“En estos 15 años hemos servido más de un millón de porciones de comida ininterrumpidamente”: Asociación Pan de Vida CER.

La muerte de su hija hace 20 años llevó a Elsa Martínez a acercarse a comunidades vulnerables y enseñarles que dentro de su propio núcleo está el potencial para solucionar sus problemas. Así han logrado montar comedores comunitarios que sirven 820 almuerzos al día. 

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Red Líder: ¿En qué consiste la iniciativa de liderazgo de la Asociación?

Elsa Martínez: La iniciativa de la Asociación Pan de Vida CER es promover la creación de comedores comunitarios en zonas vulnerables de Bogotá y Cundinamarca inicialmente, con posibilidades de ampliar ese mismo modelo a todo Colombia, en muchas comunidades. Consiste en desarrollar el programa nutricional bajo la estructura del modelo de operación Pan de Vida CER que se da a través del involucramiento de toda la comunidad beneficiada en el proyecto social.

R.L: ¿De dónde surge o qué los llevó a iniciarla?

E.M: Todo comenzó en el año 98, cuando murió mi hija, de la noche a la mañana. Y al tener que pasar por esa experiencia, en ese mismo momento, surgió en mí el deseo de hacer por los niños que están vivos lo que no pude hacer por mi hija que está muerta. Después de una búsqueda desesperada de qué hacer o qué era lo que Dios me pedía, recibo la llamada de un padre de un barrio supremamente pobre en Bosa, diciéndome que los niños se le estaban muriendo de hambre, que si yo le podía fundar un comedor. Yo soy diseñadora de modas y no sabía fundar comedores. Él me dijo “ya acudí a la Alcaldía, al Bienestar, a los empresarios, a los comerciantes, a los vecinos, y nadie me quiere ayudar, y solo me queda usted, usted verá”. Ante eso, arranqué con este padre y ahí fue donde empezó y se construyó espontáneamente el modelo de operación que hemos manejado durante estos 17 años. Desde aquel primer comedor en 2001. Ya en 2003, es decir hace 15 años, se constituyó como tal la Asociación Pan de Vida CER.

R.L: ¿Qué es lo distintivo de esta iniciativa?

E.M: El propósito inicial era aliviar el hambre de los niños, la desnutrición o la malnutrición, que es lo que realmente se ve en Bogotá y Cundinamarca, no saber, con los recursos que tienes, cómo alimentarte correctamente. Lo distintivo de esta iniciativa es que no llegué como una ONG a solucionar un problema existente, sino que llegué a acompañar a la comunidad, a ver cómo entre todos podíamos solucionar este problema. Y fue cuando se construyó por necesidad el modelo de operación que se da a partir del voluntariado de la misma comunidad.

Son las mismas mamás de los niños, o las abuelitas, o las vecinas, o los vecinos, los que operan el comedor como voluntarias, y no ganan un peso. Al principio pensamos que iba a ser un poco complicado, el voluntariado, el compromiso, el tiempo, las capacidades, los conocimientos. Pero descubrí que todos los seres humanos tienen algo que aportar, algo que dar de sí mismos. Ahí fue cuando el párroco de esa comunidad con dos o tres señoras que estaban pidiendo esa ayuda se dieron cuenta de que yo no les iba a financiar la cocinera, los servicios públicos del comedor, el camión del transporte, sino que mi respuesta fue díganme de ustedes quién quiere cocinar, díganme de ustedes qué esposo tiene un camión que nos ayude a traer el mercado. Yo lo que hice fue, y ahí radica el liderazgo, posibilitarles a ellas los aportes que podían hacer. Empoderarse del proyecto. Esto es lo que tienen distinto los comedores de Pan de Vida, es que la comunidad participa activamente de principio a fin, evitando el asistencialismo.

R.L: ¿Cómo han desarrollado la iniciativa?

E.M: Llegué a esa comunidad donde ya estaba identificada la necesidad. Y para mí eso es importantísimo, porque cuando uno quiere servir, eso debe surgir de una necesidad. Eso garantiza que tu acción va a ser pertinente. Después ese párroco le contó al párroco vecino, que era de una comunidad aún más pobre. Entonces nos pidieron hacer un comedor, en ese momento ya estaba constituida Pan de Vida como entidad jurídica, y desde el principio supimos que nuestra visión y nuestra misión era replicar el modelo. Nosotros no nos queremos perpetuar en una comunidad. Queremos irnos de las comunidades y que queden autónomas, o si se acaba el comedor por x o y motivo, por lo menos se construyó comunidad. El primer comedor de Bosa se cerró a los 10 años, pero las mamás se siguen reuniendo, se siguen hablando, se construye comunidad, siguen pensando a quién más vamos a ayudar, cómo vamos a hacerlo, y eso es muy bonito.

R.L: ¿Cuáles son las realizaciones y resultados?

