El Juego del estado, segunda parte: el espacio físico del juego es el territorio

El ordenamiento territorial es la expresión del poder en el territorio, y la paz territorial es la nueva jugada estratégica en la disputa por la región pacífica.

Como señalé en la primera parte de esta serie de columnas sobre el juego del Estado y las comunidades negras en Colombia, el Estado es un juego que como todos tiene un espacio/lugar y un tiempo en el cual se desarrolla. Así como en el futbol el espacio del juego es la cancha y en el ajedrez el tablero, el juego del Estado se juega en el territorio nacional.

Un buen escenario para entender el espacio del juego del Estado se presentó el pasado 23 de enero en la Universidad de los Andes de Bogotá, en el foro “Medio ambiente y desarrollo sostenible” en el que participaron los candidatos presidenciales. Allí se dieron cita los más fuertes equipos para presentar sus puntos de vista sobre el estado de la cancha y las estrategias definidas para mejorar, protegerla y, por supuesto, seguir aprovechándola.

A partir del análisis de ese debate de presidenciables, hagamos el análisis del territorio/ambiente colombiano.

El espacio de juego

En Colombia el espacio de juego tiene según Wikipedia, una superficie de 1 141, 748 km²,-Incluyendo la isla de Malpelo, el cayo Roncador y el banco Serrana, lo cual hace que en extensión sea el vigesimosexto país más grande del mundo y el séptimo más grande de América. Este espacio de juego ha sido dividido en 5 regiones de acuerdo con DNP 2014.

Este espacio permite a los jugadores obtener los recursos necesarios para el desarrollo de las estrategias de juego. De hecho cada región en que suele dividirse el territorio nacional tiene particularidades biofísicas que determinan lo que pueden o no hacer los jugadores. La comprensión de estas características es clave para la participación de éstos en el juego regional y nacional del Estado, y es en este escenario en donde el pacífico por su ubicación geoestratégica en términos económicos y su riqueza ambiental (biodiversidad), se convierte hoy en la principal área de juego.

Sin embargo, las élites de la región andina, con su poder centralizado, han definido el ejercicio del ordenamiento territorial del país. Desde finales del 1900 hasta la actualidad (es decir, desde hace aproximadamente 50 periodos presidenciales), las fuerzas políticas, económicas y militares concentradas en la región andina se han repartido el poder en el territorio de juego del Estado colombiano alternándose entre liberales y conservadores.

De hecho, todos los actuales candidatos a la presidencia provienen de esta región: Humberto De la Calle oriundo de Caldas, Sergio Fajardo de Medellín, Gustavo Petro nació en Córdoba pero se crió en Zipaquirá (Cundinamarca), Germán Vargas Lleras de Bogotá, Iván Duque también bogotano de padres antioqueños, Marta Lucía Ramírez de Zipaquirá y Alejandro Ordoñez de Bucaramanga.

Las visiones sobre el territorio

Al debate en la Universidad de los Andes asistieron cuatro de los seis candidatos presidenciales que representan a los equipos con capacidad de ganar esta partida en el juego del Estado. El equipo del Partido Liberal, el de la Alianza Verde, el de los Progresistas y el de los uribistas (Centro Democrático). El equipo del Partido Social de la Unidad Nacional, cercano al presidente Santos, no se presentó, al igual que no asistieron los miembros del del equipo del Partido Conservador cercanos al uribismo, y los del equipo mixto, integrado por Cambio Radical más los desertores de los anteriores grupos y unas cuantas empresas electorales. Como es costumbre, los indígenas, los afrocolombianos y otras equipos no tienen representaciones propias en este torneo.

Foto: Contagio Radio.

