol Salud, que a cuantos colombianos dejó morir por falta de servicios médicos, o servicios médicos de baja calidad, mientras defraudaban los recursos que terminaría llevando a su liquidación?

En conclusión, ojalá las FARC ganen representación en el congreso, ojalá en las elecciones regionales y locales se le midan a ser alcaldes y concejales, porque le han cumplido al país, y porque en últimas la causa de esta guerra desde el inicio es la corrupción, y es responsabilidad de todos, acabarla. 

Alejandro Alvarado Bedoya
Alejandro Alvarado Bedoya
Abogado e Historiador
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