E.M: Hoy por hoy damos más o menos 820 porciones de comida al día en Bogotá y Cundinamarca. Tenemos cuatro comedores en Bogotá y cuatro comedores campesinos en veredas. Es decir, más de 800 beneficiarios al día, un poco más de 16.000 porciones de comida al mes, con un equipo de casi 90 madres voluntarias. Eso ya es un milagro. No hay nadie de la oficina metido allá mirando a ver si la mamá sí fue a cocinar hoy. Ellas son totalmente autónomas y están totalmente empoderadas de su proyecto, porque saben que es para beneficio de ellas mismas y de su comunidad.  Están felices, es un proyecto de vida.  En estos 15 años hemos servido más de un millón de porciones ininterrumpidamente. Hemos pasado por casi 15 o 16 comunidades o barrios implementando el modelo. En unos hemos durado más, en otros menos.

R.L: ¿Por qué la iniciativa es positiva para la sociedad?

E.M: Porque hace sentir al ciudadano útil y se elimina esa idea que tenemos de siempre esperar que venga alguien a solucionarnos los problemas. El gobierno, un alcalde, una ONG, esa cultura asistencialista está muy arraigada en esta sociedad. Entre más pobre sea y más lástima proyecte, mejor me resulta porque me dan más ayudas y me acostumbro a no mover un dedo porque tengo todo subsidiado. Prefiero sobrevivir a tener una mejor vida. Esta iniciativa hace que las personas se sientan útiles para su pequeña comunidad, para sí mismas y para la sociedad.

Segundo, estas iniciativas hacen que esas comunidades tan abandonadas se den cuenta de que hay alguien del otro lado que piensa y cree en ellas. Eso genera otra cosa. Ese dicho que dice “yo no doy el pescado, yo les enseño a pescar” acá no se vive así. Acá, yo les doy parte del pescado, yo les enseño en parte a pescar, pero pescamos juntos. Esa es la diferencia. Tienen un problema, vengan y resolvámoslo juntos. En la vida uno debe caminar acompañado. Una cosa es el resultado, que son las porciones de comida, y otra es el impacto, que es el cambio que genera esta acción del comedor en las personas. Por eso es positivo para el país, porque el impacto va más allá de nutrir niños.

R.L: ¿Cuáles han sido los principales aliados?

E.M: Nuestros principales aliados son las comunidades, sin ellas no seríamos sostenibles. Los mismos usuarios, sus mamás y papás.

R.L: ¿Cómo se financian?

E.M: No tenemos convenio con el Estado, ni con el Bienestar, ni con absolutamente ninguna entidad de este estilo. Nos financiamos con aportes o donaciones de particulares y de empresas, que ven en Pan de Vida la posibilidad de extender su responsabilidad social, que creen en nosotros, que se dan cuenta de que hay resultados, de que la plata llega adonde tiene que llegar. Hemos venido creciendo en la medida que han crecido nuestros benefactores.

R.L: ¿Cómo ha sido el liderazgo colectivo en su experiencia? 

E.M: Liderazgo no es tener la autoridad sobre un grupo de gente. Liderazgo es llevar al otro a que dé lo mejor de sí. No es dar la orden, es decirle al otro, en este caso a las mamás, nosotros creemos en ustedes, acá va un camión con mercado y una propuesta de menú, háganlo como quieran. Entonces ellas empiezan a pensar “yo no sé cocinar, llamemos a la que sí sabe”, “yo soy analfabeta, venga la que sí sabe leer”, “yo no puedo ir todo el día, llamemos a la que puede venir temprano”, y ahí todas empiezan a dar lo mejor de sí, y ahí empieza un liderazgo colectivo. Ellas son sin duda líderes comunitarias.  

Pan de Vida es dignificar a cualquier persona que se acerque, porque todos estamos al mismo nivel y somos iguales. Yo tengo unos talentos y tu otros, juntémonos, pesquemos juntos.

COYUNTURA

R.L:  Ustedes tienen un programa de voluntariado. ¿Cómo funciona?

E.M: Tenemos el voluntariado de las mamás, que es el voluntariado interno, digamos que viven en la comunidad. Otro es el voluntariado externo, que son señoras que quieren participar en una fundación. La diferencia acá es que hay una estructura de voluntariado más organizado. El programa Ameco es el del voluntariado externo, se creó precisamente pensando en darle también esa oportunidad a la gente de dar. Nuestro Lema es “Pan de Vida da la oportunidad de dar”, y hay un esquema y tú miras donde se te acomoda voluntariamente. Ellas son acompañantes de la operación de comedores. Van una vez cada quince días, son 40, y se reparten las actividades. Y se capacitan, acá las preparamos para eso.

Muchas veces el voluntariado está entendido como donar tiempo, hacer algo en mis ratos de ocio. Acá no. Acá es dar de sí mismos. El compromiso que se genera es muy grande, porque le da sentido a tu vida. Yo no tengo que rogarle a nadie.

R.L: ¿Qué perfil de persona reciben ustedes en el voluntariado?