El debate fue interesante porque precisamente se abordaron las miradas que, siguiendo la analogía sobre el espacio de juego, tienen los grupos anteriormente mencionados, y que se recogen en frases como las siguientes: “la desigualdad es la causa de los males ambientales y la respuesta es redistribución de la tierra e infraestructura para la biodiversidad”, dijo Petro. “La paz con la humanidad es también la paz con la naturaleza, dijo De La Calle. “Producir conservando, conservar produciendo, sin estigmatizar sectores, menos la minería”, dijo Duque.  “Salir del escritorio hacer control y vigilancia en el territorio”, dijo Fajardo.

¿Qué hubieran señalado los jugadores de los grupos étnicos y campesinos si tuvieran voceros propios en este debate?

Las visiones, los actores y la gobernanza, así como los grandes retos en el ordenamiento del territorio salieron a la luz en el debate.

En primer lugar, las diferencias sobre la distribución equilibrada de competencias entre la nación y los territorios en la toma de decisiones sobre el ambiente/territorio fueron evidentes. Hay quienes le dan voz a las comunidades y autoridades locales y quienes se resisten en mayor o menor medida.

En segundo lugar, hay una contraposición entre una lectura del territorio en función del PIB versus otra basada en la diversidad. La primera defiende el extractivismo minero energético y agropecuario, postura del Centro Democrático, seguido por el candidato de los verdes, pero atacado fuertemente por el representante de los progresistas, que se posicionó a favor de un giro hacia el cambio de la matriz energética favorable a la diversidad biológica y cultural.

Y en tercer lugar, pese al reconocimiento casi general a la biodiversidad, los de la Unidad señalaron la necesidad de regular su poder de decisión (mapeo de comunidades y afinar la jurisprudencia), y el equipo del CD, que poca referencia hizo al tema, se distanció de los otros jugadores quienes plantearon la necesidad de prestar atención al conocimiento milenario de las culturas ancestrales, cosa muy importante para el pacífico

Los actores

Entender que las comunidades locales son adultas, las dueñas del territorio y sus principales agentes a la hora de su ordenamiento es una asignatura pendiente en los equipos representados en el debate.

Los municipios, los grupos étnicos y las organizaciones populares y campesinas detrás de las consultas, las audiencias y la definición de nuevas formas de leer el territorio y su ordenamiento son aceptados con reticencia por parte del grueso de panelistas.

Petro provocó el debate al señalar que “las resistencias desde el Estado y los actores económicos a las consultas no es más que la reticencia a la democracia, y una manera de concebir el desarrollo”, y llamó la atención al Estado y a los gremios por cuestionar las decisiones de las comunidades sobre los recursos del suelo y el subsuelo, cuando éstos son los “propietarios” ancestrales del territorio.

Los demás candidatos entraron en el “sí… pero”, al responder sobre las consultas populares. “Sí…pero”; se requiere censar a las comunidades étnicas, se requiere armonizar la jurisprudencia, se requiere hacer pedagogía sobre la importancia del sector extractivo en la caja de flujo del Estado, se necesita aprender de los canadienses, generar confianza, etc.

Algunas preguntas a los anteriores “peros” serían: ¿se requiere saber si la comunidad es étnica o no para valorar de igual manera su opinión sobre una ley, proyecto u acción que la afecte?, ¿se requiere para eso el censo de comunidades étnicas?, ¿tiene Canadá las mismas particularidades biofísicas que Colombia para ser un caso comparable de actividad petrolera o minera?

El cambio climático amenaza el espacio de juego

Temas urgentes como el cambio y la variabilidad climática de gran importancia global, y  específica para las comunidades del pacífico y el caribe no parecen ser prioridad para la mayoría de los candidatos que participaron en el debate, a pesar de las apremiantes medidas que se deben tomar en materia de preparación y mitigación, por cuanto estas comunidades viven sobre la línea de costa y son altamente vulnerables a los efectos de este fenómeno (sequías, inundaciones, tormentas, aumento del nivel del mar, pérdida de fauna y flora, entre otros efectos).

