Petro tuvo votación histórica pero perdió el pulso frente a la derecha


Gustavo Petro será el candidato de la lista de la Decencia, lo cual no es ninguna noticia. La noticia es que -con el 96 por ciento de los votos contados- consiguió más de 2,5 millones de votos, un millón menos de los votos del candidato ganador de la derecha.

Es una votación superior a la de Carlos Gaviria en 2006, cuando toda la izquierda votó unida por primera y última vez y depositó a su favor 2’600.000 votos, la máxima votación que había obtenido la izquierda hasta el momento. Por eso, aunque han pasado doce años y la población ha crecido, la de Petro es una votación histórica en el contexto de la izquierda. Y está muy por encima de la cifra del millón y medio de votos que varios analistas políticos habían dicho que era la barrera clave para decir que Petro se mantendría en la cancha de esta contienda electoral.

Aunque todavía no se sabe si superará la votación de la izquierda en el Congreso (la suma del Polo, decentes, Farc y la Alianza Verde), los tres millones de votos que lograron él y Carlos Caicedo (que son fácilmente transferibles a Petro) representará alrededor del 23 por ciento de la votación total, más o menos lo que le atribuían las encuestas.

Con esta votación, Gustavo Petro se mantiene vivo y fuerte para pelear su paso a la segunda vuelta y es un triunfo indiscutible para él. Como un plus adicional, solo por reposición de votos y si logra demostrar que se los gastó, recibirá más de 13 mil millones de pesos, que le servirán para la campaña que arranca.

Sin embargo, tras haberse dejado contar, Petro perdió el pulso frente a la derecha, que era el indicador de éxito que él mismo se había puesto, y ya hay un claro líder de la campaña que no es él, más allá de lo que digan las encuestas. Tampoco tiene cómo ganar en primera vuelta, cómo él se lo había prometido a sus huestes pues duplicar su votación en dos meses no es fácil. Y, por último, no es claro cómo pueda vencer a la dupla del No con las dificultades que él tiene para forjar alianzas.

Iván Duque, el candidato uribista, que solo hasta la última semana comenzó a puntear en los sondeos, le sacó un millón en votos él, con lo cual se convierte en el jefe de la centro derecha y si se suman todos los votos de los tres candidatos del No, le sacarían más de dos millones de votos a la consulta de la izquierda.

El sentimiento

Desde incluso antes de que arrancara su campaña oficialmente, en febrero del año pasado, Petro ya punteaba en las encuestas, a pesar de que no tenía un partido con personería jurídica, estaba inhabilitado para ser candidato por la Contraloría (por una sanción por 217 mil millones que lo inhabilita por cinco años para ejercer cargos públicos, o hasta que pague la multa), y su movimiento Progresistas había perdido todo impulso después de que el ex Alcalde dejó el Palacio Liévano (pasó de tener 8 curules a una en el Concejo).

Los pocos que quedaron al lado de Petro en su movimiento, se comenzaron a organizar en  “asambleas progresistas” en diferentes ciudades, una especie de encuentros en los que exponían las ideas de Petro y escuchaban inquietudes y propuestas de los asistentes.

Estos grupos se conformaron alrededor de causas, como la defensa del agua, de los animales, de los derechos humanos y de la mitigación del cambio climático. Es decir, las nuevas ciudadanías de las que con frecuencia habla Petro.

Aunque Petro siempre se ha mantenido en el pelotón delantero, lo beneficiaron dos cosas en particular para convertirse en un favorito: Germán Vargas lo escogió como su rival, lo que le facilitó el contraste, y  por el otro lado, cuando Claudia López y Jorge Enrique Robledo se bajaron de la consulta, esos apoyos parecen haber migrado más hacia Petro que hacia Sergio Fajardo, con quien hicieron la coalición.

En esta consulta, Petro logró encarnar el malestar de muchos colombianos, que se sienten excluidos por una y otra razón, y que ven en Petro la bandera de cambio.

Las propuestas de Petro las entienden sus seguidores como una ruptura drástica con la actual estructura económica, política y social, y es precisamente eso lo que, para ellos, lo diferencian de un candidato que también le apuesta al cambio como Sergio Fajardo.

De acuerdo a una reportería que hizo La Silla Vacía con más de 50 personas que dijeron que votarían por él, prevalece la idea de que es un candidato preocupado sinceramente por los pobres (una categoría en la que los entrevistados incluyeron a campesinos, indígenas, habitantes de calle, jóvenes que no tienen plata para estudiar, habitantes del sur de Bogotá, vendedores ambulantes, víctimas del conflicto), que no es corrupto y que es un político alternativo capaz no solo de enfrentarse a la clase política tradicional sino que, además, es víctima del Establecimiento.

Es una imagen forjada a partir de sus denuncias en el Senado contra el paramilitarismo y la parapolítica y que se fortaleció con su paso por la Alcaldía de Bogotá, cuando fue destituido por el entonces procurador Alejandro Ordóñez, una decisión que fue posteriormente tumbada por la Cidh.

Aunque su pasado como guerrillero del M-19 es un problema para muchos de sus detractores, sus simpatizantes lo ven, incluso, como algo positivo, ya sea porque su anhelo de cambiar el país viene desde esa época o “porque representa al que estaba equivocado y logró enderezar el camino”, según dijo a La Silla vacía el  médico de Riohacha Mario Hernández, que dijo que votaría por él hoy.

“Petro es un costeño perseguido por la élite bogotana”, nos dijo Álvaro Moisés, un estudiante de ciencia política en la Universidad Sergio Arboleda que lo conoció en la campaña a la Alcaldía en 2011. Esa idea de que si Petro no pudo hacer mucho en Bogotá fue porque el Establecimiento no “lo dejó” es compartida por muchos de sus simpatizantes, sobre todo en el Caribe, donde obtuvo 780.588 votos.

Despertando estas emociones, la campaña de Petro logró movilizaciones gigantescas en diferentes regiones y una votación muy grande en esta consulta.  

Pero cuando se mira más en detalle hay algunos datos interesantes. En Bogotá, por ejemplo, la votación por Petro rodeará los 720 mil votos con los que ganó la Alcaldía en 2011, lo que lo deja estancado en su techo, al menos en la ciudad.  Sumados a los votos de la consulta en Bogotá rodeará los 900 mil, que es el promedio de la izquierda en las elecciones que ganó a la Alcaldía, y cien mil votos menos de los que sacó la derecha sumada.

Por el contrario en Antioquia, Luis Fernando Llinás, el coordinador de Antioquia Humana, esperaba que los votos por Gustavo Petro en Antioquia fueran 100 mil y sacó 123 mil votos, lo que le alcanza a una lista a la Cámara en el departamento para poner tres representantes.  En una región donde la izquierda no ha tenido representación en el Congreso (hasta hoy) Petro alcanzó los 200 mil votos. Eso significa que sí hay petristas paisas y se están haciendo contar para la primera vuelta.

La pregunta ahora es si con esta votación y el miedo que inspira Petro en vastos sectores de la población colombiana y Uribe en otros, la campaña se polarizará entre ellos dos o si esos miedos se canalizarán hacia las propuestas en el centro.

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