E.M: Todos. Quién soy yo para negarle a alguien la posibilidad de servir. “Es que no sabe de nutrición, o es malgeniada”. Pues que haga otra cosa. Acá es un tema de actitud y de voluntad. La que timbra acá es porque realmente quiere ayudar.

R.L: Ustedes han logrado romper los ciclos de asistencialismo, y ser útil para las comunidades a las que atienden. ¿Cómo lograron esto?

E.M: Muy fácil, involucrando a la comunidad. Así sucede con los hijos. Si tú le haces todo a tu hijo y no lo involucras, estás creando un zángano. Lo mismo sucede con las ONG, o con los programas estatales, o lo que está pasando con Venezuela. Ustedes no hagan nada porque ustedes son inútiles, porque ese es el mensaje. Ustedes no son capaces, no creo en ustedes. Ese es el peligro de ese mensaje. Es muy destructivo. Uno lo puede hacer con la mejor intención, pero es fatal.

R.L: Tras más de 15 años de operación, ¿cuál es el balance de Pan de Vida CER?

E.M: El balance es que la plata no lo es todo en esta vida. La riqueza está en el ser humano. Y eso es lo que hemos logrado descubrir y eso es lo que nos hace sostenibles. El balance a hoy es que hemos logrado la sostenibilidad a punta de recurso humano. Imagínate teniendo que pagar una nómina de 90 cocineras. El balance es muy positivo y satisfactorio, con todos los problemas que se presentan cuando hay trabajo en equipo.

R.L: ¿Se ha tenido que tomar algún trago amargo?

E.M: Yo desde el principio enfrenté este proyecto con mucha fe. Soy una persona de fe, que confío en que este no es mi proyecto, sino mi misión y hay otro que dirige el proyecto. De hecho, ni siquiera es mi misión, era la misión de mi hija, Ella me utilizó a mi como herramienta para lograr esto.

¿Trago amargo? Ha habido momentos difíciles económicamente. Hay que romper con las malas noticias y predicciones. Los primeros tres meses del año pasado fue uno con las peores predicciones en mucho tiempo. Por la Reforma Tributaria, El Niño, La Niña, Trump, el petróleo. Y para Pan de Vida fue el mejor. Lo que digo es que aprendí a que esos rumores no me pueden afectar. Una empresa social es una cuestión de fe, empeño y creatividad. Y de no bajar la guardia.

Hubo otro momento muy amargo, y me retiré. Pedí un año sabático porque me sobrecargué. Eso fue en 2010. Sufría por todo, y dije no puedo más, necesito un descanso. En ese lapso de tiempo, que fue lo mejor que pude haber hecho, descubrí que Pan de Vida siguió funcionando, que yo no soy indispensable, y eso me relajó muchísimo. Mi afán era que Pan de Vida se acabara y no se acabó por yo no estar. Y descubrí algo muy importante y que ha sido la mejor lección de mi vida, y es que yo no soy responsable de la situación de ninguno de ellos, pero no puedo ser indiferente. En la medida en que pueda ayudar, lo hago. 

 R.L: ¿Cómo ve el futuro de la Asociación?

E.M: El futuro lo veo pudiendo replicar este modelo en otros lugares del país y que Pan de Vida desde la capital asesore o vaya, enseñe, pero que implemente el modelo como una franquicia. En El Chocó se analizó el tema y estamos trabajando en ello. Teníamos un proyecto para hacerlo en Ibagué, pero la persona que quería implementarlo murió.

Cuando otras fundaciones u otras comunidades ven el modelo, se entusiasman, Somos de las pocas fundaciones que trabajamos con una nómina tan pequeña, un grupo de voluntariado tan grande y con un impacto tan importante.

INFORMACIÓN DEL LÍDER –

Creadora de la Asociación Pan de Vida

Elsa Martínez, directora de la Asociación, miembro fundador del primer comedor, miembro fundador de la Asociación Pan de Vida CER como persona jurídica, con un grupo de 15 personas pertenecientes a la CER (comunidades de formación católica).

En ese grupo fundador todas son personas de la CER. Entre ellos están el creador de la CER, monseñor Ricardo Tobón Restrepo, actual arzobispo de Medellín; José Romero y su esposa; Lina Uribe; la abogada Teresa Leal; mi esposo Alejandro Cano; Germán Medina; Ilse de Medina; Arturo Dueñas y su esposa; Luis Gabriel Mojica y su esposa; Luz Marina Salamanca. Ellos hacen parte de la Asamblea. Algunos ya se han ido, otros continúan. Y está la Junta Directiva, con un total de 10 miembros.

¿Grupos/asociaciones a las que pertenecen?

Pertenecimos a Red Pan, la red de nutrición de Bogotá que se acabó. Fuimos miembros desde el principio. Hacemos parte de la Fundación Bolívar Davivienda en el programa Flora. Tenemos también grupos de directores de fundaciones que nos apoyamos permanentemente.

¿Redes sociales?

Facebook: Pan de Vida CER

Página web: http://www.pandevidacer.org/

 

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