Ni siquiera los recientes reportes científicos que advierten del poco tiempo disponible para lograr la urgente transición a un modelo energético más limpio, para la cual se requiere el uso eficiente del combustible fósil disponible, alteraron las posturas de  los candidatos quienes parecían hablar mas en nombre de los financiados de sus campañas que en el de sus votantes.

Concentración vs. distribución de la cancha de juego/territorio

La distribución del espacio de juego/la tierra/territorio planteada por Petro en el debate como requisito para la protección ambiental del país/espacio de juego fue uno de los temas mas evadidos por los panelistas.

Duque, el candidato del Centro Democrático, habló en su lugar de la necesidad de titulación de predios y de legalizar entables mineros que eviten la degradación y, de paso, generen alternativas a la ganadería. Fajardo, de los verdes, se enfocó en los avances en monitoreo de la deforestación, en la necesidad de delimitación de áreas para detener la ampliación de la frontera agrícola y en la necesidad de incentivar la conservación, con pagos por servicios ambientales y el ecoturismo.

En relación al acaparamiento/concentracción de tierras por parte de los ganaderos, uno de los principales agentes de deforestación, los candidatos del Centro democrático y de los verdes se enfocaron en la necesidad de tecnificarla antes que en la revisión de la tenencia y distribución de la tierra.

Finalmente, fue muy repetida la crítica histórica al modelo de ordenamiento territorial centralizado, el cual ha suscitado incluso el desarrollo de audiencia pública por parte de la procuraduría (tema que abordaré en una próxima columna). Fue también común el llamado a la armonización de los intereses nación territorio nación y a la gobernanza territorial, lo que los verdes llamaron Control y vigilancia territorial.

En conclusión, la élite colombiana bien representada en el debate mantiene su voluntad de controlar la tenencia y por ende la visión de la mayor parte del espacio de juego (El Estado), y se niega a ceder un solo milímetro de la tierra y del poder económico y político arrebatado y concentrado en el último siglo.

Luego de más de 50 años de conflicto armado estas élites mezquinas responden con violencia ante la presión por la redistribución del poder en el territorio colombiano que permita restituir los derechos y tierras despojadas.

De lo anterior dan cuenta la fuerte presión regresiva y la lentitud que han marcado el proceso de implementación de los acuerdos de paz con las FARC, de lo cual el derrumbe del fast track es la cereza del pastel. Esto ha generado que la construcción de paz se convierta en crecientes cifras de líderes asesinados, originarios de estos territorios en disputa. Ante la mínima amenaza a sus enormes privilegios, la respuesta es coordinada y salvaje. El Congreso se resiste a generar las garantías jurídicas (leyes) para la implementación de los acuerdos especialmente los de la reforma rural integral y la participación ciudadana, mientras que mercenarios de todo pelambre se activan en un macabro plan para asesinar líderes locales y regionales clave, y los medios de comunicación limpian la imagen o distraen a los marginales jugadores de equipos de ligas menores.

En este escenario las lecturas alternativas del territorio y propias de los grupos étnicos y sectores campesinos como “el territorio es vida y la vida no se vende, se ama y se defiende”, o “el territorio es mucho mas que el mapa, el territorio es el lugar donde transita el pensamiento”, o la más común “la recuperación y protección de la pacha mama”, son interpretadas como amenazas a ese poder, tal como se pudo ver en las intervenciones de los panelistas.

El territorio sigue siendo para el mercado y la sociedad política la parte del juego del Estado de donde se extraen recursos que se convierten en el dinero necesario para poner a los marginados a apoyar el juego del equipo contrario.

Solo queda esperar que en las regiones los equipos de las ligas “menores” se articulen para poder defender una mirada del espacio que permita levantar su voz y hacer que la rica diversidad de la vida y el equilibrio de la naturaleza, prevalezcan sobre la renta minero energética.

 
Harrinson Cuero
Harrinson Cuero
Investigador asociado al CIDER Universidad de los Andes
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