Los mejores colegios

Escoger colegio es algo tan personal como la opción política o la religión. Al buscar colegio para sus hijos los padres también están buscando un colegio para ellos mismos. Pero encontrar algo que valga la pena se ha convertido en una tarea casi imposible.

Escoger colegio es algo tan personal como la opción política o la religión. Al buscar colegio para sus hijos los padres también están buscando un colegio para ellos mismos. Pero encontrar algo que valga la pena se ha convertido en una tarea casi imposible, no sólo por los costos de las matrículas sino por la dramática ausencia de calidad.

Ni menciono siquiera la educación pública, porque sus males en Colombia están sobrediagnosticados. Poco bueno se puede decir de un país en el que nadie tiene en mente a los colegios públicos como la primera opción en calidad. La verdad es que la gran mayoría inscribe a su hijos en colegios públicos no porque quiere, sino porque le toca. Es como montar en Transmilenio, o ver RCN o Caracol. O tomar gaseosa rosada. Uno se la toma porque toca, porque no hay más.

En principio, las exigencias básicas para escoger un colegio privado no son muchas. Basta con que enseñen y que no cueste mucho. Que los niños aprendan algo sin minar el patrimonio familiar. Pero pedir algo tan simple es imposible.

No solo porque los colegios privados son carísimos en Colombia. Inalcanzables para la mayoría. Fuentes de endeudamiento para los valientes que los pagan. También es imposible porque incluso el pagar mucho no asegura que aprendan.

Porque a decir verdad hay muchos colegios privados carísimos donde es dudoso que los niños aprendan algo. Algo académico quiero decir, que es por lo que uno paga. ¿Es un colegio, no? No, lo que ofrecen es enseñarle a tus hijos cosas tan importantes como equitación, natación, golf. Lo esencial para sobrevivir en el club.

No cuestiono en absoluto que la formación en equitación ha sido indispensable para la humanidad durante siglos. Es el modelo educativo ideal del siglo XVII. Pero, ¿y las materias? ¿Los están acaso preparando para el futuro cuando la única forma de llegar a los colegios del norte de Bogotá sea a caballo?

También te venden colegios carísimos con la promesa —o amenaza— del bilingüismo. ¿Cuál bilingüismo? Hay colegios monolingües en los que los estudiantes solo hablan inglés. Es una oferta interesante: paga mucho para que tu hijo sepa inglés y de paso olvide el español. Esa molesta carga.

Lo más patético es que en la mayoría la promesa del bilingüismo no se cumple. No aprenden ni inglés, ni tampoco matemáticas o historia o biología, ni nada. Además, ¿a qué hora? Entre los cientos de actividades extracurriculares a las que están sometidos los pobres muchachos y muchachas de hoy no queda tiempo para aprender. Víctimas de padres nerviosos y afanados que no saben qué hacer con sus hijos en casa. Si vamos a volver al siglo XVII, ¿por qué no recuperamos lo que funcionaba en esa época y sigue siendo funcional hoy? Por ejemplo: leer.

Consulto entre los estudiantes que inician la universidad cada semestre y a pesar de haber estudiando en colegios que aparecen en los primeros listados de las pruebas estatales y en los de la revista Dinero, los pobres no han leído mayor cosa. ¿Quiénes han leído Cien años de soledad? ¿El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha? ¿El burgués gentilhombre? Pocas manos levantadas. Temo que la respuesta sea: “No he leído el quijote ese, pero sí he montado a caballo profesor”.

Hay promesas de temprano aprestamiento, de estimulación temprana. Otra forma de cobrarte más por cambiar pañales y limpiar mocos en la guardería. No sé, pero yo no quiero que a mis hijos les exciten el alma con sobrecargas de estimulación nerviosa. Ya vivimos en una cultura de la sobrestimulación y lo que necesitamos más bien para ser felices es un tiempito al día para poder respirar en paz. Lejos de las redes sociales, de internet, de tanto bombardeo de información y publicidad. Pobres niños.

¿Les dan tiempo para jugar? No. Ya quieren que desde párvulos desarrollen proyectos de investigación. ¿Avalados por Colciencias? Falta poco para que pidan en la entrevista de admisión el CVLAC al niño de 2 años.

