Entre la obsesión de acaparar y la paranoia de la expropiación

Es que esto no es Finlandia, marica, es Colombia: un país donde nos despreciamos y detestamos cada día más los unos a los otros.

Alguna vez hablando con mi querido amigo/hermano Mauricio Rodríguez - él economista/educador, yo artista/educador - sobre los planes y estrategias del actual gobierno para sacar a muchos colombianos de la pobreza extrema, le manifesté mi preocupación y mi posición frente al espinoso tema de su contrario: la extrema riqueza: ..."Me parece tan indeseable, peligrosa y nociva la una como la otra", le dije.

Mauricio, un tanto escandalizado, me respondió algo que me dejó pensando y que hoy me remite a las discusiones sobre Gustavo Petro y la paranoia de los ricos hacia sus supuestos planes de expropiación. "¿Cómo se le va a poner límites a la generación de riqueza?....¡es como si le pusiéramos límites a la creatividad artística!", me respondió él pedagógicamente, dándome un ejemplo que yo pudiera entender.

En el momento me pareció un buen argumento, pero reflexionando después me dije que una cosa bien distinta es la generación de riqueza en pro del bien colectivo y social y otra ¡muy otra! la acumulación exagerada de la misma en unas pocas manos: es decir el acaparamiento, los monopolios, los megafundios, etc. etc y otros conceptos y terminología económica que no manejo.

Y ni qué decir de la creatividad y de la capacidad de innovación humanas, éstas sí infinitas, ilimitables e intocables.

El sentido común me dice que la tremenda desigualdad social o, mejor, inequidad (pues no se trata de que seamos iguales o de que tengamos todos lo mismo) que se vive en nuestro país, es la fuente de todas nuestras desgracias. Siempre lo he dicho en mis discursos cuando afirmo que nuestros muchachos de El Colegio del Cuerpo pertenecen a lo que llamo el estrato T (el estrato Talento): no tenemos que temer a la repartición de la riqueza (que muchos leen como expropiación) sino sobre todo propender hacia la repartición de las oportunidades.

Y esto se consigue únicamente a través de la educación: del acceso a una educación de altísima calidad para [email protected] Es lo que países como Finlandia o Noruega han entendido y conseguido: una educación pública - para todos - de mejor calidad que la educación privada.

En esas sociedades, que han comprendido que el bienestar común es condición sine qua non para el bienestar individual, no se necesitan programas como "Ser pilo paga": en estos países, donde la educación es gratuita y excelente, todos no pagan pues pilos no son los estudiantes, la que es pila es la educación: gratuita y excelente para todos.

Pero es que esto no es Finlandia, marica, es Colombia: un país donde nos despreciamos y detestamos cada día más los unos a los otros: los ricos a los pobres y viceversa; los blancos a los negros y viceversa; los cachacos a los costeños y viceversa; los heterosexuales a los homosexuales y viceversa; los mestizos a los indios y viceversa; los uribistas a los petristas y viceversa; los...... a los .....(rellénelo usted según sus odios) y viceversa ...........etc, etc, etc.

País de odiadores y de odiados, eso somos. País del egoísmo y del acaparamiento. Porque a aquellos que lo tienen todo (y mucho más de lo que necesitan), cuando les hablan de justicia y de generosidad social, de compartir la riqueza y las oportunidades, inmediatamente ven castrochavismo, mamertos, socialismo del siglo XXI, guerrilleros, comunismo, extinción de dominio, reforma agraria a la cubana... ¡qué se yo! 

Yo vivo hace 25 años en la ciudad más desigual, clasista, racista y excluyente del país: Cartagena de Indias. Por eso sé de qué hablo. Nunca tendremos paz social en Colombia hasta que no cerremos esas brechas y hasta que no empecemos a percibir y a entender que la enorme diversidad humana, cultural y las diferencias entre nosotros son un patrimonio y no una amenaza a nuestros privilegios. 

Ponerle límites a la creatividad fue lo que hicieron regímenes de extrema derecha y extrema izquierda en el pasado. Lo mismo hicieron estos regímenes con el tema de la riqueza material, pero para acumularla en unas poquísimas y privilegiadas manos.

No hablemos de justicia social pues se nos asustan los acaparadores: hablemos de generosidad social y humana, de sentido y bienestar común. De una nueva noción de riqueza: ¡ni acaparar ni expropiar!: ¡compartir! Compartir "la Casa Común" del Papa Francisco y los frutos de la tierra. 

El problema es que muchos ven un fantasma en la noción y la palabra común (Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común, comun-ista, comun-idad, comun-icación....). Parafraseando al líder nazi que dijo: "...cuando oigo la palabra Cultura saco mi revólver..." , se podría decir "Cuando oigo la palabra Común... saco mi revolver".

Ni acaparar ni expropiar: ¡compartir!

Alvaro Restrepo
Alvaro Restrepo
Codirector de El Colegio del Cuerpo
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