Ecos del debate electoral en el Magdalena

El 80 por ciento de los representantes electos descienden de parapolíticos condenados y el 20 por ciento restante procede de la rancia y enquistada clase politiquera que por años ha mantenido una hegemonía en la comarca.   

 

Una semana después, alejado del jolgorio de algunos y la decepción de otros, vemos que en el Magdalena, como en la casi todo el país, la historia electoral se repite una y otra vez. En tres de los cinco elegidos a Cámara por este departamento se han cambiado las caras pero el cuerpo sigue siendo el mismo.

Hoy volvemos a mostrar que el 80 por ciento de los representantes electos descienden de parapolíticos condenados y el 20 por ciento restante procede de la rancia y enquistada clase politiquera que por años ha mantenido una hegemonía en la comarca.   

Aquí volvió a triunfar la abstención y la corrupción, esta última por la compra de votos y la coacción al electorado. Es vox populi que, fuera de los bultos de plata que se pasearon por debajo de la mesa, entre miércoles y viernes, antes de elecciones, se movieron miles de millones de pesos por retiros en el sector bancario local. El viernes fui testigo de una persona, directivo de una campaña política, que llegó a retirar 200 millones de pesos en efectivo. No creo que esa alta suma haya sido utilizada únicamente para el pago del agua y los almuerzos de los tenientes y del personal de apoyo.

En varios sectores de Santa Marta y del departamento el domingo de elecciones la apatía era el común denominador, pero en medio de ese panorama sombrío había rostros alegres porque sabían que en su cédula tendrían la salvación económica para ese día y el siguiente. El que no negoció el voto los días anteriores salió de su casa en busca de la mejor oferta.

Una amiga y colega me contó que, en el municipio donde ella estaba como testigo electoral, fue tan descarada la compra-venta de votos que los mochileros se paseaban forondos en busca de clientes y los vendedores escuchaban ofertas y preguntaban por el mejor proponente, como si fuese cualquier artículo comercial.

-Oye Josefa… ¿Quién está pagando más ve? Me dicen que “El Mocho” solo está dando 50 mil por la Cámara. ¡Pa jodelo a él!. –Le dijo una vecina a la otra.

-Te recomiendo que vayas donde “Pello”, allá ique dan cien mil por Senado y Cámara. “Joche” salió para allá y no ha regresado. Yo te aviso cuando llegue. –Le contestó la otra.

Varios propietarios de medios impresos y radiales señalaron que la publicidad política se redujo en más de un 70 por ciento, en comparación con elecciones anteriores a congreso. Y la causa no sería el pago de community manager y la inversión en redes sociales; solo unos pocos de los candidatos con opción tomaron ese camino y los votos que obtuvieron no les alcanzaron para llegar. Además, el Magdalena es un departamento rezagado en materia tecnológica y fuera de Santa Marta la efectividad de los mensajes de internet es muy baja.

Creo que más bien guardaron el dinero para la compra de votos, mal que se ha enraizado en buena parte del Magdalena y la región, y para pagar “otros cruces” del debate; muchos aseguran que las curules también se ganan en la Registraduría. Las empresas electoreras mantienen casi que las mismas estructuras tenebrosas que montaron los paramilitares y sus tentáculos se han tecnificado y extendido a casi todos los estamentos de la sociedad.

Pese a los raros movimientos y señales bajeras que se dieron ese domingo, en el Magdalena solo hubo dos capturas por la supuesta compra de votos. Se dieron en Santa Marta y Ciénaga en donde la policía detuvo a 2 presuntos tenientes políticos con gruesas sumas de dinero y material electoral.

Señalan entendidos en la materia que una curul a Cámara de Representantes está costando aproximadamente 5 mil millones de pesos y hasta más, recursos que en su mayoría provienen de la corrupción estatal y del narcotráfico. Es difícil creer que alguien que se haya ganado algo bien trabajado vaya a poner en juego esa enorme cantidad de plata en un debate electoral.   

Varias alcaldías, institutos descentralizados y hospitales fueron convertidos en comandos políticos, hacían proselitismo y coaccionaban a los empleados exigiéndoles determinada cantidad de votos. Con razón un amigo comentó: “nojoda compa, en esos hospitales del Magdalena y la región no atienden enfermos y no se consigue ni una hebra de hilo para sutura, pero eso sí… el día de las elecciones producen votos como arroz”. ¿Y cómo lo hacen, cuál es el negocio?

Luis Oñate Gámez
Luis Oñate Gámez
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