Humillados, los contratistas

Humillados, regalando su trabajo, entregando sus cuerpos, endeudados, dependientes y acallados, así viven buena parte de los contratistas de prestación de servicios en Colombia, parias de un estado que no se sonroja con la informalidad de sus propios empleados.

Ahora en periodo electoral los desempleados y contratistas corren a refugiarse en las campañas políticas más prometedoras, a sabiendas que no importan las propuestas, el liderazgo o la honestidad del candidato, sino la seguridad de poder seguir suscribiendo con el Estado un contrato de prestación de servicios.

La candidata al senado, Angélica Lozano, abrió el debate en el Congreso, los contratistas son empleados sin garantías, que pasan largos periodos sin vinculación, no reciben la solidaridad en aportes a la seguridad social, ni primas, ni cesantías, ni vacaciones, nada, nadie puede planear su vida más allá de la vigencia de su contrato.

La vida transcurre a cada fin de mes entre deudas y plazos, las retenciones y los aportes distorsionan los ingresos, porque un buen porcentaje te lo quita el mismo estado en forma de impuestos y aportes. En la mayoría de casos otra parte se lo quedan los jefes y políticos que piden dinero para garantizar la continuidad o para agradecer – de manera innecesaria – el favor de la vinculación.

En muchos casos, también el acoso y las presiones sexuales se han normalizado, al punto donde nadie denuncia, aunque en las entidades se sepa que el concejal, el diputado, el senador, el gobernador o el alcalde se enamoró de alguna mujer a quien cortejará prometiendo renovar su contrato, el cual pagamos todos los colombianos con nuestros impuestos.

Ahora en periodo electoral, jóvenes profesionales que intentan engancharse a un empleo quedan condenados a servir como peones a los intereses de ineptos políticos, integrando avanzadas y liderando comunidades que en últimas defraudarán por la imposibilidad práctica de cumplir las propuestas cantadas a los cuatro vientos en periodo electoral.

Por tal razón, cada vez que llegamos a las entidades públicas encontramos el desgobierno, el empirismo y el desinterés, cada quien  quiere sacar ventaja, proteger su contrato, o ascender a toda costa, mientras los líderes sacan tajada y roban a manos llenas para poder financiar cada cuatro años una nueva campaña multimillonaria.

El ciclo se repite sin parar, tan solo algunas campañas logran atraer voluntarios que se animan de participar en política sin depender económicamente del candidato o buscar algo a cambio, sin esta independencia se desvirtúa la democracia, porque el escenario general en el país es de una participación ciudadana con el estómago vacío, con hambre, con deudas y con la desesperanza de no poder hacer nada para cambiar todo esto.

En conclusión, en este país de humillados hay que derrotar a los dominadores, su poder se esfuma cuando no tienen el presupuesto público en sus manos, porque tan solo son poderosos con plata ajena. 

Alejandro Alvarado Bedoya
Alejandro Alvarado Bedoya
Abogado e Historiador
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