La manada y una sociedad enferma

Los magistrados decidieron que toda la evidencia (videos de seguridad, videos de celular) solo alcanzaba para probar un “Abuso sexual”, pero no una violación.

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En 2016, una adolescente de 18 años que participaba de los San fermines en Pamplona, España, fue agredida sexualmente por cinco hombres, en promedio diez años mayores que ella. Los hombres aprovecharon que estaba borracha para entrarla al portal de un edificio, violarla, y no contentos con ello, grabaron el delito, lo subieron a redes sociales y le robaron el celular a la victima. Todo quedó grabado en video, por las grabaciones de los mismos violadores, y las cámaras de seguridad del lugar.

Es fácil pensar que con tantas pruebas la justicia iba a reaccionar rápidamente. Sin embargo, para los jueces españoles a cargo del caso, el video y los dictámenes periciales no fueron suficientes para probar la violación.

Autorizaron seguimientos a la víctima, y concluyeron que ella no mostraba signos de tristeza o afectación. Los magistrados decidieron que toda la evidencia solo alcanzaba para probar un “Abuso sexual”, pero no una violación.

Uno de los jueces, incluso, se apartó de la decisión, pidiendo absolución, de los procesados porque en su concepto “en la cara de la víctima no se evidenciaba sufrimiento o dolor y de hecho, se puede ver cierto grado de excitación”.

El caso se ha conocido en el mundo como el caso “ La Manada”.

Esta es una radiografía de lo que pasa en materia de acceso a la justicia para las mujeres y desafortunadamente, Colombia no es la excepción.

Los jueces fallan con su conocimiento jurídico, pero también parados desde sus estereotipos o ideas de cómo debe funcionar el mundo. Los jueces no vienen de Marte. Son personas de carne y hueso que reproducen los estereotipos sociales y culturales prevalentes en su país o región.

Esto no los justifica. Por el contrario, los jueces más que nadie, tienen la obligación de superar esos estereotipos y tomar decisiones que no reproduzcan las justificaciones sobre la violencia basada en género.

A primera vista, nadie está de acuerdo con la violencia sexual. Pocas personas se atreven a decir directamente que violar a una mujer está bien. Sin embargo, a la hora de opinar sobre los casos concretos, encuentran “peros” que terminan culpabilizando a la víctima de alguna manera.  

“Pero que hacía a esa hora en la calle” “Pero por qué aceptó ir a ese lugar” “Pero por qué estaba vestida así”.  Esos “peros”, cuando vienen de los jueces, se traducen en argumentos para no castigar a agresores sexuales.

La violencia sexual ha sido usada por milenios como un mecanismo para controlar  y castigar a las mujeres, cuando se salen del estereotipo de “buena mujer” y se comportan de una forma que transgrede las normas de comportamiento que se supone deben seguir.

Cuando Rita Laura Segato preguntó a agresores de mujeres encarcelados, por qué lo hicieron, la respuesta en casi todos los casos llevaba a concluir que querían castigar a su víctima por no ser “buenas mujeres”.

Ese concepto de “buena mujer” ha sido profundamente dañino para nuestra sociedad, forzando a las mujeres a quedarse calladas, en lo privado, a no cuestionar nada.

Con ese mismo precepto de buena mujer los jueces se atreven a decir que no hay violación cuando no hay resistencia, porque eso es lo que hace una buena mujer, desconociendo que todas las personas reaccionamos diferente al peligro.

Me rehúso a ser una “buena mujer” si eso implica que se me exija poner en riesgo mi vida al tratar de defenderme en caso de una agresión.  Este es un mundo que nos deja a las mujeres sin opciones si somos violentadas: si te defiendes te matan, si no, dejan libre a tu agresor.

@alejandracollag

 

      Periodista prueba

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