La evolución de las telecomunicaciones es la liberalización

En términos del mercado ha sido demostrado de manera categórica que a las empresas también les aplica la máxima de Darwin según la cual las especies que no evolucionan desaparecen

Las innovaciones tecnológicas en el área de las Telecomunicaciones que hoy en día conocemos, incluyendo su integración con las Tecnologías de Información, no hubiesen sido posibles si no se hubiesen dado dos cambios fundamentales; por un lado la liberalización del mercado de las Telecomunicaciones y por otro lado la convergencia de las redes de voz, datos y video en una sola tecnología de red, la de Internet.

Así de simple es, las redes sociales, las comunicaciones móviles de voz y datos, la TV inteligente, el contenido digital y más recientemente las tecnologías de Big data y analítica  en la nube, Internet de las Cosas (IoT por sus siglas en inglés),  o las tecnologías de 4G y 5G no existirían hoy en día, o se hubieran demorado mucho más tiempo en aparecer, si las dos condiciones anteriores no se hubiesen dado.

A propósito de esta última tecnología, la tecnología 5G de comunicaciones móviles, la cual aún se está terminando de estandarizar, nos va a ofrecer mayores anchos de banda y menor latencia que la 4G, además aumentará la cobertura de manera significativa dado que tendrá una mayor eficiencia en el uso del espectro al contar con un ecosistema móvil con mayor densidad de equipos transmisores y receptores de señal.

Los centenares de millones de dispositivos de este tipo que estarán esparcidos por doquier permitirán que la comunicación móvil llegue sin problemas a los medios de transporte subterráneo, por ejemplo, y que cientos de miles de censores y dispositivos asociados al Internet de las Cosas puedan intercambiar información entre ellos mismos o con servidores de bases de datos o de aplicaciones de manera masiva y continua.

Volviendo al tema objeto de este artículo quisiera concentrarme en lo concerniente a la liberación del mercado de las telecomunicaciones que se inició en los años 80 del siglo pasado y que, como lo dije antes, fue una de las dos condiciones para que se diera la evolución tecnológica que estamos viendo. Es importante hablar de la liberalización de las Telecomunicaciones porque aún sigue generando debate político, sobre todo en algunos sectores populistas en Latinoamérica. Veamos.

En 1984 el Gobierno Federal de los Estados Unidos decidió demandar a AT&T, la empresa que en ese entonces era un gigantesco pulpo, un gran monopolio de las Telecomunicaciones en ese país. La demandó basado en las leyes antimonopolio que existían.

La pelea legal fue feroz, pero al final ganó el gobierno y el monstruo no tuvo otra opción que escindirse en una empresa prestadora de servicios en los órdenes nacional e internacional y en 7 hijas, o ‘Baby Bells’ como se les conoció, que se encargarían de prestar los servicios a nivel local y regional.

Además, en el nuevo mercado en que desarrollaría su negocio a partir de ese momento, por disposición legal, tendría que competir con nuevos jugadores. Para ello el estado facilitó las cosas para que empresas como MCI o Sprint entraran a competir directamente por el mercado de las Telecomunicaciones de larga distancia con AT&T. Es decir, se liberó el mercado del modelo monopolístico, se liberalizó.

Los monopolios siempre son malos, los privados y los públicos. Los dos principales elementos que tienen en común es que ambos son ineficientes y ambos brindan un pésimo servicio al cliente.  Pero hay también otras similitudes, en ambos casos, por ejemplo, se privilegia el interés particular sobre el interés general.

Se podría decir que en los monopolios privados el fin principal es el de enriquecer a sus accionistas. El servicio al consumidor, los avances tecnológicos y la eficiencia operacional y financiera pasan a segundo plano, no son prioritarios porque no necesitan serlo.

Con los monopolios públicos sucede lo mismo, sólo que aquí los accionistas son reemplazados por burocracia estatal alimentada por los sistemas clientelistas de los políticos y que siempre está respaldada por sindicatos que han acumulado privilegio tras privilegio con el transcurso de los años.

A esto habría que agregar que en los monopolios públicos la ineficiencia, producto de la desidia y la corrupción, puede llegar a ser mucho peor que en los monopolios privados.

Cuando la intención genuina de los sindicatos por defender los derechos de los trabajadores muda a la defensa de prebendas y privilegios a veces absurdos y que atentan contra la eficiencia y la salud financiera y operacional de una empresa, las cosas necesariamente tienen que cambiar.

La situación en el mundo empezó a ser modificada cuando gigantes estatales como British Telecom, France Telecom, Telefónica, Telmex, Embratel, NTT o Deutsche Telekom fueron privatizados y los mercados donde operaban fueron liberalizados para que nuevas empresas entraran a competirles. Aunque tardó un poco más de tiempo, posteriormente se liberalizaron los mercados de los países en vías de desarrollo más pequeños, así como los de Europa Oriental cuando allí llegó el capitalismo.

Muy interesante es el caso de AT&T que al contrario de las anteriores no era una empresa estatal cuando se liberalizó el mercado en los Estados Unidos pero sí era paquidérmica y comparativamente poco innovadora.

Esto lo cambió rápidamente Robert Allen desde que se convierte en su CEO en 1988. La empresa tenía que empezar a competir con eficiencia, servicio e innovación o podía desaparecer. Así que se efectuaron dolorosas reformas en todos los campos. Bob Allen llegó a decir que AT&T se había convertido en una mejor empresa después de su desmembración en 1984 de lo que era antes. En 1996 escribió un artículo para Newsweek en el que incluyó una frase que se volvió famosa en esta industria: “una empresa competitiva está en capacidad de servir a los intereses de sus empleados y de la sociedad, una empresa no competitiva no lo está”.

En términos del mercado ha sido demostrado de manera categórica que a las empresas también les aplica la máxima de Darwin según la cual las especies que no evolucionan desaparecen.

Para mantenerse vigentes, para mantenerse competitivas, incluso para no desaparecer, las empresas deben estar evolucionando constantemente y para ello deben innovar continuamente, buscar ir a la vanguardia con nuevos productos y servicios, mejorando sus procesos de gestión e invirtiendo en investigación y desarrollo. Los modelos monopólicos, así como las empresas estatales que mantienen los vicios del modelo monopólico, van en contravía de todo esto.

En este orden de ideas los ataques a quienes sugirieron la privatización de Orbitel o a quienes quieren privatizar ETB, para hacerlas sostenibles en el tiempo, tienen poco o ningún sentido porque las personas que buscan defender las empresas estatales sólo están defendiendo el mantenimiento de empresas que puedan seguir engordando a costa de los contribuyentes pero que tendrán una limitada capacidad evolutiva y por ende competitiva.

Para terminar, quiero decir que estoy en contra de la calificación de ‘neoliberales’ de quienes están a favor de la liberalización. Si bien es cierto que fue Margaret Thatcher en el R.U. quien privatizó a British Telecom y liberalizó el sector, es igualmente cierto que en Francia fueron los gobiernos socialistas de Jospin y Mitterrand quienes privatizaron y liberalizaron el sector, que en Chile fue un gobierno de la Concertación que terminó de privatizar Entel y que en Colombia fue un gobierno liberal que se la jugó por acabar con los monopolios y abrir el mercado a la competencia y a la inversión extranjera.

Juan Rodríguez
Juan Rodríguez
Consultor - Industrias de Tecnología de Información y Telecomunicaciones
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