Educación y cambio sistémico

Nuestro planeta enfrenta grandes retos: conflictos, desplazamiento, cambio climático y escasez de agua entre otros. Debemos definir como acelerar el cambio y la dirección hacia donde llevaremos al planeta. ¿Qué rol tiene la Educación en este proceso?

“Ningún problema puede ser resuelto en el mismo nivel de conciencia en el que se creó" Albert Einstein

Hace un poco más de una semana nos encontramos 250 personas involucradas en el sector de educación (entre otros, educadores, empresarios, banqueros, artistas y emprendedores sociales [Ashoka, Skoll, Tendrel, Schwab]) de 47 países y seis continentes para explorar desde una perspectiva diferente el reto de la educación. La reunión de Líderes de Cambio Global (Global Change Leaders - GCL) fue organizada por Ashoka y Global Education Futures para explorar desde una perspectiva sistémica el reto de transformar la educación en un entorno complejo y cambiante.


Foto: Nick Graham

La visión se planteó en el “GCL Framework for Change 2017” liderado por Ross Hall (Ashoka) y Andreas Schleicher (OCDE), preguntando cuales son los pasos para crear 

Un mundo de ecosistemas de aprendizaje que empoderen a los jóvenes a vivir para el bien mayor.

 

Un mundo cambiante

El reto es claro, existen más de 3 billones de jóvenes viviendo en un mundo cada vez más complejo, hiperconectado y volátil. Un mundo en donde los problemas trascienden las fronteras de países y continentes; un mundo amenazado entre otros por el cambio climático, el hiperconsumo, la guerra y la inequidad. Los sistemas educativos actuales están basados en modelos de otros tiempos; modelos que carecen la capacidad de adaptación necesaria hoy en día y enfocados en crear especialización de conocimiento y habilidades que fueron útiles en un momento muy diferente, el periodo de la industralización, no las que vemos se requieren en la actualidad o para el futuro.  

“¿Con qué nombre llamarán nuestros hijos y los hijos de nuestros niños a nuestro tiempo? ¿Hablarán con enojo y frustración de la época del Gran Desecadenamiento, cuando el consumo derrochador condujo a una ola acelerada de sistemas ambientales colapsados, competencia violenta por lo que quedaba de los recursos del planeta, una muerte regresiva dramática de la población humana y una fragmentación de aquellos que permanecieron en feudos guerreros gobernados por despiadados reyes locales? ¿O mirarán hacia atrás en alegre celebración en el noble momento del Gran Cambio, cuando sus antepasados convirtieron la crisis en oportunidad, adoptaron el potencial de orden superior de su naturaleza humana, aprendieron a vivir en una sociedad creativa entre sí y con la Tierra viviente, y trajo una nueva era de la posibilidad humana?” - D.C. Korten | (2006). The Great Turning: From Empire to Earth Community. Kumarian Press 

 

La importancia de vivir para un bien mayor o “greater good”

Aún cuando es utópico pensar en que construiremos un estado perfecto de bienestar para todos los seres vivos del planeta, definir una dirección de nuestro caminar es fundamental para acercarnos a construir un mundo mejor. En la actualidad el sistema tiene impulso e inercia sin embargo la dirección en la que se mueve no ha sido definida ni intencionada colectivamente, es el resultado aleatorio de los procesos de evolución en los sistemas humanos actuales desde islas culturales y regionales. 

Dos preguntas importantes para hacernos como habitantes del planeta son:

¿Vamos hacia donde queremos ir? … ¿Hacia donde realmente queremos ir?

El proceso de cambio no tiene dirección predeterminada, para algunos debe ir en una dirección que es totalmente opuesta a la dirección que otros consideran debe tomar. Por esto, este grupo diverso y representativo de gran parte del planeta se dió a la tarea de crear un esboso conceptual del significado de “un mundo mejor”

En lo que surgió, recogí varias ideas que se discutieron: 

1. Un mundo mejor reconoce que la vida en el planeta tiene valor intrínseco, está inter-conectada y es inter-dependiente. (Cuando se habló de la vida se incluyó a todo ser y sistema viviente en la naturaleza y al hombre sólo como un componente más de este)

2. Fomentar las relaciones respetuosas y despertar la empatía (humana y con la naturaleza) es fundamental. 

3. Estimular y asegurar la participación de la sociedad civil y la inclusión de jóvenes es necesario.

4. La busqueda de armonía y el bienestar individual y colectivo (incluyendo de la naturaleza) forma parte de la construcción de un mundo mejor.

5. El camino requiere que cambiemos la mentalidad para poder identificar, reconocer y aprender de los errores, así nos obliguen a des-construir para re-construir. 

6. La búsqueda de bienestar en el sistema tiene un alto valor.

7. El dinero como concepto no formó parte importante de la conversación (debe sólo ser un medio habilitante para la transición).