Hay colegios modernos con espacios magníficos. Pero no veo los magníficos profesores. Eso nunca lo ofrecen. Mala paga y rotación constante de profesores son los síntomas de que lo que sí importa para la buena educación no es tenido en cuenta: los buenos educadores.

La moda es que si un colegio es bueno, es porque es caro, es decir “play”. Eso significa que debe ser calendario B para que las familias puedan disfrutar del verano. Ese verano que hace sobre la línea ecuatorial, claro está. Y también deben ser bilingües o con inglés “intensivo”. Educación por proyectos. Todos nos sabemos el discurso.

Pero todas esas son falsas obsesiones, cuentos sin sustento. Nuestra cultura le está apostando a criterios superficiales y se está olvidando de la exigencia y de las tareas. De las letras y los números. Del pensamiento, la cultura, el arte y la ciencia.

Hay un miedo extendido a la disciplina, a la exigencia, al rigor. Un miedo profundo a enseñarle a los niños a hacer las cosas con cuidado. Que es una de las expresiones del amor. Que aprendan a hacer el gol bien, con cuidado, bonito. A pintar el cuadro completo. A saberse los detalles del mapa. A trazar márgenes pulcras y escribir con una letra bella. A razonar con cuidado y no saltarse los pasos de la deducción. A dibujar con finura la fórmula química. A pensar con calma y bien la ecuación.

Los adultos tienen miedo de corregir a los más jóvenes. No solo porque ahora los niños le ponen demandas a los profesores y los que gobiernan en los colegios son las juntas de padres de familia. También porque da pereza e implica un gran esfuerzo.

Rodeados de adultos pueriles, los niños de hoy son madurados viches y viven con estrés infantil. Válgame Dios. La infancia no siempre ha sido para todo el mundo un tiempo de dicha, pero al menos durante siglos sí fue el tiempo para disfrutar del juego. Para aprender jugando.

Ahora se espera desde muy temprano que los niños se comporten como adultos. Padres, profesores y psicólogos se afanan porque los niños no aprenden rápido, porque actúan inmaduramente, porque no ponen atención, porque se molestan unos a otros. Mejor dicho, porque se comportan como niños. Y esperan luego que esos pobres muchachos en la adolescencia asuman la carga de criar a unos padres que no han crecido y no quieren crecer.

Es difícil saber cuándo lo que te está vendiendo un colegio es la verdad, cuando el discurso para convencer a los potenciales clientes es honesto. Te repiten lo que supuestamente los padres queremos oír.

Un colegio bueno es un colegio con carácter, pienso yo. Al menos eso asegura algo de claridad en el horizonte pedagógico. Padres y alumnos saben a qué atenerse. Claro, hay pros y contras, pero tienes la opción de escoger con qué problemas vas a lidiar. Además le transmiten el carácter a los niños. Los forman con algo de criterio. Algún criterio.

Los peores colegios son aquellos en los que dicen que te van a satisfacer todos los requerimientos de moda. Que les van a enseñar de todo. Como esos jardines infantiles que quieren que todos los niños sean iguales y ordenan cientos de terapias para que se amolden a la comodidad de una maestra de preescolar que no quiere esforzarse.

A menos que el colegio realmente eduque, los niños solo aprenden de los otros niños y de sus padres. Reproducen sus vicios. En un buen colegio no debería importar con quienes estudian nuestros hijos, pues el colegio marca la pauta.

En tiempos antiguos la infancia era libre, al menos hasta los 7. El capitalismo contemporáneo obliga a que padres y madres envíen a sus pequeños a las jardines cuando ni siquiera los niños han aprendido a caminar bien. No sólo se ha vuelto difícil escoger colegio. Ahora ni siquiera hay tiempo tampoco para tomar la decisión. Temo que en las salas de maternidad empiecen a repartir esta semana formularios de inscripción.

Enver Torregroza
Enver Torregroza
Profesor de la Facultad de Ciencia Política, Gobierno y Relaciones Internacionales de la Universidad del Rosario
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