El reclamo de Nariño

Los muertos viven en nuestras canciones.
Aurelio Arturo

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Nariño entre el silencio presidencial y el ruido de la guerra que ataca la infraestructura y afecta a la sociedad civil.

Durante la semana  pasada se produjeron dos hechos relacionados con la guerra que continúa en Nariño. Por una parte, el Presidente de la República silencia al gobernador de Nariño y por otra, se perpetran acciones terroristas en contra de la sociedad civil y el medioambiente. Frente a la actitud del presidente, no se puede tolerar ni aceptar el acallamiento de una voz territorial, cómo la del gobernador,  por parte del centralismo político ubicado en Bogotá. Frente a los ataques terroristas, ya es insoportable el nivel de violencia y ensañamiento  en contra de las poblaciones más vulnerables de Nariño.

No es fortuito el incidente entre el Gobernador de Nariño y el presidente de la República en Cali, en un evento de rendición de cuentas de infraestructura para el pacífico, en dónde según Camilo Romero  se le impidió hacer un pronunciamiento frente a los hechos ocurridos en la frontera con el Ecuador y a la problemática que sigue viviendo el departamento de Nariño. No es fortuito, porque no se puede ocultar una historia de centralismo  y de ausencia de Nación que no permite entender, reflejar e incluir a todos los territorios que hacen parte del Estado. Colombia es un país que no es capaz de verse ni escucharse así mismo.

Tampoco es la primera vez que Nariño, desde su autonomía, reclama ser escuchado por un país que desconoce las realidades de las regiones. En la historia de este departamento existe una constante de defensa de intereses regionales por hombres y mujeres que han insistido en  construir un relato compartido, diverso y descentralizado de Colombia. Desde Agualongo, este departamento ha asumido posiciones muy diferentes a las del centro del país, en donde se han pretendido hacer valer derechos y libertades. También en la costa pacífica, en septiembre de 1988 después de 27 días sin energía eléctrica y sin agua, lideresas como Elvira Quiroz y Maricela Carabalí con otros ciudadanos, iniciaron un paro cívico denominado el Tumacazo, que exigía al gobierno nacional, regional y local soluciones efectivas a las problemáticas que se estabas viviendo. No sólo reclamaban  energía y alcantarillado, sino la solución a otras necesidades para el desarrollo del territorio. La intención fue independizarse de Colombia.

En la actualidad, el hecho de señalar los problemas en la implementación del proceso de paz,  no quiere decir que se esté en desacuerdo con la voluntad y decisión del presidente Santos para llegar a un acuerdo con las FARC. No se puede ocultar  el conflicto y la violación de derechos humanos que se siguen viviendo en el departamento debido a la tardía acción del estado central en la ocupación del territorio, lo cual generó el surgimiento de otros actores ilegales que buscan obtener beneficios por la posición estrategia de Nariño y de la costa pacífica. Esto también muestra la ausencia de una Nación articulada, coordinada y construida desde todos los territorios y con todas las voces.  

Finalmente, en la semana se produjeron dos actos terroristas, uno en contra de una torre de energía y otro en contra del oleoducto trasandino. El primero dejó por varios días sin energía a cerca de 300 mil habitantes de la zona, y el segundo está generando una afectación medioambiental en el sector de la Guayacana, en la zona rural de Tumaco, en donde Ecopetrol recomienda no consumir agua del río Caunapí.

Por lo anterior,  Tumaco marchará este viernes 27 de abril para pedir paz y justicia. Esta movilización liderada por el comité cívico ciudadano que ha logrado incluir diferentes sectores, gremios y grupos.  La ciudadanía de Nariño está con Tumaco. Este puerto no puede seguir siendo la cenicienta de Colombia

#TumacoNoAguantaMás

#SOSTumaco

#TumacoExigePaz

      Periodista prueba

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