 

El teórico de sistemas Richard Buckminster Fuller dice:

“Para lograr que el mundo trabaje para el 100% de la humanidad en el menor tiempo posible, debemos hacerlo a través de la cooperación espontánea, sin ofensas ecológicas ni la desventaja de nadie.”

El cambio de mentalidad requiere que trascendamos a un entender sistémico en donde es fundamental la colaboración y la construcción de relaciones simbióticas como una forma de caminar hacia el futuro. 

En una transición de lo que se ha denominado el antropoceno hacia el simbioceno, debemos retar los conceptos establecidos de desarrollo para incorporar esta nueva perspectiva, superando las limitantes que plantea el desarrollo sostenible al y dirigiéndonos hacia el . Adicionalmente debemos atrevernos a redefinir conceptos como riqueza/pobreza, bienestar y éxito.

 

Los ecosistemas de aprendizaje

Aún cuando personalmente tengo resistencia a la moda actual en el uso de la palabra “ecosistema” para describir cualquier sistema complejo integrado, en este caso la incluiré ya que es parte del lenguaje que se está utilizando y en últimas porque el “eco” nos recuerda que no solo hablamos del sistema humano sino de nuestra “casa” o “morada” (griego oikos).

El concepto de ecosistemas de aprendizaje, reconoce que la educación debe estar conectada a los procesos de aprendizaje durante toda la vida, formando un sistema de aprendizaje simbiótico e interconectado que incorpora a todos los actores involucrados e interesados. La competencia ha sido una fuerza que ha acelerado la innovación y el desarrollo humano, también ha aportado a la falta de reconocimiento de los aportes mutuos y dificultad en la comunicación entre personas, comunidades, instituciones, países y culturas, llevádonos a colaborar y compartir menos. Hemos creado sectores diferenciados, silos de información e islas de conocimiento separadas por lenguajes técnicos o culturales difíciles de conciliar y conectar, lo cual nos limita el caminar colectivamente hacia construir un mundo mejor. Incluso en un mismo sector la apertura y colaboración puede percibirse como una debilidad que vuelve vulnerable a las organizaciones o les quita ventaja competitiva. 

La transformación del sistema educativo y su integración a un ecosistema de aprendizaje requiere fortalecer la colaboración y co-creación en el sector educativo y a su vez establecer conexiones con otros sectores y crear los puentes de lenguaje que permitan generar conversaciones y expandir la colaboración y sincronización entre todas estas “islas.”

Visualizándolo de otra forma, si fuéramos árboles, debemos dejar de pensar que somos árboles solitarios en una pradera, independientes para entender que somos parte de un gran bosque que a su vez es parte de un ecosistema y este de un bioma, todos interconectados e interdependientes.

El reto de conectar los silos o islas que hemos creado requiere de personas que establezcan no solo las conexiones, sino también que puedan hablar varios “lenguajes” simultáneamente y así servir de traductores entre cada una de las islas, tejedores que encuentran los hilos comunes que nos conectan, volviéndolos evidentes y entrelazándolos, para crear un tejido que nos permita construir en conjunto un mundo mejor.

Como sistemas complejos es difícil con exactitud predecir cualquier cosa, sin embargo se puede construir con intensionalidad la base de funcionamiento y con esta mejorar las probabilidades de que ocurran diferentes escenarios y en especial escenarios más favorables. Adicionalmente se puede fortalecer la capacidad de resiliencia del sistema lo cual es fundamental en estos momentos de la historia.

 

Tejiendo el cambio

La importancia de tejer se hace evidente ya que si queremos caminar hacia un mundo mejor, resulta clave reconocer y activar de forma intensional las interconexiones que existen en el sistema. De esta manera sincronizar y alinear un proceso de cambio simultáneo en todo el sistema.

La crisis climática y ecosistémica que vivimos en la actualidad sumada a los problemas sociales en gran parte del mundo, nos alertan a que debemos buscar catalizar el cambio de la forma más eficiente posible, no hay tiempo para esperar. Sabemos como sociedad que la dirección en la que vamos seguramente nos llevará a un colapso sistémico, lo hemos sabido mucho tiempo y no hemos hecho mucho para cambiarlo. 

Un sistema complejo como el nuestro puede transformarse muy rápidamente, especialmente si tenemos una visión clara compartida de la dirección a donde queremos ir -un mundo mejor- y si la mayor cantidad de partículas o individuos en el sistema activan su capacidad para ser agentes de cambio hacia esta nueva dirección.

¿Cómo creen que debemos enfrentar el reto de la educación para el futuro?

¿Si comenzaran a tejer, con quién y por qué lado comenzarían a tejer?

 

¡El momento de comenzar es ya!

Luis Alberto Camargo
Luis Alberto Camargo
Director OpEPA
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